El derribo del MercaSalamanca estará terminado en un mes

La empresa contratada calcula que esta seman puede terminar el desmontaje de la uralita, que se ha hecho de modo manual al ser un material contaminante. De la demolición solo falta una última manzana para que la parcela esté totalmente despejada.

Las antiguas instalaciones el MercaSalamanca serán historia en poco más de un mes. Este el plazo previsto por la empresa que se encarga de los trabajos de demolición para finalizar todas las actuaciones, que incluyen el derribo de los 22 edificios que formaban el complejo, el tratamiento de los materiales y explanar la parcela de más de 144.000 metros cuadrados para dejarla totalmente libre de obstáculos y edificios.

 

TRIBUNA se ha puesto en con con responsables de la empresa adjudicataria, para conocer la marcha de las obras. La adjudicación del contrato se inició el pasado julio y se la llevó Trandex por 278.000 euros; después el Ayuntamiento dio el permiso para la demolición y las obras empezaron en diciembre. El contrato incluía el derribo de los edificios y el tratamiento de los resíduos, ya que debido a la veteranía del complejo una parte importante de las cubiertas de las construcciones estaban hechas de uralita, un material cancerígeno.

 

Precisamente fue por este punto por donde empezaron las obras. Según fuentes de Trandex, en diciembre se comenzó a desmontar la uralita del MercaSalamanca, una tarea que hay que hacer manualmente. El motivo es que el amianto que contiene la uralita es altamente contaminante y se libera cuando se fractura el material; por ello no se puede usar maquinaria como en el resto del derribo. Según la empresa, esta misma semana quedará desmontada toda la uralita, que porteriormente se paletiza y se envuelve con plástico.

 

Aspecto actual de la parcela, prácticamente sin edificaciones.

 

En cuanto a la demolición de los 22 edificios que formaban el complejo (35.000 metros cuadrados de edificaciones), las máquinas entraron el día 7 de enero para esta tarea, tras las fiestas navideñas, y según la empresa en cuestión de entre mes y mes y medio podría estar terminada. A día de hoy son escasas las construcciones levantadas porque solo queda una pequeña manzana en la zona más próxima a las viviendas de la calle Julita Ramos. Esta semana se ha podido ver maquinaria trabajando para derribar esos edificios y retirar el material.

 

Durante la demolición también se están separando los materiales. Por un lado, al margen de la uralita, se ponen los aislantes y también se está gestionando el material metálico del hormigón para su posterior valorización. El material sobrante, los escombros, se está triturando porque servirá de base a la parcela: se extenderá por los 144.000 metros cuadrados para nivelar el terreno. El objetivo de esta medida es evitar grandes desniveles y que, en caso de entrar alguien en el recinto, pueda sufrir algún percance. Esto se debe a la polémica generado el pasado verano cuando el Ayuntamiento pidió que el derribo ser hiciera con urgencia ante las denuncias de la oposición por las molestias y peligros que causaba a los vecinos un recinto abandonado de tal dimensión.

 

 

UNA PARCELA CODICIADA

 

Una vez finalizada la demolición la parcela que ocupaba el MercaSalamanca quedará lista para que la sociedad propietaria, que es al 51% del Ayuntamiento de Salamanca, pueda intentar venderla. Se trata de una de las zonas de expansión más codiciadas de la capital, ya que se trata de suelo urbano, paro uso residencial y puede albergar entre 576 y 1.014 viviendas según los datos del PGOU. De ahí que en su día resultara muy interesante para muchos promotores.

 

Sin embargo, es una operación que lleva años esperando y que constituye uno de los tropiezos recientes del gobierno municipal. Cuando se decidió la construcción de unas nuevas instalaciones junto a Zaldesa, el Ayuntamiento contaba con la posibilidad de recuperar buena parte de la inversión vendiendo los terrenos del antiguo complejo. El cálculo fue conseguir cerca de 41 millones de euros, pero cuando se produjo el traslado, en mayo de 2009, y a pesar de existir una oferta por 48 millones de euros, la operación se retrasó y se vio afectada por la crisis del 'ladrillo'. El resultado, que en 2011 el Ayuntamiento lo valoraba en 27 millones, aunque estaba dispuesto a venderlo por mucho menos, unos 16 millones.