Entrañable y divertido viaje a la ciudad de varias décadas atrás

Retrospectiva. El periodista salmantino José Manuel Sánchez pronuncia el pregón de fiestas de la peña Puerta del Desencierro y relata historias de la Miróbriga de las décadas 60 y 70
MONDRIÁN / DAVID RODRÍGUEZ
Todo aquel que tenga una cierta edad, y asistiera al pregón de la peña Puerta del Desencierro, realizó un auténtico viaje a su infancia en la noche de ayer en Ciudad Rodrigo. El teatro Nuevo Fernando Arrabal prácticamente se llenó para asistir al pregón del periodista José Manuel Sánchez, que aunque lleva viviendo desde hace años en Salamanca, nació y creció en Miróbriga, lo que le sirvió para revivir aquellas viejas historias.

La noche comenzaba como cada año para esta peña en el Árbol Gordo, donde tenían lugar sus pregones hace tres décadas, al aire libre. Desde allí se inició el recorrido hasta el teatro Nuevo, con la Corte de Honor del Carnaval vestida con el traje charro, y acompañados de la gaita y tamboril de José Ramón Cid.

Julete Moriche fue el encargado de presentar al pregonero, y ambos tuvieron un especial recuerdo para Antonio Custodio y Adolfo Vidal, anteriores pregoneros de esta peña fallecidos en el último año. José Manuel Sánchez inició su pregón haciendo una exaltación del Carnaval, y reconociendo la figura de la Reina y Damas del mismo. Además, tuvo una consideración especial con los designados como porteros mayores y madrinas de honor de esta peña, mirobrigenses jubilados a los que se les reconoce su labor carnavalesca. En este caso, los distinguidos han sido José Sevillano Simal y Tomás Cid Gómez. Acompañando a los “porteros mayores”, sus esposas Teresa Redondo Muñoz e Isabel López Cuadrado. Aunque ayer fueron protagonistas, el verdadero reconocimiento para ellos llegará en la mañana del lunes del Carnaval, tras el encierro matinal.

La parte principal del pregón fue un viaje a la Miróbriga de hace varias décadas, con múltiples anécdotas de los años 60 y 70, tanto del Carnaval como otros momentos. En especial, recordó “los sonidos que había en ese escenario emblemático que es el Árbol Gordo”. Así, desempolvó de la memoria de los asistentes “el carro de Ramona”, o el “kiosko de Tere”, donde con lo que es hoy un céntimo de euro, se podían comprar muchísimas cosas. El pregonero arrancó numerosos aplausos del público recordando estas historias.

Posteriormente, realizó un canto a la libertad, y por lo que se refiere a la faceta taurina, “al desencierro, el momento en el que el toro por querencia o por instinto decide volver a su hábitat: al campo en el que nació y del que llegó a las calles y plazas de Ciudad Rodrigo”. Precisamente al toro le dedicó unos versos: Torito de Carnaval / tienes el corral ligero / vuelan por el Registro / abre el camino un cabestro / arrollando un tropel de mozos / cuando irrumpe en el ruedo”. En la parte final, también en forma de versos, honró a la Corte de Honor: “Reina del Carnaval / Damas del mejor Reino / seréis la envidia de España / cuando suene el reloj suelto.