Isabel Gemio abarrota el Liceo de Salamanca para presentar 'Mi hijo, mi maestro'

(Fotos: Arai Santana)
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"Gustavo es mi héroe, el héroe más real y valiente que conozco. Su heroicidad es continua las veinticuatro horas del día, sin un receso, sin una tregua", señaló Gemio en relación a su hijo, que padece distrofia muscular.

Isabel Gemio colgó el cartel de 'no hay billetes' en el Liceo de Salamanca para presentar su último libro, 'Mi hijo, mi maestro', en el que narra por primera vez la vida junto a su hijo con distrofia muscular.

 

"Dos palabras cambiaron mi vida para siempre: distrofia muscular. Mi hijo estaba enfermo y su enfermedad era una de las más crueles que existían. Se iría quedando sin fuerzas en sus piernas y brazos, además sufriría muchas complicaciones en pulmones y corazón. Estaba paralizada, sin saber cómo afrontar lo que me ocurría. No obstante, la vida seguía y debía esforzarme por vivirla de la mejor forma posible. Gustavo se lo merecía. Él era la vida y estaba a mi lado para recordármelo", afirma Gemio.

 

"Mi hijo es mi maestro, el Buda que cada día me demuestra el significado del presente, la verdadera dimensión de las cosas que importan y del amor. Gustavo es mi héroe, el héroe más real y valiente que conozco. Su heroicidad es continua las veinticuatro horas del día, sin un receso, sin una tregua. Es la resistencia más pertinaz que existe frente a una grave enfermedad, sabiendo que no hay salida posible, solo la ciencia le da esperanza".

 

 

Mi hijo, mi maestro es el homenaje de una madre valiente a un hijo enfermo. Una madre que cuenta con sinceridad cómo se vive cada día con un mal cruel, injusto e incontrolable, y un hijo que, a pesar de estar condenado a una «quietud de hierro»,  no pierde la paciencia ni se rebela contra el mundo, sino que sigue adelante con su mente libre y tira con alegría de todo su entorno.

 

Al testimonio de Isabel Gemio se unen otras voces de madres con historias similares y de especialistas que ayudan a comprender una realidad, de por sí difícil, que es preciso combatir con fuerza y, sobre todo, con mucho amor.