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El tapón entre Salamanca y Portugal que se encontrará Sánchez: tres kilómetros de autovía interrumpida

La conexión entre España y Portugal tiene en Salamanca uno de sus últimos tramos que no son autovía en los pasos fronterizss de toda Europa. La obra lleva más de diez años en marcha y sin terminar, ahora depende de los avances del gobierno portugués.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, estará los días 2 y 3 de octubre en Guarda para la celebración de la cumbra hispanolusa, una cita habitual en la que los dos países repasan los temas de interés común y fijan la agenda europea y fronteriza de asuntos de presente y futuro. En esa agenda no ha faltado en los últimos años la finalización de la conexión por autovía que, precisamente, servirá para unir sin interrupciones Salamanca con Guarda y que lleva años esperando la finalización de un pequeño tramo fronterizo.

 

La frontera salmantina de Fuentes de Oñoro y la ciudad de Guarda distan solo 37 kilómetros, pero a día de hoy no se puede hacer todo el trayecto por autovía, lo que constituye uno de los pocos tapones que quedan sin resolver en esta conexión. La parte española está terminada, pero no se puede poner en servicio hasta que acabe la parte portuguesa, un tramo de 3,5 kilómetros que unirá la A-25 lusa con la A-62. Esto constituye un tapón que, en lo que refiere a la parte española, impedirá que Sánchez haga todo el trayecto por autovía, aunque no se sabe si el presidente del Gobierno hará su viaje por carretera o en avión.

 

Si lo hace en coche, comprobará como el trayecto de la A-62 se interrumpe antes de llegar a la frontera portuguesa, el único punto en el que el trayecto sigue por carretera desde Irún hasta Aveiro, y uno de los pocos 'embudos' de este tipo que hay en todas las conexiones fronterizas europeas. El tramo consta de 5.020  metros y están abiertos 1.850 desde noviembre de 2019, faltando más de tres kilómetros que están hechos, pero que no se han puesto en servicio y hacen imposible que el trayecto se haga por completo por autovía.

 

La conexión forma parte de un itinerario integrado en la Red Transeuropea de Transporte (E-80), que une por carretera Portugal y la Europa central, compuesto en el lado de España por la autovía A-62 (que conecta Fuentes de Oñoro, Salamanca, Valladolid, Palencia y Burgos), la autopista AP-1 (que une Burgos y Miranda de Ebro) y la autovía A-1 (que une Miranda de Ebro, Vitoria y San Sebastián hasta Irún), y en el lado portugués por la autopista IP-5 con la que conectará este tramo.

 

Sin embargo, todavía no lo hace  porque falta parte de la obra en el lado portugués. Hace un año, en noviembre de 2019, se puso en servicio un tramo de 1.850 metros, solo parte del tramo de 5 kilómetros que faltan para completar la conexión. El resto está técnicamente terminado, pero no se puede poner en servicio porque no se han finalizado las obras en el lado portugués.

 

Los cinco últimos kilómetros sin convertir de la N-620 llevan diez años en marcha para ser autovía. El último tramo de todo el recorrido de la A-62 que queda por entrar en servicio está técnicamente finalizado desde comienzos de este año 2019, pero su apertura al tráfico sigue condicionada por la continuidad en el lado portugués. 

 

La visita de Sánchez tiene ciertos paralelismos con la última que hizo un presidente del Gobierno de España a la frontera luso-salmantina. Fue la de Mariano Rajoy, que celebró un encuentro en mayo de 2017 en el que la Diputación de Salamanca mostró al entonces presidente su interés por este enclave turístico en la frontera: se celebró en un lugar al que la institución provincial sigue buscando un futuro.

 

Diez años esperando por cinco kilómetros

Este pequeño tramo de poco más de 5 kilómetros es el último de la autovía A-62 sin convertir al completo. De hecho, como parte de los 40 kilómetros entre Ciudad Rodrigo y la frontera portuguesa, es uno de los trayectos de carretera más peligrosos de Salamanca. Además, lleva diez años de ejecución con muchos problemas.

 

El contrato de obra fue licitado por primera vez en 2008 de acuerdo con un proyecto finalizado ese mismo año, que se adjudicó en 2009 a Teconsa en 14,9 millones. Las obras no llegaron a iniciarse porque la empresa fue declarada en concurso de acreedores por lo que en 2010 se anuló el contrato. Las obras habían estado paralizadas durante meses y todavía tardaría en volver a licitarse el contrato.

 

Fue en enero de 2014 cuando, por segunda vez, se acometió la adjudicación de la obra, y se adjudicó por 19,8 millones de euros en noviembre de aquel año, con la firma en diciembre de ese año; el plazo de ejecución era de 40 meses debido a la complejidad de las conexiones. Las obras, por lo tanto, han desbordado ampliamente su plazo límite de ejecución, que expiró a mediados de 2018, que es cuando se prometió su finalización, por falta de ejecución de presupuestos.