Golpe maestro contra el cáncer

La lucha contra el cáncer se libra en los laboratorios y centros de investigación de todo el mundo y son muchos los científicos que sueñan con encontrar una respuesta con la que se evite el sufrimiento de los pacientes.
ICAL

Cada pequeño paso, descubrimiento o avance abre las puertas a la esperanza o al menos contribuye a seguir avanzando en nuevos métodos con los que alargar la calidad de vida de las personas que padecen cáncer.

Como cualquier otro grupo de investigación, el que forman el científico del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, Rafael Coveñas y el doctor Miguel Muñoz del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, trabaja para encontrar “el golpe maestro” que consiga paliar los efectos de una enfermedad que supone una de las principales causas de mortalidad del mundo, y no se conforman con menos.

Coveñas asegura que lo que esperan tras sus investigaciones es conseguir que “el tumor pare o que desaparezca” y los resultados que arrojan las primeras investigaciones realizadas con células tumorales en cultivo de laboratorio han sido muy positivos, aunque reconoce que aún quedan años por delante para realizar los ensayos clínicos que confirmen la eficacia o no de este medicamento.

La colaboración entre ambos investigadores se remonta al año 1984, cuando comenzaron a trabajar sobre neuropéptidos, que son pequeñas moléculas que se encuentran en el organismo y que han descubierto aceleran el proceso tumoral, incrementando la actividad mitogénica, es decir, el proceso por el cual se dividen las células.

Investigación pionera
En concreto, probaron por primera vez que las células tumorales “expresaban” más receptores NK1, neuroquinina 1, que las células normales y junto con la sustancia P, que es un neuropéptido que se libera a partir de las terminaciones nerviosas por lo que llega a cualquier parte del sistema nervioso central y periférico, se producen una serie de funciones biológicas, entre ellas el desarrollo del tumor, por lo que el siguiente paso que se plantearon fue el de “bloquear esa acción”.

Para conseguirlo utilizaron los antagonistas de los receptores NK1, concretamente usaron tres, entre ellos Aprepitant, un medicamento aprobado y que se utiliza clínicamente para controlar las náuseas. Al tener las células tumorales en cultivo, pudieron conocer la velocidad a la que crecen en un proceso normal, lo compararon con los resultados obtenidos al añadir concentraciones de la sustancia P, constatando que la actividad micogénica crecía.

Después añadieron al proceso la sustancia P con el antagonista, Aprepitant y se demostró que el ritmo de división celular era menor.

Este científico además destaca que eso era lo que esperaban tras el ensayo, pero se encontraron además con una importante “sorpresa” y es que cuando se fue aumentando la dosis del antagonista, la célula tumoral entraba en un proceso de muerte programada, llamada apoptosis, logrando así matar “a todas las células tumorales”.

Aunque confiesa que desconocen el porque de esta reacción, el hecho es que “de alguna forma, el antagonista que se une a este receptor produce ese mecanismo que lleva a la apoptosis”.