El regalo de Santa Cándida María

La imagen procesional de Santa Teresa luce todavía el birrete doctoral elaborado por la religiosa guipuzcoana
Roberto Jiménez

La ocasión de la canonización en Roma de la Madre Cándida María de Jesús (1845-1912), fundadora de las Religiosas Jesuitinas, dedicadas a la enseñanza de los jóvenes, brinda la ocasión de evocar su teresianismo como una componente importante de su rica personalidad, a la vez de recordar que peregrinó en sucesivas ocasiones a Ávila y Alba de Tormes tras las huellas de Santa Teresa de Jesús, a la que siempre denominaba como la Santa Madre.

Santa Cándida María de Jesús cumplió un gesto devocional hacia la imagen procesional de Santa Teresa de Alba de Tormes que todavía en nuestros días podemos contemplar cuando la efigie teresiana sale de la clausura conventual: en 1876 le regaló el birrete de doctora que usa habitualmente, confeccionado a modo de bonete, al estilo de aquellos que se usaban antiguamente en la Universidad de Salamanca.

En el inventario del Carmelo de Alba se anota lo siguiente: “1876. La Superiora de las Hijas de Jesús de Salamanca regaló el bonete bordado en oro de Nuestra Santa Madre. La borla de oro es obsequio del Señor Obispo de Salamanca [Mons. Martínez Inquierdo]”. Posiblemente hasta lo pudo confeccionar ella con sus manos artesanas, aunque es más prudente el retener que, por mandato o sugerencia de la Madre Fundadora, lo confeccionaron sus hijas monjas expertas en el arte de la costura y del bordado.
“En la actualidad éstos son los dos recuerdos que nos han quedado en Alba de Tormes del paso de esta Santa por la villa y de su profunda devoción teresiana”, explica el carmelita albense, Manuel Diego, cuya información ha sido clave a la hora de escribir este artículo.

Años más tarde (1895), hizo lo mismo con la imagen procesional del Carmelo de Medina del Campo, otra imagen de vestir parecida a la de Alba, para la que bordó la muceta, velo y bonete doctoral, prendas que todavía se conservan amorosamente como una reliquia en aquel Carmelo.

Para ello da instrucciones a sus hijas que están bordando estas partes del vestido teresiano: “Pueden tomar una idea de las Madres de ésa [de Alba], es decir, de la muceta, escapulario y bonete de la Santa Madre Teresa de Jesús, y si fueran mejor, me alegraría. Tienen que ser bordados con oro… Las cosas de la Santa Madre ya sabe Usted, Madre Antonia, que tiene que ser el bonete de raso negro; el escapulario de raso color del Carmen, y la muceta, raso blanco; que todo sea bueno”.

Emoción
Está claro que en la mente de la madre Cándida está el trabajo de lo hecho para Alba unos 20 años antes, por lo que vuelve a insistir sobre el tema apenas un mes después y precisa todavía más el sentido del encargo: “Me alegro de que estén trabajando con las cosas de la Santa Madre Teresa con tanto empeño para que queden bien. Parece que las estoy viendo… Supongo que recibiría Usted una carta que escribí desde Tolosa donde la decía a Usted lo que hacía falta para la Santa Madre Teresa: la muceta, velo y bonete, pues me equivoqué al decir que era escapulario; la borla, que sea de oro, como la de Alba; veré si hace falta el tornillo”.