El relato del relator
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El relato del relator

Pedro Arrojo.

Vamos a tener que ir acostumbrándonos a la cantinela. Es lo que tiene cuando le das un micrófono a un sectario, a un totalitario de esos que todavía creen en lo que los soviéticos llamaban la colectivización. Estaban convencidos de que las granjas funcionarían mejor en manos del Estado que en las de sus propietarios privados. Ya sabemos todos cuál fue el resultado. Pero como dijo el recientemente fallecido Javier Pérez-Cepeda, al que ya he citado aquí, “en cada generación hay un selecto grupo de idiotas convencidos de que el fracaso del colectivismo se debió a que no lo dirigieron ellos”. Pedro Arrojo es uno de ellos.

 

Tal vez no sepan todavía quién es el personaje, aunque ya comenté en su día el peligro de su nombramiento como relator de la ONU del Derecho al Agua y al Saneamiento. Se trata de un ex diputado de Podemos, activista en contra del trasvase de Ebro, por cierto una curiosa forma de entender la solidaridad por parte de un comunista, al menos en lo que al agua se refiere. Arrojo habla de pasar “de la vieja demagogia del hormigón y el productivismo subvencionado a la nueva racionalidad económica”. Uno de sus tabúes son las presas y su tótem “las infraestructuras naturales”. Debe creer, quizá por su absoluta inexperiencia en el sector de la gestión del agua, que no hacen falta hormigón ni infraestructuras, sino que el agua llega a los grifos de la misma forma que Marx creía que la felicidad llega a los hombres: con el triunfo del comunismo.

 

Bueno pues este es el personaje al que Naciones Unidas ha dado un púlpito desde el que soltar sus peroratas. Y es que, aunque parezca mentira, en el Día Mundial del Derecho al Agua y al Saneamiento, que se celebró el pasado jueves, Arrojo hizo un llamamiento a la colectivización de la gestión del agua en los países más desarrollados. En un mundo en el que hay 4.200 millones de personas que no tienen acceso a servicios de saneamiento gestionados de manera segura, lo que le preocupa a Arrojo es que la empresa privada gestione, en colaboración con los ayuntamientos, el ciclo urbano del agua en Europa.

 

Y no es solo que no se interese por esa mitad larga de la humanidad, tampoco lo hace por lo que ocurre en Ciudad de México, donde la nefasta gestión pública directa hace que el 40% del agua se pierda en fugas y que al 70% de la población le llegue a los grifos solo unas cuantas horas al día. Ni de casos como el de Bucarest, donde la herencia de infraestructuras obsoletas y de décadas de gestión soviética llevó el servicio de agua al colapso y ha tenido que ser rescatado con la aportación de capital, tecnología y gestión eficiente de la empresa privada.

 

Arrojo, como sus compañeros de Podemos en el Gobierno, se vale del relato, esa nueva forma elegante de llamar a la mentira, para contarnos cómo el COVID se ha expandido en España porque las compañías cortan el suministro a los más necesitados. En serio. Y periódicos supuestamente rigurosos lo publican. Reclama que en los países desarrollados no se pueda cortar el agua a quienes no pueden pagarla, cosa que ya hacen todas las compañías del sector, públicas y privadas, desde hace muchos años y por supuesto mucho antes de que el coronavirus invadiese nuestras vidas.

 

Dice textualmente Pedro Arrojo, refiriéndose a los países desarrollados: “Imaginemos la trascendencia que tendría disponer de agua potable y saneamiento seguros”. Yo lo que me imagino es la trascendencia que tendría la prohibición de decir chorradas. Pero afortunadamente, y a pesar de personas como Arrojo y sus compañeros de partido, vivimos todavía en un país libre, donde cada uno puede decir lo que quiera. Aunque sea a costa del prestigio de Naciones Unidas y de dilapidar los recursos que esta organización pone a su disposición para luchar porque el derecho humano al agua y al saneamiento sea una realidad en cada vez más lugares del mundo.

 

Debería dejar de criticar lo que funciona para predicar su ideología trasnochada y ocuparse de lo que pasa en esa mitad del mundo donde tanto queda por hacer. Claro que para eso no vale solo con ocurrencias de barra de bar, es preciso unir voluntades, reunir fondos, seguramente también de capital privado, y planificar y organizar acciones complejas y costosas. ¡Qué fatiga! Hay otros, muchos de ellos empresarios y fundaciones privadas que trabajan con cierto éxito en esa parte del mundo en la que hay tanto por hacer. Nada de eso parece interesarle. Le preocupa más promover, junto con Bildu y ERC, reformas legislativas en España para que el agua no la pague nadie, a ver si revienta el sistema y nos igualamos todos por abajo.

 

Y aunque estas cosas de la ONU y de Pedro Arrojo nos puedan parecer lejanas y ajenas, es un asunto que nos toca muy de cerca en Valladolid, porque con el mismo cuento, aquí la camarada María Sánchez, con permiso del alcalde, ha municipalizado la gestión del ciclo integral del agua. Veremos cómo acaba esta aventura, pero de momento ni han bajado los precios ni se están realizando las inversiones necesarias para el mantenimiento y la mejora de las infraestructuras. Como en México y en Bucarest

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