El relato de un salmantino tras 44 años con diabetes: "Llevo una bomba de insulina y puedo hacer una vida normal"
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El relato de un salmantino tras 44 años con diabetes: "Llevo una bomba de insulina y puedo hacer una vida normal"

Juan, salmantino con diabetes

Juan convive con diabetes desde hace 43 años. Su lucha no cesa. En el Día Mundial de esta enfermedad asegura que cuidándose se puede hacer una vida normal. 

Juan es salmantino y tiene 63 años. Le diagnosticaron diabetes del tipo 1 hace ya 44 años. Por aquel entonces tenía 19 y se encontraba cumpliendo el servicio militar. "Noté que me pasaba algo, empecé a beber agua sin parar, se me secaba mucho la boca, hasta que un día pensé que algo pasaba y que no podía seguir así". Allí un enfermero le dijo de qué se podía tratar, finalmente, los malos presagios se confirmaron. 

 

Comenzaron las subidas de azúcar, "allí no teníamos muchas facilidades para acceder a los servicios médicos, al principio me empezaron a tratar por infección de orina pero a través de un análisis supe todo". "A mis padres se les cayó el mundo encima, suele pasar en general, es un mazazo". "Yo no conocía nada sobre la diabetes, me preocupé mucho, el apoyo y la implicación de la familia es fundamental". Fue en su vuelta a la capital de Salamanca cuando empezó a orientarse para sobrellevarlo, "llegué a la asociación". 

 

Sus hábitos no cambiaron demasiado, "aunque en determinados casos sí te determina. Hay que tener un horario estricto a la hora de las comidas y ponerte la insulina". Reconoce que a lo largo de los años el tratamiento para la diabetes ha evolucionado mucho, "desde la jeringuillas de cristal que había que hervir a la bomba de la actualidad".  La alimentación se ha ido estabilizando a través de "la educación diabetológica". 

 

En su caso lleva una bomba de insulina. Al principio se tenía que medir el azúcar hasta nueve veces al día. Ahora con su bomba la cosa ha cambiado. La lleva conectada al cuerpo durante el día y la noche, y cambia el cartucho de insulina cada tres días. "Hago una vida casi normal". 

 

También lleva un sensor que le evita tener que pincharse en la yema de los dedos para saber la glucemia y las cifras pasan a la aplicación del teléfono. El hecho de llevar esa pequeña bomba unida a su cuerpo mediante un catéter insertado en su abdomen no le afecta. "Puedes salir a comer, hacer deporte, para mí ha sido algo muy bueno". 

 

La convivencia diaria con la diabetes implica una atención especial a los aumentos desproporcionados de azúcar en la sangre, lo que se conoce como hiperglucemia, y también a la disminución de estos niveles hipoglucemia, convencionalmente por debajo de 70 mg/dl. Estos desajustes deben evitarse con el autocontrol de la glucosa y de las dosis de medicación, la práctica de ejercicio físico y una alimentación adecuada.

 

Las personas que padecen esta enfermedad deben seguir controles oculares, renales, etcétera... "el alcohol no es nada beneficioso para esta enfermedad". En el Día Mundial y en referencia a todos aquellos que pasan por ella, pide "que se pongan en contacto con otros que tienen el mismo problema a través de la asociación y, sobre todo, hagan caso a los profesionales médicos y educadores en diabetes". 

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