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Salamanca

Fobia a volar, ¿por qué ocurre?

No hay que confundir la fobia con la desconfianza que pueda producir coger un avión.

Publicado el 18.04.2019

La fobia a volar es un trastorno psicológico cuyos síntomas se dan principalmente durante la niñez temprana, según ha explicado el doctor Pedro Adrados, psicólogo clínico del Hospital Vithas Nuestra Señora de América de Madrid, quien ha destacado que su origen aún es desconocido aunque generalmente se asocia a situaciones traumáticas del paciente o al relato de otras personas.

 

En este sentido, el experto ha señalado que no hay que confundir la fobia con la desconfianza que pueda producir coger un avión. Esta diferencia se basa en el grado de amenaza con el que se vive el hecho y la incapacidad que provoca dicho estado de alerta en la vida del individuo. Dentro de esta fobia existen dos grupos. Por un lado, están aquellos en los que su miedo se relaciona con un posible accidente, y, por otro, se encuentran las personas cuyo miedo se asocia con el riesgo de sufrir un ataque de ansiedad.

 

CUANDO EL MIEDO ES INCAPACITANTE, LO MEJOR ES ACUDIR AL PSICÓLOGO

En este contexto, el doctor ha destacado que cuando el miedo es incapacitante para la persona en cuestión, la mejor solución es acudir al psicólogo. Una de las "principales" técnicas que se llevan a cabo en este tipo de trastornos es la exposición, que "debe hacerse de forma segura, controlada y gradual, proporcionando al paciente las herramientas necesarias para superar ese miedo".

 

También son importantes las técnicas que permiten disminuir la activación neurovegetativa de la ansiedad, como taquicardias, sudoración o hiperventilación. Para estos casos se utilizan técnicas de relajación y meditación como yoga o respiraciones abdominales. En cuanto al nivel cognitivo, el experto ha destacado el aprendizaje de técnicas para evitar la expectación ansiosa y normalizar los miedos compartiéndolos con el entorno. Además, ha explicado que hay que tener en cuenta el estado de alerta del paciente.

 

"Cuando esperamos que algo malo pase, es fácil tender a interpretar cada señal como premonitoria. Toda la atención está puesta en los síntomas de ansiedad y cada circunstancia que nos acontece es interpretada como amenazante. En su lugar podemos anticiparnos y buscar estrategias de distracción: leer, escuchar música, ver una película o si podemos, intentar dormir", ha señalado el doctor. Por último, ha puesto en relieve que a nivel farmacológico se pueden recetar betabloqueantes o sedantes pautados y supervisados por un psiquiatra y un psicólogo.

 

CÓMO EVITAR EFECTOS ADVERSOS TRAS UN VUELO DE LARGA DURACIÓN

Por otra parte, la doctora Silva, especialista en Medicina Interna de International Medical Institute de Vithas Internacional de Madrid, ha explicado que los vuelos de larga duración pueden producir 'síndrome de la clase turista', un trastorno que produce la formación de coágulos como consecuencia de varios factores a los que se expone el individuo cuando pasa muchas horas en un avión, como la falta de humedad, la baja presión del oxígeno o el hecho de estar sentado durante mucho tiempo, lo cual se incrementa si se padecen alteraciones como sobrepeso o predisposición genética.

 

Para disminuir este riesgo, la experta ha recomendado viajar con ropa cómoda y no apretada, realizar estiramientos, utilizar medias de comprensión, estar bien hidratados y moverse durante el vuelo para evitar rigidez muscular. También el cambio de horario o el 'jet lag' puede producir efectos adversos. En este sentido, la doctora Silva ha indiciado que afecta en mayor medida cuando el cambio es superior a 8 horas.

 

Para disminuir sus efectos recomienda adaptar el horario al de destino unos días antes de realizar el viaje, no consumir alcohol durante los días de antes y después del viaje, beber mucha agua, evitar el café después del mediodía, realizar deporte y una exposición suciente a la luz solar. Como consecuencia de una estancia larga en un avión pueden aparecer contracturas musculares, según ha destacado Álvaro Herrera, sioterapeuta y coordinador del Servicio de Rehabilitación del Hospital Vithas Nuestra Señora de América de Madrid, quien ha puesto de relieve la importancia de mantener una buena postura sentados.

 

"Hay que procurar que la espalda esté completamente pegada al respaldo del asiento, para lo cual debemos sentarnos sobre los glúteos en vez de sobre la parte baja de la espalda, es decir, tener una postura recta. Además, las rodillas han de estar flexionadas normalmente a 90º y dejar, en la medida de lo posible, la cadera un poco más alta que las rodillas, lo que nos permitirá apoyar el peso sobre los huesos de los isquiones en lugar de sobre las últimas vértebras lumbares y sacras, lo que nos puede provocar, a la larga, desgaste en los discos y sufrimiento en la musculatura lumbar", ha explicado el experto.

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