El ataque de 'Casadismo' del converso Mañueco

Alfonso Fernández Mañueco, en su primera intervención tras el Congreso Extraordinario del PP.

El PP se dispone a arropar sin fisuras a su nuevo líder. El partido de la gaviota suele encumbrar a sus nuevos tótems como jubila a los viejos: rápido y a lo grande. Como ha ocurrido con Rajoy, se les organiza un funeral de faraones y, tras la última frase, son enterrados en un grandioso panteón para no volver a salir nunca (salvo excepciones). Después, todos a una con el nuevo. Si hace falta, se adereza con encuestas ad hoc encargadas oportunamente por los independientes medios de la cuerda. Esa unidad que gritaron los compromisarios mientras le enmendaban la plana a los militantes es la que ha dado a los populares sus mayores cotas de poder, que al fin y al cabo es de lo que se trata. No es algo que se les pueda reprochar.

 

Sin embargo, en algunos casos los apoyos sin fisuras que se manifiestan ahora más parecen una manera de renegar de viejos credos, o no tan viejos, justo aquellos que se profesaban hasta el sábado por la mañana en un perdido hotel de Madrid. Si este rumorista fuera un mal pensado, diría que Alfonso Fernández Mañueco es uno de esos casos. No pasa nada. El 43% de los que ahora profesan la fe de Casado votaron la otra opción. No debería ser motivo de preocupación en un partido que, ahora, presume de proceso democrático. En todo caso, lo que llama la atención es cómo el alcalde de Salamanca ha abrazado, de repente, el 'Casadismo'.

 

En su primera intervención pública con medios tras el congreso, ha hecho una delirante conversión pública que, con sólo dos días de carencia, hasta le debe haber dolido. Ante los periodistas, Mañueco ha recordado que ya en abril dijo de el nuevo líder que "tenía el cariño y el respeto del Partido Popular de Castilla y León", una opinión que mantiene en la actualidad. Por arte de magia, el alcalde se saca de la manga un pretérito apoyo, acaso un intento que nadie le ha pedido para demostrar la pureza de su devoción al nuevo líder.

 

"Ya dije en aquel momento que era uno de los nuestros y que era una de las personas más queridas en el Partido Popular de Castilla y León, y tengo que poner de manifiesto además que, en estos momentos, no solo el respeto y el cariño, sino que tiene nuestra lealtad como presidente nacional del partido, nuestro compromiso y también nuestra confianza, y sobre todo el entusiasmo que han manifestado los afiliados". Más claro, agua: '¡Unidad, unidad, unidad!'. Vistas las declaraciones, bien podría parecer que fue él, y no su rival en las primarias autonómicas, quien ha movido los hilos por Casado.

 

La versión apócrifa es otra, claro. Mañueco confiaba en Feijóo (como todos) y tras apartar el gallego este caliz su caballo ganador era Soraya. En la tele se le vio muy próximo a la vice en su derrota: le hace gracia cuando se lo recuerdan. Y, acto seguido, apurado para llegar hasta Casado para ser uno de los cientos que no faltaron a la primera felicitación al ganador.

 

Bien podría parecer que, tras la neutralidad oficial, apostaba por el candidato de la tierra (¿Soraya no era de Valladolid?). Bien podría parecer que no cambió su voto en el último momento. O incluso que, como otros compañeros, teme consecuencias por haber estado decantado del lado equivocado. Quien sabe.

 

Después, ha confesado que hablaron. Primero, atropelladamente en el momento de la victoria. El sábado por la tarde ya más sosegado, en detalle. Me lo imagino haciendo discreta cola de quienes quieren tantear las intenciones del nuevo o recibir las bendiciones de El Padrino. Casado le prometió que respetaría los procesos internos de primarias como el que le eligió a él presidente del PP de Castilla y León o a Moreno en Andalucía... y que ha sido pasaporte directo para que el andaluz sea candidato a la Junta. La casi promesa de ir en cabeza de cartel bien vale una conversión a tiempo.