El PSOE pone en manos de la militancia el cierre de una crisis interna que amenaza fractura

El PSOE se juega la integridad en un proceso de primarias enconado y polarizado al máximo. La guerra Susana/Pedro/Patxi se retroalimenta de las facciones internas generadas tras el 1 de octubre y amenaza con más tensiones en congresos provinciales, también en Salamanca.

El PSOE se enfrenta este domingo a una prueba vital para su futuro, también en Salamanca. Las primarias para elegir al nuevo secretario general van a poner a prueba la resistencia del partido socialista después de casi 140 años de historia, y aunque no es la primera vez que este proceso genera importantes tensiones en el seno del partido, nunca como ahora se había hablado tanto de la fractura que puede provocar. Un enconamiento no disimulado entre, al menos, dos de los candidatos; la tremenda polarización de los apoyos; y la perspectiva de gobernar un partido en el que el rival tiene miles de militantes de su lado dibujan un panorama complicado.

 

En público nadie habla de la fractura como una posibilidad, aunque más bien la temen. Los apoyos de Pedro Sánchez y Susana Díaz en Salamanca, como sus candidatos, han pisado el freno para no avivar todavía un enfrentamiento que no ha bajado de intesidad en siete meses. Sin embargo, el responsable de la estructura de Patxi López, Luis Rodríguez, lo tiene claro: "En función de cómo lo hagamos podemos ir a la irrelevancia electoral como otros partidos de Europa".

 

Y es que el largo proceso de primarias no ha eliminado al exsecretario general, no ha aclarado el liderazgo de Susana Díaz, no ha servido para encontrar la unidad ni tampoco ha calmado las aguas. Así que el PSOE necesita ponerle fin de una vez por todas. Lo necesita porque no puede presentarse ante el electorado como una opción si ni siquiera es capaz de resolver sus problemas internos. Con las elecciones municipales y autonómicas a dos años vista, las primarias, el congreso nacional y los locales tienen que zanjar la cuestión del liderazgo, sí o sí, porque la imagen del partido y sus posibilidades electorales están en juego en cada ayuntamiento.

 

Sin embargo, no va a ser sencillo porque se parte de posiciones muy encontradas, y desde muy abajo. El 'no es no' frente a la abstención es, en última instancia, un abismo que separa a los partidarios de unos y otros. Los sucesos del 1 de octubre, cuando el aparato derribó a Sánchez para variar la postura del PSOE en la investidura de Mariano Rajoy, azuzan todavía las discusiones entre 'pedristas' y 'susanistas', que luchan por ser la candidatura de la militancia (y alejar el sambenito de ser la del aparato). La decisión del aparato, de los 'barones', ha encendido a la militancia y ha generado un descontento que todavía se palpa en las bases hasta en la agrupación más pequeña.

 

En el caso de Salamanca, como en otros muchos, las bases aprobaron decisiones para llevar el 'no es no' hasta el final, pero los miembros elegidos votaron en otra dirección. Eso le valió sonoras críticas al secretario provincial, Fernando Pablos, y a quienes hicieron posible el cambio de rumbo. De paso, han alimentado la aparición de las habituales facciones. Con Pedro Sánchez, el concejal Fernando Vegas, pero también históricos como Del Molino, los Melero... Con Susana Díaz, los concejales Arturo Santos y Maribel Blanco y el 'oficialismo' en pleno, y casi sin disimulo. Y con Patxi López el alcalde de Peñaranda, Luis Rodríguez. Si al final del proceso para elegir secretario general no logra enfriar el descontento, puede que el próximo congreso provincial replique la tensión de estas primarias.

 

No es imposible porque es muy probable que el resultado no deje contento a nadie. Y ni mucho menos que acabe con la contestación interna, nada larvada, ni mucho menos soterrada, sino pública y estentórea como pocas veces. Acallarla parece, a día de  hoy, tan complicado como que Pedro Sánchez y Susana Díaz se puedan tomar un café... o integrar sus candidaturas. Es difícil que unos acaben trabajando con los otros con el nivel de crispación que han alcanzado.

 

El ganador se puede encontrar el día después con un partido en el que miles de militantes, cerca de la mitad que no le votaron, siguen pensando que su rival era mejor opción. Y todos esos miles pueden mantener la tensión en los congresos autonómicos y provinciales. La unidad no parece posible y la alternativa, que nadie descarta, supone un 'ajuste de cuentas' con los opositores políticos. Como poco, y aunque no haya 'purga', al que quede le toca seguir adelante ignorando miles de votos no en contra del PSOE, sino formulados aparentemente en contra de su propia persona con nombres y apellidos.

 

Ahí aparece el fantasma de la fractura o de la escisión. Si una mayoría de la militancia en el PSOE acepta el resultado, respalda al ganador y logra bajar el ruido y normalizar su funcionamiento, el partido sólo tendrá por delante otro proceso para encontrar líderes y proyecto. Si el que pierda no acepta el resultado, habrá que ver si el PSOE puede soportar más meses de 'espectáculo', y de sus consecuencias en el CIS.