Juan del Álamo, sin opciones en San Isidro

(Fotos: Teseo Comunicación)

El matador de toros salmantino no pudo lucirse con los dos toros más serios de la corrida de Las Ramblas. Completaron el cartel David Mora y José Garrido que se fueron de vacío en una tarde complicada por el viento. 

 

 

FICHA TÉCNICA

 

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Séptima de San Isidro. Toros de Las Ramblas, 15.479 personas en los tendidos. 

David Mora. Ovación, silencio. 

Juan del Álamo. Ovación tras aviso, silencio. 

José Garrido. Silencio, silencio. 

Más de 15.479 almas acudieron a la plaza de Las Ventas en Madrid para ver torear a David Mora, Juan del Álamo y José Garrido con toros de la ganadería de Las Ramblas. Una tarde donde el claro protagonista fue el viento, que puso las cosas muy difíciles a los toreros en el ruedo. 

 

Bajo, hondo y con volumen, sin perfil, rompió plaza un toro agradable de cara, que se frenó en el capote de David Mora. Echó la cara arriba en banderillas. Toro frío y distraído de principio para Mora, manso desde la salida. Se quedó corto en la muleta el animal, el viento jugó una mala pasada. Mejor condición por el pitón derecho. Probó al natural David Mora, protestón en la embestida. Toro con transmisión, sometido por el maestro, tomó celo por abajo. Enterró la espada el madrileño, gran estocada que reconoce el público de Madrid.  Ovación. 

 

'Saleroroso' de nombre. Toro castaño de 597 kilos, largo y alto. Salió a la primera raya Juan del Álamo para meterlo en el capote. Se estiró a la verónica el salmantino, que a pesar del vendaval dejó dos verónicas de escándalo. Buen par de baderillas de Roberto Martín 'Jarocho' que se desmonteró. Brindó el matador el toro al maestro charro Juan José por su cincuenta aniversario, quien fuera su maestro en la Escuela Taurina de Salamanca. Buen inicio de faena al mando de Del Álamo, esfuerzos por dominar la muleta y ligazón ante un toro con embestidas informales o cambiantes. Se perfiló el mirobrigense, suerte contraria en el primer aviso, estocada entera y eficaz. Ovación. 

 

Asomó por la puerta de toriles el tercero, primero en suerte para José Garrido. Apareció 'Sillero', castaño de capa, cuatreño, el toro con más peso de la tarde, con 618 kilos, una corrida grande de Las Ramblas. Se hizo presente el torero para estirarse a la verónica, toreó con todo el cuerpo para colocar al animal en varas. Respetó el viento la muleta de Garrido que fue acortando distancia por el pitón derecho, embestida con poca entrega, con la cara arriba, perdiendo el ímpetu. Le costó al extremeño sacar algo del animal intentándole llevar hasta el final, mostró dificultades en el embroque, hubo que ponerle mucho al de Las Ramblas. Los intentos se fueron desvaneciendo ante el desarazado. Con buen criterio puso fin a la faena Garrido, estocada entera. Silencio. 

 

Marcaban las 20.15 horas para el cuarto de la tarde. De nuevo 'clavó' manoletinas en el albero David Mora. Imponente animal con dos pitones serios, con peso, con cuajo, incertidumbre antes de enseñarle al toro los caminos. Hubo que guardar distancias con rasgos más de buey que de toro bravo. Pañuelo verde de la máxima autoridad de la plaza, Jesús María Goméz, a pesar de que la condición de manso no es un defecto, es una condición. Fue devuelto de manera injustificada.

 

Salió el primer sobrero de San Isidro, de la ganadería salmantina de José Cruz. 'Cortés' de nombre con un peso de 530 kilos, protestado de salida. Astifino, con las puntas hacia delante, tremendamente agresivo. Buen saludo capotero del matador. Brindó su toro el madrileño a Rafael Sandoval. De rodillas, despacito, acarició las embestidas del animal con gusto, sentimiento y torería. Buena serie por la derecha en la que se abandonó. Cuajó faena de altos vuelos sometiéndolo a la altura de la barriga. No terminó de llevarle al tirunfo, aunque hubo pasajes bellísimos. Se atascó con la espada. Dos avisos. Silencio. 

 

 

'Cantante', de 643 kilos, toro que seneña las palas, con muy poco cuello. Huyó de los capotes que le ofreció Domingo Siro. Los dos toros más cargados de la corrida fueron los de Del Álamo, con una presencia imponente. Embistió sin celo, sin codicia, entre capote y capote buscó excusas. Compromiso de Domingo Siro en el tercio de Banderillas. Tomó la franela el salmantino para probar las embestidas del cornúpeta, suavidad por ambos pitones esperando la entrega en una tarde de lo más desapacible. Labor meritoria de Del Álamo al natural con la que levantó la tarde. Gran habilidad con los aceros. Silencio. 

 

Cerró plaza el de José Garrido. Deslucido, no dejó de desarrollar sentido mientras el viento soplaba con fuerza. Portó en la mano izquierda la franela el extremeño que no tuvo fortuna. Se lamentó macheteando al toro. Suerte suprema deslucida en la que no pudo verse el toreo bueno que ejecuta y que le hace falta para entrar en el Olympo de los dioses. Golpe de verduguillo. Silencio.

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