"Hay recuerdos que se clavan en el alma y en la memoria y a veces conviene no extraer jamás"
Cyl dots mini

"Hay recuerdos que se clavan en el alma y en la memoria y a veces conviene no extraer jamás"

El escritor vallisoletano César Pérez Gellida visita Salamanca este jueves para presentar su última novela, 'Astillas en la piel', en la que dos viejos amigos comparten un pasado atroz marcado por los abusos sexuales en la infancia. 

César Pérez Gellida. (Foto: Carlos de Francisco Gutiérrez)

César Pérez Gellida es uno de los autores de novela policiaca más reconocidos de España. Ha escrito una docena de libros y ha ganado premios como el de Mejor Novela Negra del año en el festival VLC Negra 2019. Su último trabajo se llama 'Astillas en la piel'. Es una novela sobre amistad, venganza y cómo algunos eventos del pasado nos condicionan en el presente. El jueves 30 visita Salamanca para presentarlo. La ponencia está programada a las 19:30 en Santos Ochoa (Gran Vía, 12).

 

- 'Astillas en la piel' sugiere algo clavado desde hace tiempo y que no sé si quiero quitar, por si duele más que dejarla donde ésta. ¿De dónde sale el título de la novela? 

- Tiene mucho que ver con esa sensación que provoca. 'Astillas en la piel' es la historia de dos amigos, Álvaro y Mateo, que tienen un pasado común truculento, en el que han sucedido cosas. Esas astillas son los recuerdos que se clavan en el alma y la memoria y a veces conviene no extraer jamás. El título quiere llevarnos a ese punto: hay deudas en el pasado que condicionan el presente y que hipotecan el futuro.

 

- ¿Y conviene más dejarlas donde están o sacarlas de una vez?

- Ahí es donde se produce el germen de la novela, en esa pregunta. Uno de los dos personajes, Mateo, está empeñado en sacarlas y para ello involucra a su viejo amigo, Álvaro. Hace tiempo que no se ven y de alguna forma necesita su colaboración para sacarlas. Mateo es crucigramista, ha tenido una vida complicada, está en horas bajas y lo achaca, esa evolución vital, a un pasado que no le deja crecer. Álvaro es un escritor de éxito que ha sabido sobreponerse y le toca ayudar a su amigo.

 

- Es una forma de buscar la redención...

- Es lo que Mateo busca, pero hay que ver a través de qué, porque hay muchas formas de redención. Lo que tiene pergeñado tiene poco que ver con la bondad, sino más bien con la venganza. Es un tema que está muy presente en la novela y hasta ahí podemos contar. 

 

- La trama se sostiene sobre sólo dos personajes, algo no muy común en tu obra. ¿Por qué?

- Entre ambos se reparten el 90% de la carga dramática de la novela. También está Don Teófilo 'el Sapo', la persona que ha agitado su pasado, pero no hay un porqué, simplemente hay ocasiones en las que las historias piden una intervención coral de más personajes, que es lo que suelo trabajar, pero en este caso son dos porque así lo requería la historia. 

 

Pero los lectores enseguida se van a encontrar el estilo, el tipo de escritura… eso es inconfundible, no me puedo enajenar de mi forma de escribir. Los ingredientes habitales no están, tampoco la multitud de escenarios, porque aquí vemos que hay uno principal, que es Urueña, y otro, que no tiene tanta trascendencia, que no es un personaje que evolucione ni condicione la acción, que es un entorno, un internado inventado en Guadarrama, en el que se desarrollan las historias del pasado que voy dosificando para que el lector tenga la información cuando quiero que la tenga.

 

- Pero sin trampas para el lector, ¿no? Las novelas de Agatha Christie se resolvían sin que el lector tuviera toda la información de lo que había pasado...

- El lector de hoy en día no admitiría esos conejos en la chistera como antes, cuando no tenían toda la información de lo que pasaba. Aquí sí, pero se produce un juego entre autor y lectores, en el que yo pongo las cartas boca arriba pero genero otros artificios para distraerles. Así es la magia, la que se hace delante de la cara, a base de distracciones, y cuando estás distraído, te cambio la moneda de mano.

 

- Y aún así seguimos cayendo...

- Sigue pasando y genera no sé si frustración. En un primer momento quizá sí, pero es lo que se busca en este tipo de 'thriller', donde el suspense es un elemento sostenido desde las primeras páginas y es lo que los lectores buscan.

 

- En el pasado de los personajes principales hay escenas de abusos de menores. ¿Cómo se escribe sobre algo así? 

- No es fácil en absoluto. En las escenas delicadas, como las de sexo, hay una delgada línea en la que si te quedas corto eres un pusilánime y si te pasas puede herir la sensibilidad de las personas. Hay que medir muy bien y dejar un espacio descriptivo para que lo complete el lector. Son escenas duras. No sé si hay algo peor que aprovecharse de un menor por la posición de poder que ejerce un profesor. Lamentablemente son historias que nos afectan mucho porque existen en la realidad y estamos más que acostumbrados a escuchar casos que existen y siguen existiendo. Y lo peor es que hay muchos casos que no han trascendido por el sentimiento de culpabilidad de las victimas que por miedo, vergüenza, autoinculpación… nunca han contado esas experiencias y han quedado ahí, clavadas en la memoria y provocando daños psicológicos terribles.

 

- Prácticamente toda la novela discurre en un sólo escenario: Urueña. ¿Por qué acotarlo todo a ese lugar?

- Tiene todas las características ideales: es la Villa del Libro, tiene calles medievales, está recogido tras una muralla, en un altozano... y le añado una centellada impenitente que no te deja ver a unos metros, frío... es un personaje más, porque condiciona la trama. Lo tenía en la cabeza desde tiempo como escenario, pero no uno más de las novelas, sino único, y así ha sido el caso. Todo el presente discurre en Urueña, en un horizonte temporal muy corto, desde que se pone el sol hasta que amanece.

 

- ¿Para leérsela del tirón, en una noche? 

- Hay lectores muy voraces que han empezado y la han terminado en cinco o seis horas, que es más o menos lo que se tarda en leerla toda seguida. No sé si alegrarme o enfadarme, porque una novela se tarda en escribir muchas horas, de ocho a diez meses... es como cuando cocina la abuela, que se pasa toda la mañana y llegan los nietos y devoran esa comida y ya no sabes si la degustan o la engullen. Es una buena señal. Significa que la trama engancha y les tiene en vilo y necesitan pasar una página más, hasta el final.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: