El cierre de consultorios en el mundo rural provoca la primera gran crisis entre PP y Cs en la Junta de Castilla y León
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El cierre de consultorios en el mundo rural provoca la primera gran crisis entre PP y Cs en la Junta de Castilla y León

Alfonso Fernández Mañueco saluda a Francisco Igea este lunes en el pleno de Cortes. Foto: Ical

La necesaria reforma de la sanidad, con un 'plan Aliste' con el que pocos están conformes, y el cierre prolongado de los consultorios abre una brecha entre los socios de Gobierno en la Junta en el inicio del curso político. Igea y Mañueco evitan tensar la cuerda de cara a la opinión pública.

Y, de repente, con el curso político recién iniciado, la primera crisis seria de Gobierno aflora en Castilla y León. Por ahora, sin consecuencias aparentes y con dos años de legislatura por delante, pero con la sensación de que la coyuntura y los tiempos políticos pueden terminar con el acuerdo que hizo a Alfonso Fernández Mañueco presidente. El gran vencedor, Luis Tudanca, que ha visto fructificar su estrategia para dar la batalla por el 'cierre' de la sanidad pública. El mayor perjudicado, el vicepresidente Francisco Igea, que todavía no da su brazo a torcer.

 

El detonante ha sido la decisión del PP de apoyar una iniciativa del PSOE en una cuestión, la reestructuración de la sanidad pública regional, que es competencia de Cs. Con esta decisión, el lado 'popular' del Gobierno ha roto, a través de la postura de su grupo parlamentario en Cortes, la norma política para estos casos. Lo normal en un gobierno de dos partidos, como explicaba el propio Igea, es que cuando se presenta una iniciativa parlamentaria de cualquier tipo sobre un asunto que corresponde al otro socio lo que hacen es respaldar la acción del gobierno. Es lo que había pasado hasta ahora, y lo que debe pasar si se quiere que el pacto sobreviva, pero esta vez el PP decidió llevar sus procuradores por otro lado.

 

Desde Cs lo tienen claro: "esta vez no ha ocurrido"... pero no pasa nada. Y el propio Igea ha comprometido seguir apoyando a su 'socio' aunque también ha admitido estar molesto por lo ocurrido. No ha dudado en calificar el movimiento del PP como un "error político o de cálculo", pero ha añadido que el pacto no supone estar "casado" con Fernández Mañueco: con su peculiar estilo ha añadido que él discute con su mujer y sigue casado.

 

Cs, por tanto, quiere seguir 'casado' con el PP en Castilla y León y afirma que no está en juego la estabilidad y el apoyo al gobierno, pero ha recordado que llegaron al gobierno con un reparto de tareas y programa común y tanto reparto tareas y programa se "van a mantener", algo que ha corroborado con el presidente, que ha trasladado a Tudanca que si quiere hablar de Sanidad tiene que ser con la consejera. Por si fuera necesario, Igea se ha hecho la foto con todos sus 'poderes': el portavoz del grupo parlamentario y los consejeros de Cs, las cartas que juega en esta partida. Son las bazas que puede jugar para intentar mantener su cuota y eso pasa, hoy por hoy, por mantenerse en el Gobierno.

 

Por su parte, desde el PP aseguran que el pacto de gobierno goza de una “excelente salud” y que el contacto entre ambas formaciones es permanente. Achacan lo ocurrido al hecho de que “no somos el mismo partido” y que las diferencias son normales en un gobierno de coalición. Más o menos, en la línea de la visión de Ciudadanos, pero más perfil bajo.

 

El asunto tiene pinta de escarceo, pero no deja de ser la primera desavenencia política en sede oficial entre los dos socios de Gobierno. El anticipo de un divorcio que, de cara a la galería, parecía imposible hasta hace sólo unos días en una relación que, no obstante, está sujeta como todos los vínculos políticos a los intereses de partido. En ese terreno, la coyuntura nacional, con el PP escrutando el futuro demoscópico con intenciones electorales y Cs todavía dolido por los reveses en las urnas, puede acabar pesando más que la estabilidad que siempre se ha pregonado como objetivo número uno del pacto.