¿Estamos solos en el Cosmos? (IV)
Tribuna mini Saltar publicidad
Asanz 600x800 file
Cyl dots mini

¿Estamos solos en el Cosmos? (IV)

Dentro de la serie sobre si estamos o no solos en el universo, que estamos publicando para los amigos de Tribuna, nos ocupamos en la entrega de hoy, la cuarta, de lo que desde la Tierra hemos lucubrado y aprendido sobre Marte. Primero con suposiciones, como aquel monje jesuita italiano que decidió cartografiar todo el planeta rojo sin más que un modesto telescopio. A quien siguió, en el siglo XIX, Percival Lowell, que pretendió haber hecho averiguaciones de detalle, que sirvieron para anunciar la guerra de los mundos, según el relato ficción de H.G. Wells. Después, ya en la era de conocimiento del espacio, con observatorios de una calidad impresionante (Hubble y ALMA los últimos de ellos), se ha avanzado mucho en el conocimiento por la NASA, la ESA, y últimamente incluso China, India y los Emiratos Árabes Unidos. Tal como se relata en este escrito, en el que incluso figuran algunas novedades ulteriores sobre descubiertos marcianos que en el momento de publicarse esta crónica de Tribuna ya son realidad.

Canales del planeta rojo

 

En tiempos de la incipiente ciencia moderna, Kepler no fue el único que tuvo ideas fantásticas: el matemático y astrónomo holandés Christian Huygens (1629-1695) publicó un tratado, que tituló Cosmothereos (1698), en el que intentó convencer a sus lectores de que había otros planetas habitados. Y en la misma línea imaginativa, en 1858, Angelo Secchi, un monje jesuita italiano, decidió cartografiar Marte y creyó que ciertos accidentes de aspecto vagamente lineales eran canales. Veinte años más tarde, un compatriota suyo, el astrónomo Giovanni Schiaparelli, produjo los mejores mapas de Marte, y utilizó también el término canalí, sugiriendo que había conducciones de agua artificiales con carácter permanente.

 

Pero con todo, el caso más difundido de pretendida vida extraterrestre fue el que, a partir de los ya aludidos canales de Marte, defendió el acaudalado escritor y viajero estadounidense Percival Lowell (1855-1916); quien en 1900 se hizo construir un observatorio en Flagstaff (Arizona), que dedicó a estudiar el planeta rojo y a buscar pruebas de que en él había vida, averiguaciones que él mismo expuso después con todo detalle, como fruto de su calenturienta y voluntarista imaginación.

 

Percival Lowell, el prócer inglés que se gastó una fortuna en tratar de averiguar qué había en Marte, con una serie de lucubraciones fantasiosas que no resistieron al paso del tiempo y de los descubrimientos sobre la falta de vida en el planeta rojo.

 

Parece que Lowell estuvo sinceramente convencido de poder distinguir, no ya signos de vida, sino verdadera actividad inteligente. Comenzó entonces a diseñar dibujos muy detallados, que mostraban complejas redes, que él interpretó como acueductos construidos por una civilización muy avanzada para trasvasar el agua fundida de los casquetes polares hasta las áridas regiones ecuatoriales. Más o menos al mismo tiempo, H. G. Wells escribía, La guerra de los mundos[1], con un ataque de los marcianos a la Tierra, relatado con alta verosimilitud —mayor aún en la versión radiográfica que en 1938 hizo Orson Wells—, pero sin ningún fundamento.  

 

La NASA en Marte: Oportunity, Curiosity, ESA, Emiratos Árabes Unidos, China, y aún más

 

En definitiva, en la época en que Lowell y H.G. Wells exponían sus ideas, era muy común la concepción de que Marte podía albergar vida inteligente. Así me lo planteó —lo recuerdo muy bien— mi padre, el doctor Manuel Tamames, quien me participó de tales concepciones cuando yo no había cumplido aún los diez años, pensamientos que persistieron en algunos círculos paracientíficos, hasta el propio comienzo de la era espa­cial, siendo solo en 1963, tras lanzar la NASA su sonda espacial Mariner para sobrevolar el planeta rojo, cuando las imágenes que envió a la Tierra mostraron un panorama muy distinto al ensoñado: un paisaje yermo, lleno de cráteres, que más se parecía a la Luna que a la Tierra; sin rastro de canales de riego, y sin indicio alguno de vida. Así las cosas, las hipótesis de Lowell y H.G. Wells quedaron arrumbadas para siempre, como muestras de imaginaciones desbocadas, sin fundamento alguno.

 

Parte de interés que suscita Marte radica en que el planeta rojo seguramente dispuso en algún momento de agua suficiente para albergar vida bacteriana. Pero la pérdida de una parte de su atmósfera, debido a las tormentas solares, impidió que el planeta rojo la mantuviera líquida de modo permanente: o se evaporó, o se congeló. Este hallazgo fue presentado por la NASA, en rueda de prensa sobre los nuevos avances obtenidos a partir de la sonda espacial Orion (5.XI.2015), que podría explicar el brutal cambio climático que sufrió el planeta rojo[2], en relación con lo cual se le hizo una pregunta interesante a James Green, director de Ciencias Planetarias de la NASA:

 

  • ¿Podría sufrir la Tierra un cambio climático propiciado por el viento solar como el que convirtió a Marte en un planeta tan inhóspito?[3]

 

  • Sí. Y por eso es tan importante estudiar planetas como Venus, que es muy cálido, y Marte, que es muy frío. La Tierra está en medio. Lo que le ocurrió a esos planetas puede pasarle al nuestro. La Tierra tiene un campo magnético y Marte lo tuvo, pero lo perdió. Y ahora pensamos que el acontecimiento que hizo que Marte perdiera su campo magnético lo inició ese proceso de cambio climático.

 

Poco después, el vehículo Curiosity de la NASA, ubicado en Marte en 2013, abrió una nueva etapa de investigación sistemática de nuestro planeta más próximo; continuando el trabajo de su predecesor, el Opportunity —más pequeño y más precario por su dependencia de paneles solares menores para obtener energía—, que en 2013 celebró su noveno cumpleaños; tras haber recorrido 36 kilómetros sobre la superficie marciana. Diseñado para completar una misión de solo tres meses, el Opportunity sigue activo, haciendo ciencia después de vencida su garantía de fábrica. Según las investigaciones realizadas a través de los dos rovers, resulta que el Marte primitivo sediento y ácido que mostraba Opportunity desde la superficie de Meridiani, ha resultado ser la última fase de su evolución hidrogeológica, siendo muy posible que el Curiosity y las misiones sucesivas confirmen que Marte fue mucho más húmedo en tiempos muy pretéritos[4].

 

Actualmente, además del Opportunity y el Curiosity, están operando, en órbita de Marte, las sondas Mars Reconnaissance Orbiter y la Mars Odyssey, ambas de la NASA[5].

 

Gran actividad de los terrícolas inquietos por Marte

 

En cuanto al futuro próximo, las agencias espaciales europea y rusa enviarán dos misiones al planeta rojo en 2016 y 2018, para buscar trazas de vida. Para ello, la ESA desarrolló el módulo de entrada, descenso y aterrizaje (2016); del que surgió el vehículo de transferencia (rover) para recorrer la superficie, en tanto que el cohete propulsor estará a cargo de Rusia[6]. Por lo demás, la ESA tiene en marcha la misión Exomars para 2018: “excavaremos dos metros por debajo de la superficie y haremos los análisis necesarios para buscar vida fuera de la Tierra. Ese es uno de los primeros objetivos de la investigación espacial”[7].

 

Por otra parte, la sonda espacial automática Maven (Mars Atmosphere and Volatile Evolultion) de la NASA, se diseñó para orbitar Marte a fin de investigar su alta atmósfera. Lanzada desde la base de la Fuerza Aérea de EE.UU. en Cabo Cañaveral (Florida), con un cohete Atlas V, tras un viaje de diez meses llegó al planeta rojo en septiembre de 2014 y se sumó a la flotilla de artefactos que están funcionando en esos aledaños. La Maven rotará en torno a Marte al menos un año, acercándose a 150 kilómetros de la superficie en su órbita elíptica, a fin de tomar datos directos de la composición del gas de la atmósfera marciana.

 

La UE no ha tenido mucha suerte en su ya perdido primer rover. Una fotografía tomada en octubre de 2016 por la NASA confirmó que el módulo de aterrizaje Schiaparelli, de la misión ExoMars, de la Agencia Espacial Europea (ESA), se estrelló en Marte. A esa conclusión se llegó después de 72 horas de intensa búsqueda, tras haber perdido contacto con la sonda en mitad de las maniobras del que iba a ser el primer amartizaje con éxito de la ESA[8]. Los análisis efectuados indicaron que el módulo, un artefacto de casi 600 kilogramos, llegó al suelo a una velocidad mucho más rápida de la prevista: 300 kilómetros por hora, tras una caída libre de entre dos y cuatro kilómetros: quedó hecho pedazos.

 

El último país en incorporarse a la carrera de Marte es India, tras Rusia, EE.UU. y la UE, con su Mars Orbiter Mission (MOM). Su inserción orbital se produjo exitosamente el 24 de septiembre acorde a lo planeado. La estructura de la MOM y la configuración de propulsión, perfeccionadas, son similares a las de la sonda Chandrayaan 1, el primer robot indio operado con éxito en la Luna (de 2008 a 2009)[9].

 

Como siempre, los lectores de Tribuna pueden conectar con el autor a través del correo electrónico [email protected].

 

 

 

 


[1] Herbert George Wells, The war of the worlds, William Heinemann, Londres, 1898. Versión española en EDAF, Madrid, 1973.

[2] Manuel Erice, G. López Sánchez, “Las tormentas solares convirtieron el planeta rojo en un infierno helado”, ABC, 6.XI.2015.

[3] Teresa Guerrero entrevista a James Green, “En unos años hallaremos vida fuera de la Tierra”, El Mundo, 18.XI.2015.

[4] Alberto González Fairén, “Dos exploradores en Marte”, El País, 13.IV.2013.

[5] Alicia Rivera, “La NASA envía a Marte una nave para estudiar la atmósfera”, El País, 19.XI.2013.

[6] España aportará al proyecto de ESA el espectómetro Ramán, destinado a analizar los materiales seleccionados por el brazo del rover, a fin de conocer su composición y estructura molecular. Belén V. Conquero, “España taladra Marte”, La Razón, 14.IV.2013.

[7] Gerda Horneck, “Aún tardaremos 30 años en pisar Marte”, El Mundo, 30.XII.2013

[8] Gonzalo López Sánchez, “La NASA confirma que la nave europea se estrelló en Marte”, ABC, 22.X.2016.

[9] Alicia Rivera, “India está lista para debutar con una sonda en Marte”, El País, 5.XI.2013.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: