El bus Salamanca-Madrid, un negocio de 13 millones de euros a expensas de un concurso público

Un vehículo de la línea Salamanca-Madrid, en la Plaza Mayor. Foto: EP

La línea, una de las más rentables del transporte de viajeros por carretera, no se ha licitado por completo nunca. Fomento tiene que sacarla a concurso con otras grandes líneas.

El contrato del transporte en autocar entre Salamanca y Madrid es uno de los más rentables del país. Durante 2016, la empresa que explota la línea logró cerca de 13 millones de euros en ingresos gracias a que transportó a más de 800.000 viajeros. Razones más que suficientes para que la posibilidad de que se abra una licitación la convierta en objeto de deseo por parte de empresas del sector, y para que la actual concesionaria, Grupo Avanza, lo defienda con uñas y dientes, con mejoras como el servicio del aeropuerto.

 

Esta línea es una de las diez que más recaudan de todo el país. Está en la línea de lo que ingresan las conexiones entre Madrid y Granada y Madrid y Valencia. Las más jugosas son las conexiones Madrid-Irún, Madrid-Gijón y Madrid-Barcelona: la primera ronda los 35 millones de euros en ingresos al año para la empresa que la explota y las otras dos superan ampliamente los 20 millones. Las tres están en manos de uno de los operadores monopolísticos, el Grupo Alsa. Como esas, la Salamanca-Madrid está en manos de una de las empresas que más concesiones tiene, Avanza. Es la actual denominación de lo que siempre fue Auto-Res, que disfruta de la concesión desde hace décadas a pesar de que, desde 2013, el contrato está caducado

 

La línea Salamanca-Madrid es una de las pocas que nunca ha salido a concurso en su totalidad y que deberá hacerlo próximamente. Será entonces cuando la actual concesionaria tendrá que jugársela con empresas del sector turísticos y del transporte de viajeros para competir, en igualdad de condiciones, por el contrato. Globalia, el grupo de Juan José Hidalgo, es una de las que más fuerte está pujando tras librar una auténtica batalla legal con el Estado para poder entrar en los concursos.

 

Las concesiones de las líneas históricas de transporte regular de viajeros vienen del franquismo. Entonces se concedieron por 99 años a una serie de empresas que o bien se han mantenido activas o han sido compradas por grandes grupos que se han quedado con un negocio al que no han dejado entrar a nadie. Las grandes líneas las tienen dos grupos: Alsa y AvanzaBus. En 1987 el Estado tuvo que regularizar la situación limitando la duración de los contratos con una prórroga de 20 años, hasta 2007.

 

A partir de entonces, tenían que salir a concurso todas las líneas, pero se hizo con un protocolo que favorecía a las empresas que ya las tenían: se dio ventaja en el concurso a quienes ya explotaban alguna de estas líneas concedidas históricamente. Empresas como Globalia recurrieron y consiguieron poder competir con importantes bajas en los precios de los billetes, que llevaban décadas sin variar. Sin competencia, las empresas han perpetuado el mismo servicio y casi los mismos precios. La empresa de Hidalgo ganó varios recursos y se hizo posteriormente con algunos de los concursos en los que ahora pesan más en la puntuación los horarios y las tarifas, una vez que la UE anuló la ventaja que tenían las empresas históricas.

 

Ahora Fomento tiene que cumplir su promesa de licitar todas las concesiones históricas, también las más grandes. En 2017 se licitaron cuatro y anteriormente había ido saliendo una docena. Se han adjudicado 21 contratos y el mismo camino tienen que seguir los 38 que había pendientes. Entre ellos, el del servicio Salamanca-Madrid.