Gerardo Laso, enterrador en el cementerio: "Hay familias que no acaban de creer que su familiar esté ahí dentro"

Gerardo Laso forma parte de la brigada municipal del Cementerio San Carlos Borromeo (Salamanca) desde hace dieciséis años. Desde que se desató la crisis sanitaria del coronavirus su trabajo ha incrementado. 

Enterradores en el cementerio de Salamanca

Llegan los entierros en tiempos de coronavirus, cambios que afrontan los trabajadores del sector funerario. Este recorrido empieza en el tanatorio salmantino San Carlos Borromeo, donde no se están realizando velatorios por las restricciones para evitar contagios. Lo primero que nos llama la atención son los tres coches, como máximo con dos personas en el interior, todos con mascarillas y guantes.

 

En total, solo tres miembros de la familia esperan el coche fúnebre, que porta el ataúd de la abuela de casi 90 años que ha muerto de repente, no creen que sea por Covid-19, no lo saben porque no hubo pruebas. Ha sido un velatorio que no olvidarán porque casi no había familiares en el interior del tanatorio.

 

Seguimos la ruta. En el cementerio apenas se percibe actividad. Solamente una persona en la puerta, donde de normal suele haber varios corrillos o familiares que buscan un respiro del interior. No es que no haya menos servicios, al contrario, se han incrementado. Lo confirma Gerardo Laso, miembro de la plantilla de este camposanto desde hace algo más de dieciséis años. Nos cuenta cómo ha cambiado absolutamente el ceremonial de los entierros esta época.

 

Trabaja todos los días de sol a sol. Reconoce que la pandemia ha multiplicado sus tareas y las de todos sus compañeros. Si en condiciones normales, los sepultureros del cementerio charo entierran entre tres y cuatro féretros al día, desde que estallara esta crisis sanitaria esa cifra se ha disparado a los quince o dieciséis de media. 

 

-Qué sensación le transmite el cementerio estos días?

-"Parece otro mundo ahora mismo. De tener gente paseando a no tener nada... y de tener entierros con afluencia de gente a estar con dos o tres personas como máximo las cosas cambian muchísimo". 

 

-¿Se ha incrementado su trabajo?

-"Sí. hemos pasado de una media de cuatro diarios aproximadamente a días de quince o dieciséis entierros".

 

-¿Han tenido que incrementar los turnos?

-"Dentro del cementerio hay enterradores y barrenderos y finalmente nos hemos tenido que poner todos a enterrar gente. Hoy, por ejemplo, ha sido un día raro, hemos tenido solo cuatro, vemos que esto empieza a aflojar, aunque hay que reconocer que seguimos con un nivel superior a la media de lo habitual. Hemos estirado un poco los turnos. Desde la dirección de empresa no quieren que estemos ahí demasiado tiempo ya que el nivel de contagio puede ser muy alto". 

 

 

-¿Cómo afronta esta situación?

-"Aceptando las cosas al final todo te parece normal. Ser enterrador, si lo afrontas como un trabajo cualquiera es un trabajo más. Desde el primer momento que empiezas a trabajar creas una especie de coraza sobre el resto de los familiares. No se puede empatizar con todo el mundo, si no, esto sería inaguantable psicológicamente". 

 

-¿Ha enterrado a alguien sin acompañantes?

-"Mucha gente. Resulta muy raro cuando ves que no hay familiares acompañando. Es duro y muy difícil. Es lo más impresionante. Escuchar las quejas de los familiares, su tristeza por no haber podido despedirse... un shock, aunque te he dicho que nos ponemos una coraza es duro escuchar. Recuerdo no hace mucho el caso de un sobrino que vino con un amigo a enterrar a su tía... el chaval no se lo creía, confiaba que fuera su tía pero no acababa de creérselo". 

 

-¿Cómo ha cambiado el protocolo?

-"Los entierros siguen siendo igual que eran antes. Lo único que cambian son las medidas de seguridad. Nos protegemos con unos monos blancos y delimitamos a la familia para que no se acerque a nuestra zona de trabajo. La caja ya viene desinfectada desde el tanatorio. Cuando acabamos el entierro, nos desinfectamos nosotros también, nos quitamos los EPIS, guantes y lo tiramos todo a un contenedor". 

 

-¿Se vive diferente el entierro de una persona que ha fallecido por coronavirus?

-"Ahora mismo no. Distinguimos los fallecimientos del resto porque las cajas con difuntos con coronavirus vienen precintadas con cinta. Es muy duro decirlo tal y como lo estoy diciendo pero para nosotros tiene que ser así. Imagínate un día con quince entierros y que en todos ellos estuvieras llorando... sería insoportable psicológicamente". 

 

-¿Se siente partícipe de los aplausos de las ventanas? Ustedes también están muy expuestos...

-"Cada uno aplaude por lo que quiere. Hay muchas profesiones que están en la brecha... sanitarios, policías, bomberos, periodistas... no todos estamos igual de expuestos pero todos lo merecemos". 

 

Comentarios

Carmen 30/04/2020 20:50 #2
Yo también les agradezco su trabajo de por si ya difícil. Ustedes si que ven el dolor de los que se quedan y respetan como nadie a los fallecidos y sus familiares.
Hija desconsolada 30/04/2020 16:02 #1
Muchas gracias por vuestro trabajo. Entiendo perfectamente tus palabras, tenéis que poneros esa coraza. Yo aplaudo todos los días por todas las personas que en estos momentos estáis haciendo algo por los demás. Mil gracias

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