El nuevo 'Bartolo': Recuperar el patrimonio para mirar al futuro de la enseñanza del español
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El nuevo 'Bartolo': Recuperar el patrimonio para mirar al futuro de la enseñanza del español

La nueva sede de Cursos Internacionales se ubica en un edificio histórico reconvertido para dar cabida a los alumnos extranjeros y profesores dedicados a la difusión del idioma.

ochocientos años de historia de la Universidad de Salamanca dan para mucho y han dejado un patrimonio material e inmaterial de un valor incalculable. Recuperar parte de esa historia para seguir mirando al futuro ha sido el objetivo de la rehabilitación realizada en el antiguo colegio San Bartolomé, el 'Bartolo', para que se convierta en la sede de Cursos Internacionales. Todo un espacio dedicado a la enseñanza del español que es ya una realidad.

 

El colegio San Bartolomé fue el primer colegio mayor creado en Salamanca, pero el edificio sobre el que se asienta es un edificio de 1942, que ahora ha sido reformado íntegramente para esta nueva utilidad. Su rehabilitación es uno de los proyectos más emblemáticos de la Universidad de Salamanca, que cuenta con un moderno centro para unificar la enseñanza del español a través de Cursos Internacionales gracias a la recuperación del patrimonio. Un proyecto ambicioso diseñado por el arquitecto de la Universidad de Salamanca Eduardo Dorado y que ha supuesto 43 meses de obras y una inversión de más de siete millones de euros.

 

Ubicado en un entorno privilegiado, el edificio se asienta sobre los terrenos donde en el siglo XII y hasta principios del XX se ubicaba la iglesia de San Bartolomé y el Colegio Menor de Santa María Magdalena, institución fundada en 1538 pero cuyo edificio se construyó entre 1819 y 1840 y que, posteriormente, acogió la Escuela Normal de Maestras. Este antiguo edificio fue destruido en un incendio en 1928 y en 1942 se construyó el edificio San Bartolomé, diseñado por el arquitecto Genaro de No, que trató de "preservar en la medida de lo posible la estructura del Colegio de la Magdalena", ha explicado Eduardo Dorado.

 

 

La nueva construcción aprovechó los muros perimetrales y el claustro pero amplió un piso hasta conseguir las tres plantas. Ahora, la reforma realizada ha permitido recuperar el patrimonio de antiguos edificios como el Palacio Floresdávila y las trazas originales del edificio. Así, el claustro central se ha incluido en el edificio con un lucernario, de tal forma que todas las dependencias "vuelcan hacia él" y tanto en el espacio central como en el ala este se ha tratado de mantener materiales más tradicionales como la piedra o la madera, mientras que en la zona norte, ampliación que se ha demolido por completo para volver a levantarla, se han utilizado materiales más actuales como el vidrio.

 

Todo ello para unificar las dependencias de Cursos Internacionales con aulas, dependencias administrativas, un salón de actos, aulas de informática o una zona para profesores. Para ello, se han conservado muros exteriores, los muros del patio y los arcos de la planta baja, mientras que se ha rehabilitado todo lo demás.

 

 

Restos arqueológicos y algunas curiosidades

 

Durante la reforma del edificio han aparecido algunos restos arqueológicos que se han incorporado al edificio como una bodega o pavimentos antiguos como los restos del palacio Floresdávila o los restos de la calle Velarde, una calle del siglo XIX cuyo empedrado se ha conservado. Estos restos se han catalogado y cubiero con vidrio para mantenerlos visibles. Ahora, se puede realizar un recorrido por el interior del edificio, donde junto a estos restos se han instalado códigos QR que permiten descubrir la historia y la antigüedad de los restos y del propio edificio.

 

Sin embargo, uno de los restos más singulares descubiertos durante las obras ha sido una antigua bodega, de la que se desconocía su existencia pero que los arqueólogos datan de hace unos 200 años. Este espacio, con una bóveda de ladrillo, también se ha incorporado al edificio, se ha construido una nueva escalera de acceso y ha obligado a trasladar los ascensores. Este espacio original contaba con dos accesos y servía para almacenar alimentos, grano, animales como los caballos, además de agua y nieve.

 

Unos restos que han servido para "enriquecer el proyecto" y convertir este edificio en un espacio singular que forma ya parte del patrimonio de la Universidad de Salamanca.

 

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