El cuento de nunca acabar
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El cuento de nunca acabar

Hace ya ocho meses, en un muy lejano mes de febrero, cuando la normalidad todavía no era nueva y circulábamos por las calles libres y sin embozos, nos vino María Sánchez, ya saben la concejal de medio Ambiente y presidente de Aquavall a razón de 80.000 euros al año, con el cuento de las millonarias inversiones de la empresa municipal del agua para renovar los equipamientos públicos de abastecimiento, saneamiento y depuración de agua. Nos quería camelar por aquel entonces, con la intención de justificar la creación de esa empresa municipal del agua que todo lo subcontrata, explicándonos que en solo dos años y medio habían licitado más de 22 millones de euros para “avanzar de forma decidida en la necesaria renovación de las redes”.

 

Ya por aquel entonces, desde este y otros medios, denunciamos, aportando los datos contables del perfil del contratista de Aquavall en el Ministerio de Hacienda, que esas “inversiones” de las que presumía María Sánchez, en su mayoría no eran tales, sino meros gastos corrientes y subcontrataciones de una empresa sin experiencia ni capacidad para hacer casi nada de lo que requiere la gestión del ciclo integral del agua.

 

En el cuento de María Sánchez, la compra de reactivos, la instalación de contadores, las facturas de electricidad, el alquiler de locales, la contratación de servicios postales, la compra de aplicaciones informáticas, la subcontratación de sistemas de cobro, la compra de ropa para el personal y su limpieza, los pagos de gasolina y gasoil para los camiones y vehículos, el alquiler de estos camiones y vehículos y un largo etcétera de conceptos semejantes se querían hacer pasar por inversiones. En la vida real, de los 26.455.788,02 que totalizaban por aquel entonces las licitaciones de Aquavall recogidos en el portal de Hacienda desde el inicio de su actividad en julio de 2017, sólo 6.659.076,22 correspondían a obras, algunas no ejecutadas. Los casi 20 millones restantes eran contratos de servicios o suministros.

 

Bueno, pues aunque parezca increíble, María Sánchez, que debe tener muchas ganas de justificar su provechoso sueldo de presidente, ha vuelto hace unos días a intentar contarnos otra vez el mismo cuento. Erase una vez, dice la concejal tras la aprobación por parte del Consejo de Administración de las cuentas anuales, que en los tres años de existencia que Aquavall acaba de cumplir “se han superado los 28 millones de euros de inversión para cumplir uno de sus objetivos fundamentales, como es destinar los beneficios a la mejora del servicio y la conservación de las redes”.

 

De acuerdo, ya no tiene el descaro de hablar de renovación de las redes sino solo de su conservación, igual le da apuro con 22 roturas este año y más de dos incidencias graves al mes, pero sigue con el mismo cuento de las inversiones. Y explica que en lo que va de 2020, la empresa, que tan diligentemente preside pese a su absoluta falta de experiencia en el ciclo del agua y en realidad de casi cualquier tipo de gestión empresarial, ha invertido 9.118.134 euros. Podemos creernos el cuento o ir a comprobar los datos en la página de licitaciones de Hacienda. Si hacemos lo segundo, comprobaremos que las licitaciones en 2020 suman un total de 5.489.177 euros. El resto hasta los 9.118.134 no figuran. Pueden ser contratos de menor cuantía o gastos corrientes, pago de sueldos o cualquier otro concepto que nos quieran hacer pasar por inversiones.

 

Pero es que de esos casi cinco millones y medio licitados en 2020, insisto, según los datos del portal de Hacienda en el que por ley deben reflejarse estas licitaciones, 535.080 euros son para comprar reactivos, 396.317 para subcontratar un servicio de atención al usuario, 320.000 para comprar dos vehículos pesados y dos furgonetas, 199.920 para comprar cloruro férrico, 320.000 para subcontratar el servicio de gestión de lodos de depuradora, 90.350 para subcontratar el suministro e instalación de medidores de caudales en aliviaderos, 108.000 para la subcontratación de servicios de jardinería, 80.315 para la subcontratación del servicio de laboratorio para el control de calidad del agua potable y 286.000 para suministro de carburante para vehículos pesados, ligeros y maquinaria. En total, unos 2.227.000 euros.

 

Así que de lo que nos cuentan que han invertido, nueve millones, en realidad solo se han licitado cinco millones y medio, y de estos, la mitad son subcontrataciones de servicios y gastos de suministros. Si cuando empezó a contarnos el cuento en febrero, de los más de 22 millones de euros que nos decían que se habían invertido en realidad solo habían sido 6.659.076,22, ahora, ocho meses después, podemos añadir otros dos millones y pico. Así que, redondeando, desde el inicio de su actividad hace tres años, Aquavall ha invertido en la conservación o mejora de las redes y equipamientos públicos de abastecimiento, saneamiento y depuración de agua, algo menos de nueve millones.

 

Decían cuando montaron el chiringuito, perdón la empresa municipal, que iban a invertir al menos 15 millones al año. De momento, menos de tres. Ahora nos dice la presidente que han obtenido 17 millones de euros de beneficios este año, aunque es propensa a confundir ingresos con ganancias como ya le pasó en febrero, pero no se lo tengan en cuenta, es nueva en esto. Y como seguiremos atentos a este cuento de nunca acabar, veremos en próximos capítulos a qué se dedica esta pasta, que no es de Aquavall, sino de todos los vecinos de Valladolid. Haría bien el alcalde, que apoyó en su día esta ocurrencia municipalizadora, en asegurarse de que la imaginativa gestión de María Sánchez no acabe hipotecando el suministro de agua en la ciudad.

 

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