Histórica deuda, nefasta gestión

JUANJO GONZÁLEZ

Gracias a TRIBUNA, el periódico en el que inicié mi carrera periodística, hoy podré despedirme públicamente de la UD Salamanca. Mi medio, EL ADELANTO, desapareció hace tres semanas en una primavera trágica para Salamanca en la que también se nos ha ido la Biblioteca Sánchez Ruipérez. Ahora le toca a nuestra UDS, a la de todos, porque no hay salmantino que no se haya emocionado alguna vez con las gestas deportivas que tan felices nos han hecho durante nuestras vidas. Son tres símbolos para Salamanca que se perderán para siempre. Solo en las conciencias de los pocos empresarios poderosos que tiene Salamanca y de los políticos que no hubieran faltado hoy en la Plaza Mayor para celebrar un ascenso, quedará la duda de si podrían haber hecho algo más por salvarla. Seguro que sí. Encontrarán mil y una excusas para lavar sus conciencias, ya lo veréis.

               

El reciente dolor por el adiós de una pérdida irreparable en lo deportivo y en lo social no debe hacernos olvidar que se han cometido muchos errores para llegar a esta situación en la UDS. Es evidente. La histórica deuda que ha acabado matándola o la nefasta gestión del penúltimo gran mandamás del club, que no solicitó el concurso de acreedores cuando debía (algo que posiblemente habría evitado la actual disolución). En los últimos años el club había entrado en una decadencia impropia de una entidad histórica que se había ganado a finales de los setenta, en los ochenta y en los gloriosos noventa, un hueco entre la élite del fútbol nacional con gestas imborrables que todos tenéis  en vuestras mentes. Pero eso ya no importa, en el momento del adiós, solo hay que recordar lo bueno.

               

Cada uno de nosotros, los que nos sentimos unionistas, la recordará en su corazón con imágenes que jamás se borrarán de la mente. Y eso nadie nos lo quitará nunca. La UDS ha formado parte de nuestra infancia, adolescencia y madurez. Seguro que muchos acudieron al Calvario o al Helmántico por primera vez de la mano del abuelo o del padre para inyectarse su primera dosis de unionismo. Esos días jamás se olvidan. Ya no os digo si has podido llevar a tus hijos a ver a la Unión. Luego, como en cada familia, llegaron las alegrías (por las victorias y ascensos) o las tristezas (por las derrotas y descensos). En mi caso, fui socio del club desde niño y me enganché al periodismo gracias a la UDS ayudando a mi padre, también periodista por entonces, a transcribir desde un gran magnetófono, las interminables ruedas de prensa de Juanma Lillo. ¿Os acordáis del “para jugar en zona, hay que vivir en zona”? Qué recuerdos. Cada uno guardará para sí su jugador favorito, su gol imborrable, su alineación histórica, el primer ascenso, el de Albacete, el de Vitoria o cualquier otro. O la sensación de estar en casa sentado en la butaca del Helmántico o los paseos hacia el estadio las mediodías de domingo mostrando con orgullo la bufanda del mejor equipo del mundo: la UDS.

 

Y ya para terminar y como suele decirse tras la pérdida de un ser querido, el recuerdo mantendrá  inmortales a los que ya nos han dejado. Por eso solo me queda decirte, querida UDS, no te olvidaremos nunca. Gracias por todo lo que nos has dado y hasta siempre. ¡Hala Unión!