Actualizado 04:35 CET Versión escritorio
Salamanca

El gran aniversario que se avecina en 2022: los 20 años de la Capitalidad Europea de la Cultura

El coordinador general de la Capitalidad Cultural, Enrique Cabero, recuerda aquel año transformador para Salamanca. La ciudad ganó en "autoestima" y se subió a una ola cultural sobre la que aún navega. Recibió tres millones de visitantes y la asistencia media a los eventos culturales rondó el 90% de los aforos

Publicado el 27.09.2021

Carlos Gardel ya dijo que 20 años no son nada. El año que viene nos acordaremos mucho de aquel tango cuando caigamos en la cuenta de que ya han pasado dos décadas desde el inolvidable 2002, el año en que Salamanca se convirtió en Ciudad Europea de la Cultura. Parece que fue ayer.



 



El 'culpable' de que la ciudad recuerde el 2002 con nostalgia fue Enrique Cabero, un doctor en Derecho elegido por el Consorcio Salamanca Ciudad Europea de la Cultura 2002 como capitan del barco salmantino. Cabero asumió la coordinación general de aquel evento en abril de 2000, en un momento "en que no había nada" preparado. "Lo recuerdo como si hubiera sido ayer mismo, como algo muy cercano en el tiempo. Casi todos los días recuerdo algo de aquel año. El VIII Centenario de la Universidad, en 2018, me ha servido para recordar todo lo que se hizo en 2002. Son dos acontecimientos muy hermanados en el sentimiento", rememora Cabero, que también dirigió el citado VIII Centenario de la USAL. 



 





 



El 2002, está claro, fue un antes y un después para Salamanca. Siguen en pie los edificios que nos recuerdan a diario la "transformación importante" de la ciudad (el recuperado Liceo, el DA2, el CAEM, una veintena de hoteles...) pero tan importantes como los inmuebles fueron los hábitos de gestión que arraigaron en 2002. "Fue una gran ocasión para la ciudad. Se iniciaron infraestructuras culturales e instrumentos de gestión que hacían falta". El consorcio Salamanca Ciudad Europea de la Cultura 2002 "lo gestionó todo", explica, desde la construcción de edificios hasta los programas culturales. "Y cuando se tuvo que disolver, como estaba previsto, la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura siguió gestionando y ese modelo se ha mantenido. Es algo muy peculiar. Es la única capital que ha seguido así. Normalmente en otras ciudades se ganan infraestructuras que tienen su propio funcionamiento, su personal..." 



 



A contrarreloj y sin oficinas



 



La intrahistoria del 2002 deja entrever que sus responsables se pasaron aquellos días de susto en susto y que si todo salió bien fue gracias a su dedicación. Por no haber, no habia ni tiempo que perder. "Ahora se sabe con ocho o diez años de antelación. A nosotros nos lo dijeron en mayo de 1998, para empezar en enero de 2002. El tema de las inversiones era muy complicado. Los presupuestos de aquel año, nada. Los del año siguiente ya estaban en elaboración, había que sacar las obras a concurso... Alberto Martín, el coodinador ejecutivo y técnico cultural de la Universidad, fue clave. En abril de 2000 el Consorcio no tenía ni sede. Lo recuerdo con cariño, pero me pregunto cómo fuimos capaces", rememora.



 





 



Otras capitales europeas de la cultura afrontaban la tarea con un personal propio, una dirección... en Salamanca prácticamente se partía de cero. "Pero los edificios se inauguraron en las fechas previstas", tercia Cabero. "Era fácil que hubiera habido problemas. No sólo era inaugurar el edificio, era programar una actividad a mayores". El coordinador también alaba la disposición de la Universidad, del Palacio de Congresos y de la antigua Caja Duero, que realizaron "importantes" aportaciones al 2002: la USAL remodeló Fonseca; Caja Duero construyó su teatro. 

 



Un chute de autoestima



 



Y así, pese a algunos retrasos inevitables, el 2002 cogió ritmo y la ciudad se volcó: eventos culturales a rebosar de público, visitas de la Familia Real y de la plana mayor del Gobierno; las joyas del Hermitage ruso, fotos de Henry Carter, apertura de Ieronimus, nuevos museos, el recital de The Cramberries, colas para ver las estatuas de Rodin, turistas a espuertas y más exposiciones y obras de teatro de las que somos capaces de recordar. El balance oficial habla de tres millones de visitantes y una asistencia media del 90% de los aforos: una borrachera cultural como nunca se había visto en Salamanca. Los organizadores programaron más de un millar de eventos y sólo hubo que posponer, que no anular, uno de ellos: el concierto de Oasis.



 





 



Del 2002 heredamos edificios e instituciones gestoras y un 'subidón' que aún nos dura. "Influyó en la autoestima colectiva de la ciudad", opina Cabero.  El 2002 "fue una gran ocasión que se aprovechó. Fue una transformación importante para la ciudad. Fue una buena ocasión y así se sigue recordando en otras ciudades que se están pensando ser capitales europeas". También se recuerda como "un ejemplo de implicación ciudadana. Fue fundamental la ciudadanía de Salamanca, cómo asumió aquel proyecto como algo de ciudad, como un proyecto de ciudad. Nunca dejo de agradecer lo que hicieron los salmantinos. Se sigue considerando un ejemplo para otras ciudades".



 



Los vecinos de la capital "fueron los protagonistas de que todo saliera adelante y eso nos dio una autoestima adicional: somos capaces de hacer esto. E inmediatamente llegó el 250 aniversario de la Plaza Mayor, el VIII Centenario, antes el FACYL... se asumió que debía haber un proyecto de ciudad y eso hay que seguir cultivándolo, más allá de las divergencias entre partidos se buscan proyectos de ciudad con un respaldo amplio, que pueda haber debates de ciudad, proyectos con un consenso amplio... eso es bueno. Lo fue para la USAL en 2018. Contribuyó a crear más cooperación entre la Universidad y el Ayuntamiento. Esa relación ciudad-Universidad es única. Hemos avanzado mucho y es bueno para todos. Lo que es bueno para uno lo es para el otro. Eso lo ha entendido bien Ricardo Rivero", el actual rector.



 



La capitalidad, además, "fue una gran campaña publicitaria para la ciudad y el título de capital cultural es un complemento perfecto para una ciudad patrimonio. Desde 1998 somos ciudad patrimonio y en 1998 nos nombraron capital cultural para 2002. Y además, tenemos la universidad más longeva de España, que cumplió 800 años en 2018. Fue un evento casi hermano".



 





 



Pero aún quedan deberes pendientes: Cabero echa de menos más "repercusión empresarial, de cultura como tal, más producción cultural. Hay margen para crecer y la cooperación con la USAL es muy importante". Salamanca, opina, debería explotar más su "peculiar" posición como "punto de encuentro de las artes" de la Comunidad: tiene la única facultad de Bellas Artes, el único conservatorio superior de música, titulaciones relaciondas con el arte y la cultura... "hay potencialidad para seguir creciendo", concluye.



 



Hoy en día, Enrique Cabero ocupa la presidencia del Consejo Económico y Social de Castilla y León, aunque aún escucha el eco de 2002: fue miembro del jurado que eligió a San Sebastián como la ciudad española que ejercería la capitalidad cultural en 2016, "sigue quedando" con gestores políticos y culturales y, como a un oráculo, otras ciudades le consultan qué hacer para organizar grandes eventos culturales. Pasarán otras 20 años y seguirá siendo la voz y la cara del 2002.


COMENTARComentarios

  • #3 empresario arruinado, más

    29/09/2021 11:16

    Algunas administraciones todavía siguen teniendo pendientes pagos a Empresarios Profesionales Autónomos Proveedores, gracias a la planificación de nuestros políticos y a la eficacia de sus funcionarios. Rapidez Eficacia Eficiencia Solidaridad Coherencia ... ...
  • #1 Al cesar lo que es del cesar

    27/09/2021 09:22

    Hay que tener poca verguenza. El artifice de la capitalidad cultural no fue otro que Julián Lanzarote. Les guste a algunos, a ningunos o a muchos. Esta es la relaidad y así debemos de reconocerlo. Fue un empeño político y personal de Lanzarote. Cabero fue coordinador por lo que fue y por quien fue.
  • #2 Al del cesar

    27/09/2021 12:00

    Lanzarote era el alcalde y como tal sería quién consiguiera el nombramiento de capital cultural, no le quitemos ese mérito. Pero sin el trabajo de Enrique Cabero poco hubiera hecho. ¿Por qué no escogió para el puesto al Muñueco y prefirió un coordinador con otras ideas políticas? Te lo diré: porque sabía que Enrique trabaja muy duro y con excelentes resultados.