El momento de la verdad

DIEGO JALÓN

Creo que, en la actual situación, extraordinaria y gravísima, no solo desde el punto de vista sanitario, sino también económico, con un país entero encerrado, aislado y en cuarentena, no es el momento de criticar al Gobierno, sino de unirnos todos para salir juntos de esta catástrofe, tratando de dejarnos los menos pelos posibles en la gatera. Como dijo Sánchez cuando anunció el estado de alarma, esta guerra la vamos a ganar, pero es importante pagar por ello el menor precio posible.

 

No es el momento de entrar en disputas, precisamente en una situación en la que, por su novedad y excepcionalidad, será inevitable que nuestras administraciones se equivoquen, cometan errores y tengan problemas de coordinación. Ahora es el momento de afinar, perfeccionar las herramientas para luchar contra el contagio y ya tendremos luego tiempo de hacer balance y pedir responsabilidades cuando hayamos superado la crisis.

 

Pero precisamente por eso, es el momento en el que quienes nos gobiernan tienen que demostrar que son capaces de estar a la altura de las circunstancias, de ser líderes políticos y no políticos marrulleros. Sánchez, los presidentes de las comunidades autónomas y los alcaldes de  nuestras ciudades y pueblos tienen ahora que decidir si quieren estar a la altura de Churchill o a la de Chamberlain, a la de De Gaulle o a la de Petain o Lebrun. Y desde luego no es el momento de tener en el puente de mando a aquellos que en vez de salvar el barco lo que buscan es conseguir medrar o lograr réditos políticos a costa de nuestra salud o de nuestro dinero.

 

Y para que se entienda mejor lo que digo, voy a poner nombres y apellidos, aunque seguro que cada uno de los españoles puede, desde el conocimiento cercano de lo que está pasando en sus ciudades, pueblos y regiones, completar esta lista. Mal podrá Pedro Sánchez conducirnos a la victoria con Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Quim Torra o Íñigo Urkullu ayudándole a llevar el volante. Después del lamentable espectáculo que todos hemos podido presenciar este fin de semana en directo, Sánchez debería poner fin de manera inmediata al acuerdo de coalición y desistir de su intento de gobernar España con el apoyo de podemitas, nacionalistas vascos e independentistas catalanes.

 

Igual le valían en las maduras, pero cuando han llegado las duras ya ha podido comprobar con quién puede contar y con quién no puede ir ni a la esquina. Son tiempos en los que necesitamos a un presidente en plena forma, que aunque sean pocas horas pueda tener un sueño profundo y reparador, que se despierte cada día con la pila cargada, mirando por el bien de todos los españoles y no vigilando su espalda con el rabillo del ojo para ver quién le quiere apuñalar en un descuido.

 

En estos tiempos de turbulencia son inadmisibles las discusiones ideológicas en el Consejo de Ministros sobre el alcance de las medidas económicas, que se saldan con un ministro comunista de Consumo dando palos en Twitter a la ministra de Economía, a la que llama neoliberal y acusa de priorizar la economía sobre la salud pública. Y por supuesto no pueden tener cabida las pataletas infantiles de un vicepresidente capaz de todo, incluso de saltarse la cuarentena y el aislamiento que luego se impone a todos los ciudadanos, porque no quiere quedarse sin sitio en la mesa de los mayores.

 

Unos niñatos enfurruñados que dilapidaban diez horas de Consejo de Ministros con sus tonterías cuando de lo que se trataba era de declarar cuanto antes un estado de alarma que ya se había anunciado el día anterior y que retrasan unas medidas económicas fundamentales y necesarias, mientras en España siguen multiplicándose los muertos y contagiados. Pero no son solo estos herederos de un comunismo trasnochado que ahora quieren hacer suya la bandera del feminismo o del ecologismo para seguir engañando a los votantes, con un ansia tan enfermiza que no les importa poner en riesgo a toda la población con tal de ponerse al frente de una pancarta en manifestaciones de las que excluyen a las mujeres que no comulgan con sus intolerancias. Son también los independentistas vascos y catalanes que le han aupado y mantenido en el poder y ahora, de nuevo, desvelan su verdadero rostro intentando convertir el coronavirus en una nueva palanca hacia la independencia.

 

En cuanto ha podido, Torra ha intentado aprovechar la situación. Y cuando le dicen que no, se rebela y anuncia que no seguirá las indicaciones del Gobierno y seguirá tomando sus propias decisiones, aunque eso sí, sigue poniendo la mano: “Necesitamos apoyo, no recentralización". Y el presidente vasco, que en la misma línea pide cooperación, pero no acepta una unidad de acción en la que perdería protagonismo. Muy sobrado va Urkullu teniendo en cuenta cómo ha gestionado el desastre del vertedero de Zaldivar.

 

Lo peor de estas declaraciones es que a pocos pillan por sorpresa. Y Sánchez lo sabe. Mientras unos piensan en la salud pública, otros están a lo suyo. El presidente y el PSOE tienen que romper con Unidas Podemos y los nacionalistas y buscar el acercamiento a PP y Ciudadanos. Esto es lo que decía un ministro portugués: "Desde Portugal contemplamos con perplejidad lo que está ocurriendo en España. Aquí, como en la revolución del 74, estamos todos los partidos más unidos que nunca, remando para el mismo lado. Nos preocupa ver la división y falta de iniciativa de nuestro país vecino". No hay tiempo y no caben excusas. Sánchez tiene también que demostrar si lo que de verdad le importa es España o un pacto que ya se revela imposible con unos indeseables para mantenerse en el poder.

Comentarios

usuario 17/03/2020 20:19 #1
pero si este solo sabe decir mentiras

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