El palacete abandonado del Paseo de la Estación se vende libre de cargas después de años de pleitos

El edificio de 1900 abandonado en el paseo de la estación. Foto: F. Oliva

El edificio estaba libre de cargas en el momento de la operación: según fuentes municipales, acababa pagando siempre multas, recargos y expedientes.

El palacete de 1900 abandonado durante años en el paseo de la Estación ha cambiado de manos, y lo ha hecho libre de cargas a pesar de su largo expediente de multas y pleitos. Así se desprende de la información catastral a la que TRIBUNA ha tenido acceso y que correspondería con un hecho poco conocido: que los hasta ahora propietarios han acabado siempre por pargar sanciones y recargos.

 

Hace unos días, se confirmaba la venta de esta histórica construcción a un grupo de inversores salmantinos. La operación va a terminar con el largo período de abandono que ha sufrido un edificio notable, con más de un siglo de historia según su ficha del PGOU municipal y que llevaba años en riesgo de perderse para siempre. Ahora se acometerá su rehabilitación, además de promover otras viviendas y equipamientos en la parcela.

 

Todo ello ha sido posible gracias a la operación de venta que se ha hecho, como ha podido constatar TRIBUNA, con el inmueble libre de cargas, una circunstancia relevante por el largo historial de expedientes que recaía sobre el edificio. Según los datos a los que este medio ha tenido acceso, el inmueble estaba en fecha coincidente con la operación libre de cargas, al menos, no las tenía anotadas. Y eso a pesar de las multas y embargos.

 

En 2013 ya hubo que apuntalar el edificio, clausurar puertas y ventanas y limpiar el terreno, pero lo tuvo que hacer subsidiariamente el ayuntamiento: es decir, lo ejecutó el consistorio, pero le pasó la factura a los propietarios. El coste, 69.000 euros que se convirtieron en un embargo.

 

La propiedad ha sido sancionada con infinidad de expedientes, llegó a tener una multa mensual de 600 euros y sanciones y facturas por no asumir tareas de limpieza de vegetación, que tenía que acabar haciendo el consistorio. Después, en 2018, estuvo a punto de ocurrir lo mismo con la factura por el desbroce exterior de la vegetación que había vuelto a crecer hasta salirse de la finca, pero en el último momento, pagaron. Y eso es lo que ha ocurrido cada vez.

 

Según fuentes municipales, los propietarios, tres personas de una misma familia, eran casi siempre difíciles de localizar, lo que obligaba a expedientes y requerimientos, incluso a la ejecución subsidiaria de obras de limpieza y apuntalamiento como se ha dicho, pero acababan pagando. Y así se refleja en la información a la que ha tenido acceso TRIBUNA: un inmueble sin cargas anotadas.