El ex cura de la cárcel de Topas acepta tres años de prisión

Conformidad. Los otros tres acusados asumen tres años y ocho meses, un año y medio y nueve meses privados de libertad.
E. G.

Tras dos aplazamientos, finalmente, el que fuera hasta el momento de la detención el sacerdote del centro penitenciario de Topas y los otros tres acusados de un delito de tráfico de drogas, acudieron ayer a la Sala de lo Penal Uno en los Juzgados de Colón, aunque el juicio no se llegó a celebrar al llegar a un acuerdo cada uno de los abogados de los imputados con el Ministerio Público.

Así, el sacerdote del centro penitenciario, C. L. S., aceptó una pena de tres años de cárcel y una multa de 6.000 euros. Respecto al resto de los acusados, C. E. V. R., compañero de piso del religioso, aceptó tras renunciar el pasado día 8 de febrero a su abogado y solicitar uno nuevo para la vista de ayer, una pena de tres años y ocho meses privado de libertad y una multa de 9.187 euros: Por su parte, J. A. B. (condenado anteriormente a diez años de cárcel por un delito de tráfico de drogas), quien supuestamente facilitaba los contactos en Madrid para adquirir la droga, se ha conformado con un año y seis meses de prisión a sustituir por tres años multa a una cuota de tres euros día, más una multa de 1.732 euros. Por último, M. A. G. H., quien presuntamente se encargaba de comprobar la calidad de las sustancias, aceptó nueve meses de prisión más una multa de 3.000 euros.

Los hechos que se les imputan al religioso C. L. S. y a los otros tres encausados ocurrieron hace casi dos años, concretamente, el 2 de julio de 2008, cuando el sacerdote fue sorprendido por la Guardia Civil entrando en el centro penitenciario con una cantidad cercana a los 400 gramos de hachís, escondidos en los calcetines. En su vehículo, escondía el resto de la sustancia, hasta alcanzar un peso aproximado superior al kilo. Fruto de la operación iniciada por la Guardia Civil contra el tráfico de drogas también fueron detenidos los otros tres imputados.

El fiscal considera que el entonces arrestado organizaba la compra de droga y su distribución en la cárcel de Topas “utilizando para ello su condición de sacerdote” y su “facilidad” para entrar en la prisión. El Ministerio Público ha basado su acusación, entre otros argumentos, en cuatro conversaciones telefónicas intervenidas al sacerdote con varios internos de la cárcel para llevarles diversas cantidades de droga.

La operación comenzó a raíz de unas escuchas telefónicas, a partir de las cuales los agentes de la Guardia Civil averiguaron que se iba a efectuar la entrada de un cargamento de hachís en el centro penitenciario de Topas. El día 30 de junio, C. E. V. R., se trasladó a Madrid para comprar presuntamente un kilo de hachís. Al volver a Salamanca, telefoneó al religioso para que le informara si había controles policiales en la carretera. Al día siguiente, el sacerdote se trasladó a la cárcel donde fue sorprendido con 387 gramos de hachís en tabletas y bellotas, ocultos en los calcetines. Además, en el registro del domicilio que compartía con C. E. V. R., en Santa Marta de Tormes, los agentes hallaron 1.030 gramos de hachís y 1.700 euros. Mientras, M. A. G. H., fue detenido por comprobar presuntamente la calidad de la droga y J. A. B., era el encargado de facilitar los contactos en Madrid para adquirir la droga. El sacerdote pasó un año en prisión preventiva hasta ser puesto en libertad tras pagar una fianza.