Elecciones autonómicas vascas: 2020

Casi 35 años después de la edición completa del Quijote en Eusquera, el próximo 12 de Julio, se celebran unas nuevas elecciones al Parlamento Vasco, en un clima de aparente tranquilidad, al menos si se comparan con otros tiempos. Los vascos, que en el Quijote son reconocidos con el gentilicio de “vizcaínos” y por eso “euskaldun” es la traducción preferida de “vizcaíno” al eusquera,  forman parte de una comunidad diversa, como diversa es la Península Ibérica. Pero, con pocas excepciones, desde la aprobación del Estatuto,  el Gobierno Vasco ha estado dominado por el Partido Nacionalista Vasco.

 

El Centro de Investigaciones Sociológicas ha realizado un estudio Pre-electoral entre el 10 y el 19 de Junio (3.354 entrevistas telefónicas, 67% móviles, 33% fijo) que se suma a las preguntas del último Barómetro realizado entre el 1 y 9 de junio (761 entrevistas, 56% móviles, 45% fijos).

 

Dada nuestra mayor confianza en el “análisis de tendencias” basadas en estudios que indagan sobre lo mismo en diferentes momentos del tiempo, que en las investigaciones “one-shot”, vamos a comparar los resultados del Pre-electoral de 2020 con otro estudio Pre-electoral realizado en 2016.

 

En estos cuatro años ha habido una pérdida relativa de peso de la identidad como solamente vasco y un cierto avance de la identidad compartida y solo española. En el Pre-electoral de 2020 aparece una categoría de gentes que no se identifican con ninguna de las opciones propuestas (6%) que no estaba en 2016. No sabemos si es que los datos de 2016 no estaban bien recogidos (se forzaba la respuesta) o es que ha aparecido una categoría que se sienten ciudadanos de algún otro lugar, por ejemplo, “ciudadanos de Europa”, “ciudadanos del Mundo” o se debe a receptores de la nacionalidad que continúan sintiéndose del lugar en el que el Sol los calentó por primera vez.

 

Hace años, diversos estudios pusieron de manifiesto que la primera generación de hijos de inmigrantes interiores (“maquetos”) nacida en Vasconia, al llegar a la edad adulta, en su afán de integración y reconocimiento, se mostraban como “más vascos” que nadie, por mucho que sus orígenes familiares estuvieran en cualquier lugar de León, de Castilla, de Galicia o de Extremadura. No sé si este fenómeno seguirá vigente para los inmigrantes actuales que vienen de allende los mares. En aquéllos estudios hicimos la predicción, que en la siguiente generación, la de los nietos, esta propensión al “borrado del origen” desaparecería. Tampoco sé si alguien ha comprobado esa predicción, pero lo que sí parece claro, es que la identidad excluyente de “únicamente vasco”, parece estar cayendo en todos los grupos de edad. 

 

 

Por su parte el sentimiento de “únicamente español” ha crecido algo, pero no demasiado. Por tanto los que han apostado por centrarse en este grupo no pueden esperar cosechar grandes éxitos.

 

 

Porque aunque una parte de los votantes de PP (30%) y Ciudadanos (17%) se sitúan en el grupo de “se siente únicamente español”, este grupo no es el mayoritario entre quienes recuerdan haberles votado en las elecciones autonómicas de 2016.

 

 

Donde está la disputa por el voto es en los “sentimientos mixtos”, porque incluso entre quienes recuerdan haber votado al PNV, son mayoría quienes se identifican “tan españoles como vascos”.

 

 

El camino hacia el “extremismo” recorrido por algunos, parece más basado en la nostalgia o la desmemoria de tiempos pasados, que es evidente no fueron mejores (no, no vivíamos mejor contra ETA) que en un cálculo basado en los datos de 2020.

 

Los entrantes por edad –quienes en 2016 no tenían 18 años- se inclinan en mayor proporción por la identificación como solamente vascos (no sabemos cuántos de estos son hijos de emigrantes allende los mares y cuantos de padres nacidos en Vasconia). Por el contrario quienes han adquirido el derecho a votar, junto con los que votaron a Elkarrin, son quienes no se identifican con ninguna de las alternativas: ni más españoles ni más vascos. 

 

 

A priori esta tendencia a la reducción del “bizkaitarrismo” que diría Baroja, puede traducirse en dos resultados electorales diferentes. O bien, como han pensado algunos, significaría la apertura de opciones más “españolistas” –que no parece tener demasiado recorrido- o bien hacia posiciones donde otros asuntos, diferentes de los identitarios, atraigan la atención.

 

Lo que está claro a la fecha de la encuesta de este 2020 es que mucha gente no parece tener decidida su opción de voto (42%), mucha más que en el estudio Preelectoral de 2016 (24%). Y este “desconcierto” no aparece estar afectando a todos por igual. Aunque no hay preguntas que nos permitan avanzar en la comprensión de entre quien dudan ese 42% no tienen decidido su voto –y al carecer del fichero de microdatos, no podemos ajustar nuestro modelo predictivo-, parece que una parte proviene de quienes votaron Elkarrin en 2016, cuya intención cae notoriamente, pero también hay una parte del electorado del PNV, que no parece tenerlo del todo claro. Y este dato parece estar siendo ignorado en todas las predicciones publicadas que apuestan por unos resultados del PNV similares o incluso superiores a los del 2016, elecciones en las que obtuvo el 37%. Hay que recordar que, contra la idea de que las encuestas Pre-electorales no “predicen” el resultado electoral, la correlación entre la intención de voto directa y el resultado electoral fue en 2016 de 0.97, con independencia de que los “coeficientes” a aplicar a cada partido sean diferentes. Seguramente muchas de estas predicciones están apostando porque el escoramiento del PP con sus intentos de OPAS hostiles sobre su pasado reciente y sobre las otras derechas, llevará a una parte del voto conservador al PNV. Pero dada la aparente fortaleza del PSE –es el único partido cuya intención de voto directa sube- podría suceder que una parte de los que se sienten tan “españoles como vascos” –caladero en el que también ha venido pescando el PNV- se pasen en esta ocasión al PSE.

 

 

Por su parte el Barómetro, aunque muestra el mismo ranking, nos ofrece valores diferentes, con más voto decidido y una mayor atribución al PNV, pero con una intención de votar inferior (54 % en el Barómetro y 60% en el Pre-electoral). Como ya hemos explicado a propósito de Galicia, los universos, los mix de teléfonos y los tamaños muestrales son diferentes entre el Barómetro y el Pre-electoral. La pregunta es entonces, ¿cuál de los dos estudios se parece más a la realidad?. La respuesta, suponiendo que ambos hayan sido conducidos correctamente (por ejemplo en ambos se haya ofrecido la posibilidad de realizar la entrevista en castellano o en euskera), es el Pre-electoral. De todos modos, estos datos ponen de manifiesto el enorme desenfoque que supone dedicarse a promediar estudios y “simular” resultados, al que varios medios se han aficionado últimamente, animados por “científicos de datos” (que es una manera rigurosamente “moderna” de llamar a los estadísticos). 

 

 

Por otra parte, aunque las valoraciones medias de los líderes apenas se han movido, si han variado substancialmente el conocimiento; especialmente significativo es el caso de Idoia Mendía, que gana en ambos, conocimiento y valoración. Madalen Iriarte gana en conocimiento, pero no en valoración. La menos conocida de todas es Miren Gorrotxategi,  la candidata de Elkarrin Podemos (57%). Carlos Iturgaiz, si bien es muy conocido (85%), obtiene una valoración más bien baja (2 sobre 10).

 

 

En cualquier caso, habrá de confiar en que un siglo más tarde del discurso de Juan de Itzea “Momentum Catastrophicum”,  la balanza entre “chapelaundis” y “chapelchiquis” (estos últimos autóctonos por genealogía o excitados desde fuera por “resucitadores de la kabila hispana”, que seguramente ni saben que Blas de Lezo es natural de Guipúzcoa)  haga posible que en Vasconia florezca  un pequeño país limpio, agradable, sin moscas, sin frailes y sin carabineros porque “Es hora, amigos míos, de que los españoles y los vascos no seamos solo de un país de antepasados, sino que pretendamos también ser de un país de presente y de porvenir”.  Los cambios, que a veces en la superficie parecen rápidos, en lo que no se ve suelen ser lentos. En unos días sabremos en qué dirección van.