El callejón sin salida de las últimas casas bajas de Pizarrales

Una figura urbanística controvertida mantiene un grupo de las últimas casas de una planta de Pizarrales sin posibilidad de reformas o arreglos a la espera de una reurbanización inasumible que costaría más de un millón de euros.

Las calles Alameda, Teso Buenavista y Pasaje de la Corriente delimitan uno de los últimos núcleos de casas de una planta en el barrio de Pizarrales. Son viviendas humildes, pero legales, que ocupan un pequeño teso al que se llega a través del último tramo de la calle Alameda, que queda sin salida allí mismo, a la altura del número 40. Sin embargo, a día de hoy sus propietarios no saben cuánto tiempo más podrán habitar sus viviendas por culpa de una figura urbanística que mantiene en el aire la actual disposición de las viviendas.

 

"Lo que quieran es que desaparezcan las viviendas", dice uno de los afectados, Víctor, propietario del número 39 que esta semana ha visto cómo su precaria situación daba una vuelta de tuerca más. En su propiedad, una vivienda de una planta, un incendio ha obligado a actuar a los bomberos y se teme que su futuro se va a complicar un poco más.

 

El incendio provocado por unos 'okupas', que hicieron una fogata en su interior, ha servido para sacar a la luz la triste realidad. Según denuncia el propietario de la vivienda, Víctor Calle, el Ayuntamiento de Salamanca ha rechazado su última solicitud responsable para llevar a cabo labores necesarias para evitar situaciones como la que se ha producido. Pidió poder limpiar el inmueble, ya afectado por un anterior incendio, y cerrar su acceso para evitar que entrara nadie a hacer, por ejemplo, una fogata como ocurrió. Ahora, cree que no le quedará más remedio que ir a juicio y defenderse porque, seguramente, le llegará una factura del servicio de extinción de incendios que deberá atender a pesar de que el consistorio no le permitió tomar las medidas para evitarlo.

 

 

En una situación parecida están los seis vecinos afectados por lo que se llama una controvertida figura urbanística. En el último PGOU, se definió la manzana que comparten todos como objetivo de una actuación aislada de normalización. Eso supone que la manzana debe ser objeto de una actuación para ordenar sus viales y servicios, pero también que los propietarios tienen dificultades para hacer mejoras en sus inmuebles. Al menos, eso es lo que se esgrime en las denegaciones que los vecinos han recibido a los permisos de mejora solicitados.

 

Pero es que la otra opción es todavía más complicada. Los propietarios de esta actuación aislada de normalización pueden promoverla, pero tendrían que asumir los gastos de urbanización, que son millonarios, y luego reparcelar con el nuevo esquema de calles, lo que podría dejar si espacio suficiente para dar cabida al mismo número de viviendas que hay en la actualidad. Además, pueden verse obligados a vender por un justiprecio, en una expropiación, si un promotor se hace con un elevado porcentaje (a partir del 70%) del suelo. Los vecinos temen que ya haya alguno interesado en esta 'solución'.

 

Al final el resultado es que esas viviendas no pueden recibir los trabajos de conservación a los que, por otra parte, están obligados los propietarios. No se pueden mejorar baños o cubiertas, tampoco mejoras de eficiencia, por ejemplo. "Terminan obligando a derribar porque no nos permiten mantener", denuncia Víctor. Y eso es lo que se temen que ocurra finalmente. Todo un callejón sin salida para las últimas casas bajas de Pizarrales.

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