El castillo de Tejeda y Segoyuela, el símbolo de un señor feudal que puso en su contra a todo un pueblo
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El castillo de Tejeda y Segoyuela, el símbolo de un señor feudal que puso en su contra a todo un pueblo

El castillo y su cercano convento fueron muestra del poder de los Tejeda, propietarios del señorío de estas tierras: levantado para mantener sus privilegios, ahora está en progresiva ruina.

Un castillo con más de 500 años de historia, levantado para protegerse de los propios y símbolo de un tiempo muy remoto, ahora en riesgo de perderse para siempre. Es el castillo de Tejeda y Segoyuela, uno de los numerosos monumentos de la provincia en peligro de derrumbe total, del que todavía queda en pie una imponente torre prueba del poder de un señorío casi feudal, puede que el último de Salamanca, que puso en su contra a todo un pueblo.

 

No faltan en Salamanca elementos del patimonio en riesgo de perderse para siempre. La provincia tiene una nutrida presencia en la Lista Roja de Hispania Nostra que recoge 33 edificaciones de la provincia que están en riesgo de desaparecer o al borde de perderse por su mal estado, el último, el puente Rando en San Esteban de la Sierra. En la lista hay iglesias, conventos, fuertes, murallas... en la provincia y en la propia capital, e incluye cinco castillos.

 

Uno de ellos es el de Tejeda y Segoyuela. A poco más de 60 kilómetros de la capital, y muy cerca de Tamames, su imponente torreón se puede ver desde todos los puntos de este pequeño municipio de menos de 100 habitantes, aunque es poco más lo que queda.

 

En estos momentos se conserva la gran torre del homenaje y parte del recinto fortificado, pero en su día fue una gran construcción, con troneras para cañones y almenado en la torre. Según describe la asociación Hispania Nostra, hasta el año 1965 contaba con una tercera pared que se desmoronó y que era a su vez la entrada al castillo, con un puente y un foso. Su aspecto es el de la foto inferior, perteneciente al Catálogo monumental de España de 1903.

 

 

En esta misma obra, de Manuel Gómez Moreno, se describe la construcción. "Será del siglo XV, y se compone de una torre grande y rectangular que tuvo suelos de madera, con troneras abajo para cañones; un recinto cuadrado, con pequeños cubos a los ángulos y otro resguardando la puerta; habitaciones adheridas a él por dentro, y más afuera, una barbacana destruida y foso. Su construcción es de pizarra trabada con mortero y esquinas de granito", dice.

 

Lo más llamativo es su historia: fue levantado no para defenderse de amenazas exteriores, sino de sus propios habitantes. Su promotor fue Fernando de Tejeda, que se oponía a que se le aplicara la jurisdicción de Salamanca. En aquellos tiempos, el señor de unas tierras, como eran estas de los Tejeda, podía ejercer jurisdicción sobre sus habitantes y se enriquecía a su costa, a partir de la actividad de estos, fundamentalmente agraria.

 

La jurisdicción estaba en riesgo por la presencia del corregidor de Salamanca, para lo cual en 1453 mandó construir el castillo, pero no para evitar que se le aplicara esa norma a la villa, sino para defenderse del pueblo que se revelaba contra él. De hecho, llegó a tener horca y a darle uso para aplicar justicia en aquel tiempo (hay un teso en el municipio donde se cree que estaba instalada) y fue lo primero que mandaron destruir las autoridades salmantinas.

 

Cuenta el municipio con una iglesia parroquial de finales del siglo XV y con un convento de franciscanos, de 1567, que ha corrido la misma suerte que el castillo. Se encuentra a escasos 100 metros, también en estado de abandono, aunque en su día tuvieron vínculo: el poder de los Tejeda era tan grande que gozaba de la simpatía de la Iglesia, de ahí la vecindad entre la fortaleza de este noble y la comunidad franciscana en un municipio hoy reducido a menos de un centenar de vecinos.

 

Actualmente, castillo y convento franciscano pertenecen a la misma persona, un particular. La finca donde se encuentra el castillo está vallada, lo que permite preservalo en cierto modo del acceso incontrolado. No obstante, la torre y los restos de la construcción sufren el deterioro por el paso del tiempo y las inclemencias meteorológicas, lo que les augura una futura desaparición.