¿Estamos solos en el Cosmos? (II)
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¿Estamos solos en el Cosmos? (II)

Tal como anunciábamos la pasada semana, el 20 de agosto, en esta segunda entrega de la serie sobre si estamos solos en el universo vamos a detallar mayormente todo lo que se refiere a la ecuación de Drake y a la paradoja de Fermi. Podríamos haber hecho un solo escrito, pero me pareció que era conveniente incluir otros temas colaterales, antes de profundizar en esos dos puntos de vista tan diferentes: Drake con el universo lleno de alienígenas por todas partes; Fermi con un escepticismo científico insuperable, de modo que pueda haber algunas cabezas pensantes por ahí, pero no los vamos a conectar y es como si estuviéramos solos.

La ecuación de Drake. ¿Miríadas de civilizaciones?

 

La cuestión principal a la presente altura del asunto que nos ocupa radica en saber si hay vida inteligente en planetas concretos de ciertas galaxias del universo, tema sobre el cual Frank Drake, astrónomo estadounidense (1930—), se atrevió a hacer una ecuación –ya lo dijimos antes y ahora entramos en detalles—, a base de asignar a cada uno de sus supuestos de estrellas y planetas, ciertas probabilidades. Con la pretensión última de evaluar así el número de presuntas civilizaciones, también probables; de momento solo en la propia Vía Láctea[1].

 

Drake inició su labor estimativa, tomando nota de los 200.000 millones de estrellas que se supone tiene nuestra galaxia, para considerar, acto seguido, que el 10 por 100 de ellas son similares al Sol, en masa, tamaño y demás; esto es, unos 20.000 millones. Luego, asignando un porcentaje bajísimo (sólo el 1 por 100) a la probabilidad de que las estrellas seleccionadas puedan contar con sistemas planetarios, habría 200 millones de estrellas aptas a esos efectos. Y aplicando una probabilidad también muy baja (de nuevo el 1 por 100) a que esos planetas sean parecidos a la Tierra, resultarían dos millones de sistemas solares candidatos a la existencia de vida.

 

Cabría continuar con el itinerario de Drake, para estimar, a la postre, qué número de planetas podrían albergar vida, y en cuántos se habrían desarrollado altas tecnologías; para alcanzar la conclusión última de que no estamos solos en la galaxia, y que hay mundos extraterrestres poblados entre cero y varios millones, todo lo cual no dejan de ser conjeturas, como se puso de manifiesto en palabras del propio Drake en un diálogo desarrollado en los siguientes términos:

 

  • La única señal misteriosa [de radio] que se ha recibido fue la famosa Wow. ¿Una falsa alarma?

 

  • Creo que fue una señal extraterrestre, pero a lo mejor solo se produce diez minutos al año, y necesitamos contar con más tiempo para que se repita. En total se han detectado 35 señales misteriosas, pero ninguna se ha repetido. Es preciso que al menos haya una repetición para que se considere señal.

 

  • ¿Cuándo habrá un contacto?

 

  • No se sabe. Quizás en 50, ó 100 años. Falta información sobre la probabilidad de vida en el universo.

 

  • Cuando llegue ese día, ¿qué nos aportará el contacto?

 

  • Los extraterrestres serán millones de años más avanzados que nosotros en términos científicos médicos o espaciales. Enriquecerán nuestra civilización. Nos enseñarán a colonizar otros planetas, controlar el crecimiento de la población, cuidar el medio ambiente, o usar energías limpias. Incluso podrían enseñarnos a ser inmortales[2].

 

Como se ve, lo que Drake plantea no pasa de ser toda una serie de suposiciones, con una última respuesta que parece totalmente gratuita, sin ningún fundamento, pues lo mismo que los supuestos seres inteligentes extraterrestres pueden ser más avanzados, también podrían ser más atrasados. Y en cuanto a sus enseñanzas, no pasan de ser meras conjeturas, aparte de que todas ellas están, desde hace tiempo, en la mesa de debate de las grandes cuestiones que la humanidad tiene que solucionar para sobrevivir como especie, sin esperar recomendaciones provenientes de alienígenas.

 

Las tesis de Drake, entusiásticamente compartidas en su día por Carl Sagan —el más popular y televisivo de los astrónomos de todos los tiempos—, no resultan nada convincentes. Por lo menos en tanto no haya evidencia de que al menos hay un solo planeta con vida aparte de la Tierra. Y como reflexiona Philip Plait, quizá estemos realmente solos “en la vacía inmensidad de miles de millones de años luz cúbicos”. De modo que el nuestro podría ser el único astro con capacidad para albergar criaturas capaces de reflexionar sobre su propia existen­cia; posibilidad —por lo demás nada aterradora— que no cabe descartar. En definitiva, Philip Plait, como tantos otros, entiende que la ecuación de Drake no es correcta: “Si hubiera alguien ahí afuera, a estas alturas ya nos habrían contactado”[3].

 

La paradoja de Fermi y la hipótesis de la Tierra rara

 

En la llamada paradoja de Fermi –ya escuetamente expuesta en la entrega I de esta serie—, se pone de relieve la contradicción existente entre las presunciones de existencia de civilizaciones inteligentes en el universo, y la total ausencia de prueba de las mismas… hasta ahora. El caso es: “Si hay tales civilizaciones, ¿dónde están? ¿Por qué no hemos encontrado la menor traza de vida inteligente, como sondas, naves espaciales, transmisiones de radio o de otro tipo?”.

 

La formulación de la paradoja surgió en los tiempos en que Fermi estaba trabajando en el Proyecto Manhattan (1942), cuyo fin era el desarrollo de la bomba atómica estadounidense. Y fue en medio de una conversación informal con sus colegas del laboratorio, cuando surgió su señalado punto de vista, que renació en 1950 cuando el propio Fermi dijo lacónicamente, refiriéndose a los posibles alienígenas: “¿Dónde diablos están?”. Y la paradoja volvió a plantearse con el inicio de las búsquedas de señales del espacio exterior, al surgir el programa SETI de la NASA.

 

De hecho, con la paradoja de Fermi, la ecuación de Drake quedó reducida —así lo asevera el astrónomo español Sebastián Sánchez en comunicación al autor de este artículo— a una paramétrica de ignorancias; expresiva de que los parámetros introducidos en los cálculos de su ecuación solo se basan en sucesivas hipótesis sin fundamento en realidades efectivamente comprobadas. Por otra parte, hay un elemento complementario de la paradoja de Fermi de lo más interesante: si nuestro planeta fuera observado con un radiotelescopio desde una distancia de decenas de años luz, se revelaría como un objeto celeste excepcional para el observador, por la proliferación de ondas de radio, debidas a las radio-transmisiones humanas de todo tipo. Podría considerarse, pues, que una civilización muy avanzada ya habría sido capaz de detectar semejantes emisiones, sin que quepa olvidar, tampoco, la iluminación de la Tierra en su superficie nocturna, que también resultaría más que visible desde el exterior con instrumentos de un cierto alcance.

 

La difícil probabilidad de que haya más existencias de vida

 

De ahí, que resulte extraño que hasta ahora no se haya encontrado rastro de vida, aparte de la Tierra; algo muy raro dada la edad del universo —recordémoslo: 13.800 millones de años— y su gran número de estrellas, con exoplanetas. A propósito de esto, el astrónomo inglés John Gribbin subraya la complejísima secuencia de cir­cunstancias que han generado las condiciones de vida en el planeta Tierra, en un proceso evolutivo difícilmente repetible, aunque sea a lo largo de 4.500 millones de años, lo cual lleva a colegir que estamos solos[4], algo que puede relacionarse con las singularidades de Bill Bryson.

 

A la vista de los anteriores comentarios, y a propósito de que estamos solos en el universo —dice David Poza, en comunicación personal al autor—, se empieza a pensar que efectivamente no hay alienígenas, porque según el principio antrópico, para llegar a donde estamos, al ser humano, el universo tiene el tamaño y el tiempo justo. Es decir, para crear nuestros átomos a partir de H y He, es necesario que pase el tiempo, y lo análogo para crearse estrellas, y que estas mueran para expulsar sus elementos nuevos (C, O, Agua, etc.). Claro que hay gente que cuestiona la singularidad humana diciendo que el universo es muy grande y viejo para que solo exista el ser humano, y no más civilizaciones. Precisamente la antigüedad y el tamaño del Universo es justo el necesario para llegar ahora a donde está el ser humano[5]. Y además —esto ya es cosecha del autor del artículo, y no de David Poza—, después de tantas especies de homínidos como ha habido, ¿no es verdad que solo prevaleció el sapiens como única especie? Porque él era y es el más perfeccionado, el que mejor vive y se desarrolla en el planeta antrópico.

 

 

 

Como siempre, los lectores de Tribuna pueden conectar con el autor a través del correo electrónico [email protected].

 

 


[1] Frank Drake ha participado y dirigido numerosos proyectos desde el Ozma en 1960. Actualmente es profesor de Astronomía en la Universidad de Santa Cruz, en California.

[2] Rosa Tristán, Entrevista a Frank Drake, “Los extraterrestres envían señales, pero no las detectamos”, El Mundo, 15.III.2011.

[3] Philip Plait, La muerte llega desde el cielo, Robinbook, Barcelona, 2010.

[4] Jorge Blaschke, Los gatos sueñan con física cuántica…, ob. cit.

[5] Planteamientos de David Poza en correo enviado al autor el 14.IV.2016.

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