'El Mariquelo' desafía a las alturas

El Mariquelo en la Catedral (Foto:F.Rivas)
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El folclorista recuerda a “las personas que lo están pasando mal” en su XVII subida a lo alto de la Catedral de Salamanca

 

El tamborilero Ángel Rufino de Haro, conocido como 'El Mariquelo', ha mostrado su apoyo a “las personas que  lo están pasando mal” y he hecho especial hincapié en la agrupación de Proyecto Hombre y colectivos como las personas que luchan contra el cáncer de mama o el alzheimer durante su tradicional ascenso a lo alto de la Catedral de Salamanca.

 

Este jueves, como viene siendo habitual en cada víspera del Día de Todos los Santos, el folclorista ha subido por decimoséptima vez a lo alto de la Torre de las Campanas del templo, ante la presencia de centenares de salmantinos y turistas.

 

Ángel Rufino de Haro, en declaraciones a Europa Press, ha destacado que, a pesar de llevar ya cerca de dos décadas subiendo a lo alto, desde donde anualmente toca “una charrada”, “cada año es una vivencia distinta y especial”.

 

 Pasadas las 11.30 horas ha comenzado la ascensión del conocido folklorista, quien recuperó una tradición religiosa que se remonta al 31 de octubre de 1755. Entonces tuvo lugar el conocido terremoto de Lisboa, que se dejó sentir con importantes consecuencias materiales en Salamanca.

 

Por suerte, con ese temblor no hubo que lamentar víctimas en la ciudadanía salmantina, que se había refugiado mayoritariamente en el interior de la Catedral de Salamanca. Una buena noticia que según las autoridades religiosas del momento se debió a la providencia divina.

 

Así pues, el Cabildo Catedralicio promulgó un edicto en el que se decía que todas las vísperas del Día de Todos los Santos una persona subiría a tocar las campanas en acción de gracias y, en esa ascensión, mediría la inclinación de la Torre, que se había visto afectada por el temblor.

 

La familia que vivía en aquellos tiempos en el interior de la Catedral era conocida como 'Los Mariquelos' y fue la encargada de cumplir con el edicto religioso hasta 1976, cuando uno de sus descendientes cumplió por últimas vez con la promesa.

 

 Posteriormente, nueve años después, en 1985, Ángel Rufino de Haro decidió recuperar la tradición, que se ha venido manteniendo hasta la actualidad con su ya tradicional subida vestido con el traje charro y sus instrumentos de música tradicional para cantar una "charrada" desde lo alto del templo.