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El palacete abandonado del Paseo de la Estación albergará varios apartamentos en su interior

Palacete Paseo de la Estación (Foto: Archivo)

El objetivo de los nuevos propietarios es recuperar la construcción principal y devolverle la imagen que le corresponde históricamente como un edificio notable de la ciudad. 

El palacete en ruinas del Paseo de la Estación, 29, (Salamanca) abandonará pronto su lamentable estado. Y es que fue el pasado mes de septiembre de 2019, cuando se confirmaba que un grupo de empresarios salmantinos había llegado a un acuerdo con la propiedad para convertirse en los nuevos dueños de este edificio de más de un siglo y la parcela que lo alberga en el privilegiado lugar.

 

Ahora, además, pretenden que el interior de este palacete se convierta en varios apartamentos, aunque todavía falta la aprobación de licencia por parte del Ayuntamiento, algo que permitiría a diversas familias difrutar de este privilegiado lugar. Según los datos catastrales, la superficie construida del edificio es de 408 metros cuadrados, 204 por cada uno de sus dos plantas lo que da margen a la reforma que pretenden los nuevos dueños.

 

El objetivo de los nuevos propietarios es recuperar la construcción principal y devolverle la imagen que le corresponde históricamente como un edificio notable de la ciudad. Requisito imprescindible y deseo de los promotores es respetar el edificio tal y como está conservando los valores arquitectónicos originales con la lógica rehabilitación que necesita tras años y años de abandono. La parcela de casi 1.500 cuadrados también recibirá intervención.  

 

La operación va a terminar con el largo período de abandono que ha sufrido un edificio notable, con más de un siglo de historia según su ficha del PGOU municipal y que llevaba años en riesgo de perderse para siempre. Ahora se acometerá su rehabilitación, además de promover otras viviendas y equipamientos en la parcela.

 

 

2013

En 2013 ya hubo que apuntalar el edificio, clausurar puertas y ventanas y limpiar el terreno, pero lo tuvo que hacer subsidiariamente el ayuntamiento: es decir, lo ejecutó el consistorio, pero le pasó la factura a los propietarios. El coste, 69.000 euros que se convirtieron en un embargo.

 

La propiedad ha sido sancionada con infinidad de expedientes, llegó a tener una multa mensual de 600 euros y sanciones y facturas por no asumir tareas de limpieza de vegetación, que tenía que acabar haciendo el consistorio. Después, en 2018, estuvo a punto de ocurrir lo mismo con la factura por el desbroce exterior de la vegetación que había vuelto a crecer hasta salirse de la finca, pero en el último momento, pagaron. Y eso es lo que ha ocurrido cada vez.

 

Según fuentes municipales, los propietarios, tres personas de una misma familia, eran casi siempre difíciles de localizar, lo que obligaba a expedientes y requerimientos, incluso a la ejecución subsidiaria de obras de limpieza y apuntalamiento como se ha dicho, pero acababan pagando. Y así se refleja en la información a la que ha tenido acceso TRIBUNA: un inmueble sin cargas anotadas.