El final del cuento
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El final del cuento

Artículo de opinión de Diego Jalón.

“Se nos rompió el amor de tanto usarlo. Jamás duró una flor dos primaveras, me alimenté de ti por mucho tiempo, nos devoramos vivos como fieras” ¿Estaría pensando Rocío Jurado en Pedro y Pablo cuando cantaba esta canción? Por aquel entonces no se amaban todavía. Es más, ni se conocían. Es imposible. Pero nada lo es en este país cuántico en el todo es una cosa y su contrario y el gato está vivo y muerto a la vez. Hemos superado el espacio tiempo, derribado todas las barreras de la lógica y aquí cualquier cosa puede suceder.

 

Por ejemplo, que las que se paseaban el año pasado por toda España al grito de “el heteropatriarcado mata más que el coronavirus” quieran ahora, más de 90.000 muertos después, volver a llenar las calles en pleno estado de alarma para explicarnos que las mujeres (en España, no en Irán ni en Marruecos) tienen derecho a ser tratadas como iguales. Aunque tampoco importe mucho, porque si quieren pueden decidir ser hombres. Vivimos en un país de las maravillas y ellas tienen que poder volver a casa solas, borrachas y contagiadas, como ya demostraron que podían hacer el año pasado. Todo a mayor gloria de una ministra de Igualdad consorte que utiliza a su asistente de niñera mientras su compañera de Sanidad en el Consejo de Ministros asegura que manifestarse es un disparate. Este Gobierno que dice a la vez una cosa y su contraria debería estar presidido por el austriaco Schrödinger y no por Pedro el que se hace el sueco.

 

Pero todos tranquilos. Por ejemplo en Madrid, el delegado del Gobierno ya ha dicho que solo podrán ir en grupos de quinientas. Suponemos que tiene previsto poner a los guardias a contar y si las manifestantes superan el número mágico que ha establecido el comité imaginario de expertos epidemiólogos, se realizará un sorteo para ver cuáles pueden seguir y quiénes son apartadas y enviadas de vuelta a casa en grupo, sobrias y libres de coronavirus.

 

También podrían contratar pastores, de esos que de un vistazo al prado saben cuántas ovejas hay en el rebaño, pero quizá eso resulte muy ovino y heteropatriarcal. Aunque insisto, aquí todo es posible. Vean si no a Echenique, que un día brinda todo su “apoyo a los jóvenes antifascistas”, para luego decir que al igual que el 99% de la población, él está en contra de la violencia. Y luego añade que “no hay que criminalizar a los manifestantes”. ¿Han entendido algo? Pues de eso se trata.

 

Pero volvamos a la más grande. A Rocío, no a Irene. Porque últimamente se está extendiendo la idea de que Pedro y Pablo se han distanciado y que están a punto de marcarse un Pimpinela. El matrimonio de conveniencia residente en Moncloa atraviesa, al menos en apariencia, por momentos muy complicados. Vuelan las vajillas y las broncas han subido tanto de tono que hasta el presidente pide que bajen los decibelios. Se lo reclama incluso el PNV, harto ya de tanto grito. Si van a seguir así es mejor que lo dejen, les dijo el otro día Aitor Esteban en el Congreso. ¿Quousque tandem abutere Pablo patientia nostra?. ¿Triunfará la conjuración de Iglesias o le mandará Sánchez a paseo?

 

Los acercamientos de PSOE y PP a cuenta de desbloquear los nombramientos del Defensor del Pueblo, la tele pública y el CGPJ han hecho cundir el rumor y la sospecha de que algo se cuece en Moncloa. En este país de Lewis Carroll, el último cuento es ahora que superadas con éxito, en lo que al relato se refiere, las elecciones catalanas, Sánchez quiere pasar página y entrar en un nuevo capítulo. Es, como él mismo dice, “el año de la vacuna”, los fondos europeos, la recuperación económica y la felicidad.

 

Atrás quedan, a quién le importan, los muertos, los enfermos y los hospitales saturados, a los que por cierto no se ha acercado nunca. Habrá más víctimas, esta vez sobre todo económicas, pero seguro que consigue también obviarlas o esquivarlas. Y como Podemos sigue en las algaradas y la destrucción, en una posición cada vez más ultramontana, Pedro podrá presentarse como el héroe salvador de la izquierda progresista, moderada y europea, para dar un volantazo y volver al centro, el espacio donde realmente se juegan las victorias electorales. Se envolverá de nuevo en la bandera de España y nos contará que con Podemos, ERC y Bildu no se puede ir a ningún lado. Incluso nos dirá que él lo sabe mejor que nadie, porque lo ha intentado y no hay manera.

 

No sería un mal final para este cuento de miedo en el que llevamos viviendo casi un par de años. Todavía puede durar algún tiempo más, pero los carísimos equipos de analistas de Moncloa ya están escrutando los datos y los sondeos para cuando la situación sea propicia. Cuando el hundimiento de Podemos sea ya completo, cuando las sumas no alcancen y todo esté listo para darle la puntilla al Frankenstein, Iván apretará el botón nuclear. Sánchez se pondrá su mejor traje de socialdemócrata, se abrazará a Felipe González y se hará con los restos de Ciudadanos, mientras lo que quede de Podemos caerá también en sus manos.

 

Acabará el cuento de Mary Shelley y volveremos al universo de los Hermanos Grimm, con el príncipe azul, constitucional y sensato, y Pablo Casado en el papel del Rey Pasmado a verlas venir. Pero quizá el mejor servicio que puede prestar el PP a la democracia y a la convivencia ahora mismo es ayudar a Sánchez, como actor secundario, a librarse de los bolivarianos. Que vuelvan con sus diatribas totalitarias y sus afanes de construir una república popular leninista al activismo callejero y a los programas cutres de TV online de los que nunca debieron salir. Es lo mejor que nos puede pasar. Sánchez no ha dejado de reclamar una oposición con sentido de Estado. Y estará bien que la tenga. Pero mejor aún que los españoles tengamos un Gobierno con ese mismo sentido de Estado.