El lado oscuro del teletrabajo: por qué la gran mayoría de los trabajadores no quieren seguir con este modelo

El teletrabajo del Covid-19 suma al menos dos horas a nuestra jornada laboral y complica conciliación y desconexión. Estos son los principales errores que estamos cometiendo.

Desde que el estado de alarma impuso el teletrabajo en las empresas en las que fue posible, millones de españoles han tenido que adaptarse a una forma y un tiempo de trabajo que solo un 7% de los trabajadores ejercían antes de la crisis, y ahora se pone como modelo. Sin embargo, en muchos casos este sistema desborda a los trabajadores en horarios, conciliación o desconexión. Tanto es así que, si dependiera de ellos, cuando acabara el confinamiento la mayoría de empleados no regresaría al teletrabajo, según la encuesta Funcas sobre el coronavirus a tan solo 3,4 trabajadores de cada 10 les gustaría seguir teletrabajando.

 

Una de las razones de que trabajar desde casa no entusiasme a la mayoría es que sus jornadas son más largas. El teletrabajo suma al menos dos horas más al horario que teníamos cuando íbamos a la oficina. Y la falta de preparación para esta opción de trabajo puede estar detrás de esas largas jornadas.

 

Lo normal es que se hubiera planificado, sin embargo, la emergencia por la pandemia ha impedido cualquier tipo de planificación, por lo que hemos comenzado a teletrabajar sin ninguna preparación. Eso ha traído consigo algunos fallos que se están pagando con tiempo extra. "Pasar de un teletrabajo prácticamente inexistente como era el caso de España a un teletrabajo a tiempo completo es algo que, en circunstancias normales, se habría planificado cuidadosamente, tanto desde el punto de vista tecnológico como adaptando los modos de organizar y dirigir el trabajo", explica Eva Rimbau, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC.

 

Con la digitalización, hay tareas breves que, sin embargo, demandan digerir previamente mucha información, lo que nos lleva a pasar un tiempo significativo organizando la información que recibimos y seleccionando aquella que es útil para nuestro trabajo. Otro problema es que en el contexto digital las demandas pueden llegar a ser constantes, y además las recibimos de manera transversal, de distintos ámbitos de la organización, no en una cadena vertical. Debemos aprender a planificar, mejorar la organización del tiempo de trabajo digital y marcar prioridade.

 

La difícil desconexión digital

Precisamente una de las principales causas de que los empleados se encuentren desbordados es que, ante la demanda por parte de la empresa y la autoexigencia que nos imponemos presionados por la situación económica, la desconexión se vuelve casi imposible. La vida laboral se inmiscuye irremediablemente en la vida familiar: el 74 % de quienes teletrabajan revisa su correo fuera del horario laboral, frente al 59 % de quienes no trabajan desde casa. Desde el confinamiento comenzamos antes la jornada y, sin embargo, no dejamos de trabajar más temprano. Se han comprobado picos de actividad entre las doce y las tres de la madrugada que no eran frecuentes antes del inicio de la pandemia.

 

"El problema es que todavía no existe una verdadera cultura del teletrabajo que nos lleve a separar el espacio del hogar destinado al trabajo del resto de nuestras tareas o labores cotidianas», señala Pere Vidal, profesor colaborador de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC. Sin embargo, existe el derecho a la desconexión digital. El experto en derecho laboral recuerda que así lo establece el artículo 88.1 de la Ley orgánica de protección de datos.

 

 

Brecha de género

Otra de las razones de que aumenten los niveles de estrés de los teletrabajadores es que la conciliación se ha convertido en una fantasía aún más difícil de alcanzar que antes del estado de alarma. Mantener el colegio y el trabajo en un mismo espacio, y tener tiempo, además, para atender a los mayores dependientes si también conviven con la familia mientras se entretiene a los niños es casi imposible.

 

De nuevo, las mujeres están pagando el precio más alto. Aunque según la encuesta de Funcas tanto las madres como los padres con menores en el hogar cuidan y entretienen a los hijos, ellas les dedican más tiempo: las madres afirman dedicar a esta actividad 4,3 horas diarias, y superan en más de una hora el tiempo medio que le dedican los padres (3,1 horas)

 

Las empresas pueden al menos no aumentar el estrés de la situación con algunas acciones relativamente simples. Entre ellas, mostrar empatía con las situaciones personales —por ejemplo, normalizar que aparezcan niños o mascotas durante las reuniones o que alguien deba dejar momentáneamente una reunión para atender a su bebé—, y el ejemplo personal de las personas en puestos directivos es fundamental en este aspecto; facilitar que cada persona establezca sus propios horarios entendiéndolos de modo flexible, y facilitar la creación de comunidades, canales o grupos de chat en los que la gente comparta ideas, sugerencias y experiencias para hacerse la vida más fácil

 

Cómo saber si estamos teletrabajando mal

La imagen creada en la sociedad actual de la improvisada forma de trabajar desde casa a raíz del confinamiento es una de las preocupaciones de los expertos en trabajo flexible. Es clave entender que este "teletrabajo de pandemia" que hemos adoptado no es una forma correcta de teletrabajo. La mayoría cometemos algunos errores que son un buen indicativo de que no estamos teletrabajando adecuadamente. Estos son los principales errores:

 

-Estar siempre disponible. Se está generando la idea de que el teletrabajo supone estar siempre disponible y conectado, algo que resulta estresante, improductivo y va en contra del derecho a la desconexión digital. Las personas con cargo directivo deben olvidarse de intentar saber qué hacen en todo momento sus colaboradores y aprender a darles autonomía dentro de unas referencias claras.

-Seguir horarios extensos. Aunque todos los expertos consultados afirman que en el teletrabajo el horario no es lo más relevante, también apuntan que si nos encontramos trabajando a todas horas, sin descansos e incluso durante el fin de semana, algo estamos haciendo mal. La referencia es trabajar un número de horas que nos permita descansar y realizar otras actividades más allá del trabajo (vida social y familiar, ocio, ejercicio...). 

-No tener descansos. Tampoco es recomendable trabajar sin parar, incluso aunque estemos hablando de una jornada razonable. Lo ideal es hacer descansos breves a lo largo del día y moverse para hacer estiramientos que eviten los problemas musculoesqueléticos asociados al trabajo sedentario.