El fuerte incremento de la llegada de extranjeros amortigua la pérdida de población en Salamanca

(Foto: Chema Díez)

La llegada de extranjeros marca la mejor cifra de una década tras años en negativo. Compensa el flujo interior: los salmantinos que se van a otros lugares de España son más que los que vienen.

La provincia de Salamanca ha perdido más de 1.300 habitantes en el último año, uno de los datos más favorables de los últimos años, merced a un positivo saldo entre la migración exterior y la interior. La provincia sigue perdiendo población, pero la numerosa llegada de extranjeros compensa dos factores muy negativos: el saldo vegetativo y la migración interior.

 

En la provincia de Salamanca se ha pasado de 333.649 a 1 de enero de 2018 a 332.296 habitantes a 1 de enero de 2019, con un descenso del 0,4 por ciento (1.353 habitantes menos); la merma porcentual es una de las más bajas de Castilla y León. El dato es uno de los mejores de los últimos años, ya que desde 2015, cuatro años completos, la provincia ha perdido 10.000  habitantes. De hecho, en los últimos ejercicios la media de pérdida poblacional había superado los 2.500  habitantes menos/año en Salamanca.

 

Sin embargo, el pasado 2018 se dio un fenómeno inesperado: el fuerte incremento de la llegada de extranjeros. La migración exterior ha arrojado un saldo muy positivo de 1.431 personas más que se han sumado a la provincia. Hay que remontarse a una década atrás para encontrar una cifra mejor, los cerca de 1.800 habitantes de saldo positivo en la migración exterior. Ese dato estuvo en negativo desde 2012 hasta 2017, es decir, a la provincia llegaban menos extranjeros de los que se marchaban.

 

Ahora ese saldo de más de 1.400 habitantes extra llegados de países extranjeros ha compensado los problemas habituales de población en Salamanca. Por ejemplo, el saldo migratorio interprovincial ha vuelto a ser negativo: 841 habitantes menos. Es la diferencia entre las personas que llegan de otras provincias o comunidades autónomas españolas y las que se marchan, que fueron. 

 

El otro problema es el saldo vegetativo, con el doble de defunciones que nacimientos. Según las últimas cifras, el año pasado nacieron en Salamanca 2.074 niños, 1.039 de ellos en la capital; son unos pocos más que en 2017, cuando nacieron 2.038 y 1.014, respectivamente, y se marcaron mínimos históricos. 

 

Por contra, el número de defunciones sigue en máximos. Según los datos del INE, el año pasado Salamanca registró el fallecimiento de 4.003 personas, que es la segunda cifra más alta de la historia reciente por detrás de los 4.027 del año 2017; es la segunda vez que se superan las 4.000 defunciones en un solo año, cifra que ha ido creciendo paulatinamente desde los 2.967 fallecimientos del año 1980.

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