El día para olvidar de Mañueco

La encuesta de Sigma Dos, Silvia Clemente, un millonario contrato anulado: las malas noticias se le acumulan al candidato del PP.

Este jueves, 21 de febrero, ha sido un día para olvidar en el camino de Alfonso Fernández Mañueco hacia su ansiado objetivo de suceder a Herrera al frente de la Junta. Puede que los astros se hayan alineado contra sus aspiraciones y que sea solo un mal día en la oficina. Seguro que el salmantino se daría por satisfecho si se tratara de una casual conjunción de acontecimientos que no significan lo que se teme: que va directo a los peores resultados de su partido en la historia de la Comunidad.

 

En pocas horas, Mañueco ha visto como Sigma Dos confirmaba el batacazo en a las elecciones autonómicas que se le vaticina, y como el Tribunal Supremo anulaba un contrato de 140 millones de cuando era alcalde de Salamanca. La encuesta es solo un avance y como tal hay que tomarla, pero la demoscopia marca tendencias y la del PP no es hacia abajo, ni hacia arriba: es de estancamiento. Sigma Dos deja a Mañueco atascado en la treintena de procuradores, insuficiente para gobernar, incluso para evitar que Cs elija a otro para gobernar. La vía de agua es ya una evidencia y por ahí se escapan votos a puñados hacia Cs y hacia Vox, hasta el punto de que la abstención empieza a ser la única tabla de salvacion del PP regional.

 

Lo otro, lo del contrato anulado por el Supremo, el segundo que los tribunales echan a la basura, pone en entredicho los métodos para adjudicar la concesión municipal de mayor cuantía resuelta por Mañueco durante su era en el Ayuntamiento de Salamanca. Un tropiezo que, a partir de ahora, le complicará presumir de gestión, algo que hace con frecuencia.

 

Encuesta y contrato tienen ya poca solución, pero también una trascendencia relativa. La brecha más preocupante es la fractura interna en las filas populares. La existencia de clanes enfrentados, discrepancias soterradas y sensibilidades enfrentadas ha sido tan real en el PP como la habilidad para mantenerlas bajo control con el muy práctico axioma de 'lavar los trapos sucios en casa'. Desde este 25 de febrero, tampoco podrá presumir de ello: el mito de un PP 'piña' ha volado por los aires. Y de que manera.

 

La antológica 'rajada' de Silvia Clemente es mucho más grave de lo que aparenta, y aparenta mucho. Por supuesto, no tiene nada que ver con el habitual ruido de sables, ese 'cling clang' inaudible para la opinión pública, casi una leyenda glosada de tarde en tarde por cronistas políticos, con más prosa que sangre, que terminaba en nada las más de las veces. Esta vez la gresca ha acabado en frases que caían como bombas: "Mañueco no tiene palabra y no tiene capacidad de liderazgo""Este proyecto del PP de Castilla y León carece de ambición, no tiene contenido""¡Me bajo de un proyecto en el que no creo ni en quien lo dirige!", "No creo en este proyecto, y por eso me bajo, no puedo seguir porque no existe servicio a los ciudadanos"... Las que hay en su carta de despedida no tienen desperdicio.

 

La brecha es, por tanto, real. Y de grandes dimensiones. Mañueco ha practicado con ahínco el cierre de filas clásico del PP, pero lo ha implantado en torno a su persona y no en torno al partido. Lo ha demostrado en episodios como el de las primarias, en las que tan sucio jugó contra Antonio Silván. O más recientemente en la elección de candidatos a las grandes alcaldías, donde una vez asegurado su puesto dejó que Casado toqueteara a su antojo. En su última maniobra quizás no ha medido bien sus fuerzas o las consecuencias de su decisión de cargarse a Silvia Clemente.

 

Clemente es un 'tótem' del PP de Castilla y León, veterana de los gobiernos de Herrera, una persona nuclear en el partido, una política de recursos y con pedigrí, incluso con 'colmillo'. El jugador 'cabrón' que quieres tener en tu equipo... y que no se pase al contrario (¿y si eso pudiera ocurrir?). Nada que ver con lo que han estado acostumbrados a lidiar, ni el PP ni Mañueco, que fiados a la obediencia debida no han sofocado más rebeliones que la de algún alcalde descontento o algún concejal díscolo. 

 

Su confesión le hace a Mañueco un agujero todavía más grande en Segovia. Y desautoriza al candidato del PP desde un atril con el peso institucional de las Cortes de Castilla y León. Las sentencias de Clemente son una enmienda a la totalidad a ese Mañueco que promete dialogar con todos (menos con los suyos), que vende lealtad (mientras maniobra sin piedad para apartar a quienes no se la juran) o que ofrece su figura como la de un político fiable (mientras sume a instituciones en el desgobierno).

 

El plan último de Mañueco, el clavo ardiendo al que aferrarse, era y sigue siendo movilizar, recurrir a la fuerza de un partido de amplia base y muy disciplinado porque muchos llevan en el voto el sueldo de cada mes. Si eso se le rompe, y parece que ya está roto, sus opciones se complican más allá de lo asumible. Gestión, unidad, fiabilidad, lealtad... capricho de los astros o no, cada vez hay menos cosas de las que presumir. El 'mal karma' del PP de Mañueco está aquí... para quedarse: cada vez parece más cierto que lo tiene todo en contra y que no va a lograr levantar un partido que tiene, casi, perdido.