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Salamanca

Irremisible adelanto electoral en Castilla y León

EDITORIAL

Los nervios, especialmente en algunos casos, delatan a los partidos y todo apunta a las urnas: un adelanto electoral en plena salida de una crisis es una discutible tarjeta de visita, pero hay muchos motivos que lo convierten en inevitable.

Publicado el 27.09.2021

Si nadie lo remedia, en cuestión de meses o semanas Castilla y León tendrá cita por adelantado con las urnas. Desde luego que todavía podría ser al contrario, pero tal y como se están produciendo los acontecimientos en todos los frentes no parece que el Gobierno conjunto de PP y Ciudadanos en la Junta esté en condiciones de superar el trance. No es el momento idóneo, en plena salida de una crisis y con los presupuestos de 2022 todavia pendientes, pero la ruptura es la salida más probable.



 



El principal motivo tiene que ver con una fecha que encierra en sí misma todos los argumentos para un adelanto electoral políticamente irremisible. Tras presentarse el pasado marzo la moción de censura del PSOE contra el gobierno de la Junta, el reglamento marca un año sin posibilidad de repetir. Ese período acaba el 11 de marzo de 2022 y, a partir de ese día, podría volver a ocurrir. El temor a que suceda ha acortado de manera decisiva las probabilidades de supervivencia de la legislatura y abre de par en par la espita electoral. ¿Por qué? Pues porque en estos momentos nadie puede garantizar que Cs logre mantener en su grupo la integridad necesaria para asegurar la mayoría de Gobierno.



 



Este es uno de los principales argumentos que esgrimen desde el PP cuando sale la cuestión del adelanto electoral, pero es clave: el presidente Alfonso Fernández Mañueco asegura estar dispuesto a terminar la legislatura, pero sólo si hay "estabilidad política", justo lo que Cs no está en condiciones de ofrecer... ni a corto plazo. En marzo de 2021 la cohesión entre PP y Cs estaba aparentemete intacta, pero hubo que trabajar mucho internamente para evitar sustos, y ni por esas se pudo evitar una fuga. Los 'populares' no creen que el grupo parlamentario que lidera David Castaño pueda impedir nuevas fugas si llegamos a marzo de 2022.



 



En estos momentos, la convivencia entre ambos partidos es sólo tolerable. Ya no es el 'idilio' que ha parecido durante mucho tiempo. Aunque todos hablan de roces 'normales' en un gobierno de dos partidos, la confianza está muy debilitada y parece tarea imposible recuperarla. Ha parecido fácil, pero el desgaste de año y medio de pandemia lo ha complicado y las hostilidades empezaron, de manera subterránea, hace tiempo hasta aflorar hace unos días en Cortes. Sin duda hay un problema dentro, pero lo realmente decisivo en todo esto se encuentra fuera, en los intereses de partido.



 



La coyuntura política nacional influye poderosamente y hace tiempo que PP y Cs tiene sus cartas sobre la mesa. Por un lado, una escalada nacional que busca La Moncloa y el poder autonómico y local y, en las antípodas, un partido en fase de disolución que nadie sabe si aguantará uno o dos procesos electorales más. PP y Cs ya no suman 'a futuro' en casi ninguna parte por el descalabro que las encuestas vaticinan a los 'naranjas'. La tentación de hacer 'borrón y cuenta nueva' y empezar otros cuatro años sin ataduras es un reclamo muy fuerte. Es una cuestión de tiempo que el PP encuentre un motivo sólido que pueda hacer público.



 



La mala situación en algunos territorios también influye: con fichajes como el del PP de Valladolid demuestran que hay muchos nervios en todas partes. Las réplicas en al menos dos diputaciones de lo ocurrido con la PNL socialista hace unas semanas demuestran que hay predisposición. Los partidos, especialmente los dos 'grandes', se tensan cuando llega el momento de jugarse el poder y eso les delata. Superada la fase más dura de la pandemia, Castilla y León, tan prudente en materia sanitaria con Cs al mando, ha acelerado el paso para levantar restricciones a una velocidad poco frecuente, lo que el lado PP de la Junta deseaba. Un síntomas que apunta a rebaja de tensión tras el episodio de la PNL sobre reforma sanitaria, una cuestión que llega a pie de territorio y, por lo tanto, sensible en las urnas. Y con eso no se juega. Es ahí donde la legislatura ha entrado de manera definitiva en riesgo.



 



Ahora queda saber cuándo. En plena salida de la crisis el momento es más de impulso a la recuperación que de urnas. También es el momento de elaborar unos presupuestos y puede que esta circunstancia tenga un mayor peso en la decisión: el dilema es, ¿convocar con unas cuentas aprobadas o hacerlo antes? Lo normal, lo responsable, es lo primero, pero puede que la urgencia política acabe pesando más: lo que ocurra en Madrid, Andalucía o Génova va a ser tan decisivo o más. Una cita electoral en estos momentos es una mala tarjeta de visita, pero ¿es mejor seguir adelante con un pacto en las condiciones citadas? Es un riego difícil de asumir.


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