Érase una vez...La Cueva de Salamanca
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Érase una vez...La Cueva de Salamanca

La cueva de Salamanca (foto: M.Pedrosa)

Todas las historias clásicas comienzan con un érase una vez y acaban con un felices para siempre. Así, la Cueva de Salamanca, nos tiene algo que contar: su leyenda, cuyo principio también utiliza érase una vez, pero todavía no tiene final…

Érase una vez…Hércules, hijo de Zeus y Alcmena, decidió construir, situada en la Cuesta de Carvajal como cripta de la antigua y ahora desaparecida iglesia de San Cebrián, derribada en el siglo XVI, la Cueva de Salamanca, donde el héroe griego dejó escondidos todos sus secretos.  

 

Sacristía de la Iglesia, en ella, el diablo disfrazado de sacristán, impartía clases de ciencias oscuras, magia, nigromancia, esoterismo y astrología a siete alumnos durante siete años. Siete, el número del hombre perfecto. Así, bajo el permiso de la Universidad de Salamanca, la cueva se convirtió no solo en el epicentro del conocimiento y del saber, sino de todo aquello que está más allá de lo que podemos captar a través de nuestros sentidos.

 

 

En uno de los periodos de siete años de estudio, llegó hasta Salamanca el Marqués de Villena, Enrique de Aragón, quién siendo un alumno aventajado, llegó a la ciudad con la intención de ampliar sus conocimientos sobre las artes oscuras y encontrar el libro de San Ciprián, que recogía trucos mágicos y hechizos, además de mostrar todos los tesoros y la localización de los mismos del Reino de Galicia y parte de Portugal.

 

Enrique de Aragón, era hijo de Pedro de Aragón, condestable de Castilla y Segundo marqués de Villena, y de Juana de Castilla, llamada “la Beltraneja”, hija supuestamente ilegítima de Enrique II de Castilla y sobrina de la futura reina y rival Isabel I. Huérfano con tan solo un año, quiso desde pequeño ser conocedor de todas las ciencias, por lo que se convirtió en traductor de gran cantidad de textos literarios y un personaje de leyenda.  

 

 

Asimismo, el marqués decidió unirse a los otros seis principiantes, completando el número necesario de siete alumnos para impartir las clases. Eso sí, al final del periodo de siete años, uno de ellos debía quedarse el resto de su vida a servir al diablo, como forma de pago ante las lecciones, tanto de sus compañeros como las suyas propias.

 

Así, a las siete en punto de la tarde, dio comienzo el proceso de siete años, a través de cual aprenderían todo lo relacionado con el mundo de la magia negra, la nigromancia y el esoterismo. Una vez finalizados, él fue el elegido. De manera que salieron todos de la cueva y el Marqués de Villena se quedó solo en la cueva reflexionando sobre su futuro. Tenía claro que no iba a quedarse oculto y escondido con todos los conocimientos que allí había aprendido. Tenía que salir, no podía desperdiciar su vida.

 

Cogió un libro, lo abrió por una página al azar y en ella, se daban las claves para ser invisible. Dicho y hecho, decidió desaparecer y se escondió en una tinaja de agua vacía. Esperó. El resto de la clase regresó pasados unos minutos y vio que allí no había nadie. Vieron el libro abierto encima de la mesa y se quedaron asombrados, ¿cómo era posible que hubiera salido delante de sus narices sin que ellos se dieran cuenta? Asombrados, salieron de la cripta.

 

Enrique, cuando calculó que todo el mundo ya se habría ido, fue hasta la Iglesia y se escondió. A la mañana siguiente, en el momento en el que el sacristán abrió la puerta de la iglesia y posteriormente se dirigió a la sacristía, el Marqués de Villena, aprovechó para irse y escapar de las manos del diablo. Sin embargo, dejó algo en la ciudad de Salamanca, su sombra, su alma, quedó encerrada en la Cueva. Había pagado el precio.

 

¿Qué sucedió después? El Marqués de Villena, se obsesionó con las ciencias oscuras y pasó el resto de sus días en su palacio de Toledo, tratando de dar la respuesta adecuada a la vida después de la muerte. Y así, su nombre fue recordado, pues la torre situada al lado de la Cueva, recibe su nombre: Torre del Marqués de Villena.

 

 

En cuanto a la Cueva de Salamanca, ha de saberse que en aproximadamente en el año 1500, la Reina Isabel la Católica, ordenó tapiar su entrada como medida preventiva, y en 1580, ya en ruinas, el templo se cerró al culto. Finalmente, fue recuperada en 1993. A pesar de ello, la popularidad de la cueva fue tal que, en la actualidad, en países latinoamericanos como Argentina, Brasil y Chile, se utiliza “salamancas” para hacer referencia a las cuevas dedicadas a cultos mágicos. Además, la magia no termina ahí en La Cueva de Salamanca, pues ahora es escenario de eventos culturales, conciertos y representaciones.

 

Su leyenda, no ha terminado aquí, pues ha sido y sigue siendo semilla de grandes obras literarias de autores como Cervantes, Calderón de la Barca, Ercilla, Walter Scott, Torres Villarroel, Feijoo, Botello de Moraes, Ricardo de Rojas, o Luis García Jambrina en su novela ‘El manuscrito de piedra’.

 

“De la vieja leyenda nigromántica y alquímica de esta ciudad, de lo que ha hecho que el nombre de Salamanca signifique lo que significa en apartados rincones de esa tierra americana, La Salamanca, de ésa, ¿qué he de deciros” Aún discuten aquí dónde se encontraban las famosas cuevas en que el marqués de Villena se dedicaba a sus brujerías y encantamientos”. Miguel de Unamuno.

 

Historia y leyenda, ¿qué es qué?

 

Continuará…