El 'mar de Castilla' se seca en Salamanca: recibe 2018 con su fondo a la vista por falta de agua

Tras un nefasto año 2017, los embalses de la provincia de Salamanca se enfrentan a 2018 con sus reservas en niveles preocupante. El más grande, el de Almendra, es el que peor está. Si no llueve lo suficiente en los próximos meses, este año puede dar la cara más dramática de la sequía.

Las lluvias de los últimos días no pueden enmascarar la realidad de los embalses de Salamanca. Los depósitos en los que se acumula el agua que gastamos todos los días se encuentran bajo mínimos desde hace meses y su situación sigue siendo preocupante por más que hayan empezado a recibir las escasas precipitaciones de las últimas fechas. El problema es que hace meses que hace falta el agua como el comer y no termina de caer, ni de nevar, lo suficiente.

 

Todavía hay tiempo por delante, pero tras un Otoño muy seco, el Invierno avanza y no se traduce en precipitaciones. Aemet ya ha dicho que esta época será más calurosa de lo habitual, aunque no está tan claro que se vaya a traducir en falta de lluvias. De momento, las que llegan son insuficientes: las imágenes de esta información, tomadas el día 29 de diciembre, lo dejan patente.

 

En concreto, corresponden al embalse de Almendra, el más grande de la provincia y el tercero más grande de España. Sus más de 8.000 hectáreas y sus 2648.7 hm3 de volumen máximo le valen el bien merecido sobrenombre de 'mar de Castilla' por su extensión y capacidad. Sin embargo, a día de hoy es un mar seco en buena medida. La presa retiene el Tormes y anega una gran superficie a muchos kilómetros del embalse, casi desde su paso por Ledesma.... pero este año hay menos que nunca. El embalse está al 36,9% (dato de este martes) de su capacidad con 976,54 hm3, en tendencia alcista, pero muy lejos de los 1.592,71 hm3 que tenía hace un año.

 

La carretera SA302 sigue el curso del río y ya desde Monleras, a más de 20 kilómetros de la presa, se debería acumular un agua que no hay; ni siquiera cuando llegamos a Sardón de los Frailes, a pocos kilómetros de la pared que retiene el Tormes, cambia el paisaje. Lo que se ve es lo que muestran las fotos, hectáreas y hectáreas secas que dejan al descubierto pasos y pequeños puentes habitualmente cubiertos.

 

Al llegar a la misma presa, y desde uno de los miradores hacia la derecha, nos encontramos con multitud de piedras a la vista: parte de un fondo que casi nunca se ve. Asomándose, a los pies de la enorme pared hay rocas y arena. Y sólo al frente la visión de un mar muy venido a menos, que impresiona cuando está lleno 'hasta arriba' y que los muchos meses de falta de agua han dejado como está ahora.