El mercado de ovino no despierta perjudicado por la crisis y las ‘facilidades’ que ofrece Medina del Campo

Los esfuerzos de la Diputación por reabrir el mercado son en balde porque los ganaderos no tienen intención de llevar sus animales

El Mercado de Ovino de Salamanca está muerto porque los ganaderos no ven rentable acudir al mismo ya que las cooperativas u otros compradores acuden a su explotación a por lo animales y allí realizan todos los trámites pertinentes.

Otro aspecto que influye, y mucho, son las facilidades que se otorgan en el mercado de Medina del Campo, que se celebra los domingos, donde los controles son menores y los trámites para la compra-venta de ganado también y los productores tienen menos reparo en acudir al mismo, aunque tampoco lo hacen como en años anteriores.

De hecho, y pese al esfuerzo de la Diputación, “los ganaderos no están muy por la labor de poner de nuevo en funcionamiento este mercado, pero que quede claro que está a disposición de los usuarios en el momento en el que quieran usarlo”, señala Jesús María Ortiz, diputado de Agricultura.

Crónica de una muerte anunciada
Además, este mercado ha pasado del todo a la nada en apenas una década; ésta es la historia de una muerte anunciada para el Mercado de Ovino, que no tiene ya ningún futuro a no ser que la situación dé un giro de 180 grados.

Con los datos en la mano, la asistencia al recinto en los últimos 17 años ha sido tan irregular como desmesurada en muchos de los ejercicios analizados, pero ha terminado por desplomarse ante la crisis y el mayor coste que supone para los ganaderos acudir cada lunes al recinto ferial con su ganado.

Es cierto que ha pasado por multitud de etapas, unas más generosas que otras hasta su primera desaparición en el ejercicio 2006, tras el descenso pronunciado del año anterior, para volver a ser una realidad en el año 2009, con su apertura el 23 de marzo. Pero la alegría para los profesionales sólo duró tres meses, tiempo que certificó una nueva defunción de este mercado, que sigue abierto para que las partes realicen las operaciones correspondientes, pero con pocas probabilidades de tener éxito.

Analizando las cifras de asistencia, desde 1994 hasta el año 2001, el número de cabezas se mantuvo en unos niveles bastante buenos, siendo Salamanca un mercado de referencia para el resto, aspecto que ha dado un giro de 180 grados. Así, en 1994, la asistencia fue de 56.500 animales, por los 83.769 de 1995 y los 116.692 del ejercicio 1996. La cifra siguió subiendo hasta las 121.855 cabezas, para conseguir el máximo de animales en este periodo en el año 1998, cuando se dieron cita en el recinto un total de 131.667 ejemplares.

A partir de ese momento, las cifras dan buena cuenta del declive del mercado de ovino hasta el resultado de la actualidad; por tanto, en 1999, el número descendió hasta los 128.975 animales o los 124.693 del año 2000. A partir de ese momento, el descenso de cabezas es mucho mayor, tal y como se aprecia en 2001, con 62.114; en 2002, con 45.642 animales; o en 2003, con ya tan sólo 37.845 reses.

Entonces, ya se preveía que la vida del mercado agonizaba, aspecto refrendado en el ejercicio 2004, con 17.927 cabezas o las 6.838 del año siguiente, cuando el recinto dejó de recibir animales. Durante tres años, 2006, 2007 y 2008 el mercado dejó de funcionar ante el escaso beneficio o rentabilidad que supone para los profesionales acudir a Salamanca, hasta la reapertura del Mercado de Ovino.

Fue el 23 de marzo del año 2009 cuando, con la ilusión por bandera, la Diputación puso en marcha la actividad en el recinto por las peticiones de los ganaderos de ovino, aunque los miembros de la mesa de la Lonja no era muy partidarios de esta situación. Así, y pasados tan sólo tres meses desde la reapertura, el mercado dejó de recibir cabezas de ganado hasta hoy, y con perspectivas poco optimistas pese al apoyo de la Diputación.