El orgullo de terminar la San Silvestre más dura

Un redactor de este diario cuenta en primera persona los 10 kilómetros de esta tradicional carrera
Diez kilómetros, la mayor distancia hasta ahora… la cosa se complica un poco más pero no hay marcha atrás. De algo tiene que valer ese año y medio corriendo aunque la distancia asusta. Pero da igual, pagaría dinero por ver el ambiente que genera esta carrera en la ciudad y como por unos momentos, la gente se olvida de los problemas y disfruta de una carrera que exige mucho y que encima, sigue siendo popular.

4.800 personas inscritas y muchos más valientes sin dorsal se lanzaron a una aventura que merece la pena, y mucho, vivir desde dentro. Correr por delante de la Universidad, el Puente Romano, atravesar la Plaza Mayor, bajar la calle Zamora… eso, amigos, no tiene ningún precio. Los amantes del deporte (y los del espectáculo) disfrutaron como enanos en una San Silvestre que es algo más que una carrera.

Desde mucho antes del inicio de una carrera que empezó a las 12.30 horas (antes hubo para categorías inferiores) miles de personas se agolparon en las inmediaciones del Paseo de San Antonio (salida y llegada de la carrera) para calentar, estirar, sudar un poco antes de los 10 kilómetros y comentar con el compañero de al lado el recorrido.

Y unos nervios a flor de piel, por lo menos un servidor (virgen en estas lides) que estuvo acompañado por el director comercial de TRIBUNA, Richard Dighero; nuestro hombre TV, Félix Rivas, mi cuñado, Julián de la Calle, Toño González (nuestro cámara, ‘currando’) y Alberto Sánchez, el cuñado de Richard, que nos dejó a todos con un palmo de narices. ¡Ah!, y con 5.000 personas más.

Tengo que reconocer que los 10 kilómetros son duros con una parte de terreno llamado ‘rompepiernas’ pero que se lleva bien, salvo una pequeña crisis en la Cuesta San Blas, muy dura una vez pasado el ecuador de la carrera. Y aún quedaban la Peña de Francia, una parte de la avenida Portugal y Comuneros, para redondear un recorrido duro pero muy agradecido.

Y da más gusto aún ver cómo muchos valientes se disfrazan de lápices, de bailarinas, animadoras, de ‘la Blasa’, de pastores, de angelitos, de Reyes Magos o de Fórmula 1 y terminan la carrera por delante de ti. Yo me pregunto, ¿de dónde sacarán las fuerzas para ‘hacer el ganso’ y seguir corriendo? Mucho mérito tiene lo suyo…

Pero no ha importado llegar el último de los cuatro con los que ‘competía’, es un placer haber terminado y no me cansaré de reconocer la belleza de una ciudad como Salamanca y de la gente que daba ánimos en cualquier rincón de la ciudad si te veía mala cara. Ha sido un orgullo ver como tanta gente se propuso el reto de terminar la San Silvestre y lo ha hecho. Yo solo soy uno más y lo recomiendo.

Diez kilómetros para soñar, para pensar en superarse uno mismo sin pisar a los demás, para disfrutar de otra manera de Salamanca y… para sentirse bien con uno mismo. ¿Alguien da más?