El ascenso de Mañueco, los líos de C's y el 'relevo' en el PSOE marcan el año político en Salamanca

El alcalde da el primer paso de su anunciada marcha a la Junta, el PSOE renueva a Fernando Pablos y Ciudadanos dinamita su propia agrupación local para relevar a un coordinador ajeno al aparato.

El que acaba ha sido, para la mayoría de las opciones políticas, un año de preparación para la cada vez más cercana cita con las urnas en 2019. Todos los movimientos que han dado los principales partidos están encaminados a las elecciones municipales y autonómicas (y puede que generales) que se asoman a un año y medio de distancia. Y algunos han tenido dificultades para completar los procesos de renovación que han servido para purgar algunos 'pecados' internos.

 

El primero en afrontar los procesos internos fue el PP, que en Castilla y León lo hizo en clave de sucesión ante la anunciada salida de Juan Vicente Herrera para 2019, que no antes según el todavía presidente. El burgalés tenía en sus planes dar una oportunidad a la zamorana Rosa Valdeón como su candidata a la presidencia 'popular', pero un feo asunto la dejó fuera de juego a finales de 2016, cuando dio positivo por alcohol tras sufrir un accidente de tráfico. Poco después, tras el congreso nacional del PP en febrero de 2017, Fernández Mañueco ponía las cartas sobre la mesa y hablaba de un único candidato a relevar a  Herrera: presumiblemente, él mismo.

 

Las intenciones del alcalde de Salamanca no se hicieron realidad y tuvo que lidiar en unas primarias con el alcalde de León, Antonio Silván, político de trayectoria cercano a Herrera, con el que compartió años de gobierno regional. Las primarias quedaban servidas y dejaban algunas heridas. La primera, comprobar que de los 49.000 militantes de los que presume el partido sólo 9.900 estaban al día de pago de cuotas; al final, menos de 7.000 se inscribieron para elegir entre Mañueco y Silván. El partido presentó un censo incompleto y el día de las votaciones hubo escándalo por la decisión de Mañueco de enviar a su hombre fuerte en el Ayuntamiento de Salamanca y a personas de su gabinete a 'enredar' la cita con las urnas en León, territorio Silván, como interventores.

 

Mañueco hizo campaña en horario de alcaldía y usando a sus asesores pagados con fondos municipales. Al final, el alcalde salmantino se salió con la suya, jugando en su terreno: tras casi dos décadas como secretario general el control de la afiliación estaba en su mano. Fue nombrado e hizo sus primeros cambios en el grupo político de Cortes cambiando al portavoz. Ahora sólo queda confirmar el trámite de su designación como candidato, y encontrarle un sustituto en Salamanca: será pronto, antes del verano.

 

En el PSOE salmantino se ha producido un 'relevo', así, entre comillas. Tras el regreso de Pedro Sánchez a la secretaría general, los opositores a Fernando Pablos pensaron en hacerle pagar por su decisión de apoyar la ejecutiva que derribó a Sánchez la primera vez en Ferraz. Antes del verano, todo indicaba que una candidatura 'sanchista' asumiría la secretaría provincial, pero ¿cuál? A la hora de la verdad, varios candidatos enarbolaron la bandera del líder regresado, mientras Fernando Pablos se lo pensaba: de tener casi decidido no presentarse pasó a una candidatura para su último mandato.

 

El veterano dirigente obtuvo el triunfo en primarias ante Fernando Vegas, la opción 'sanchista', y asume que sus último cuatro años al frente del partido tiene que pensar en el futuro del partido. Renovar las candidaturas y recuperar terreno en la capital, igual que se hizo en la provincia en 2015, son sus tareas. El futuro es José Luis Mateos. 

 

El joven político deja la ejecutiva, pero para centrarse en la portavocía del Ayuntamiento de Salamanca, donde ha sorprendido a propios y extraños. Con sus aciertos y sus errores, en una época convulsa en el PSOE, ha sabido sortear los muchos meses de indecisiones de su partido para hacer una oposición sensata, coherente y efectiva, capaz de gobernar desde el pleno tras decantarse Mañueco por los decretos y una campaña permanente en el exterior. No ha sido todo perfecto, pero el 'marrón' era considerable: era el tres y se vio abocado a llevar un grupo municipal con los menos de 26 años que tenía cuando lo cogió. Lo visto es como para darse por satisfechos y sobre esa base toca construir.

 

En el caso de Ciudadanos, el partido 'naranja' ha sido (y sigue siendo) la casa de los líos. Las divisiones internas tanto a nivel orgánico como en el grupo municpial del Ayuntamiento de Salamanca son patentes hasta el punto de que ya ni se disimulan. En parte son por el constante, poco disimulado y nada crítico apoyo que se brinda a Fernández Mañueco, al que se le facilita el gobierno desde hace más de dos años.

 

Con todo, el caso más evidente del rumbo de C's es la denuncia falsa de una adjudicación en Villares de la Reina... que en realidad nunca se produjo y que C's llevó a los juzgados como estrategia poítica. Las disensiones ya quedaron en evidencia en el proceso para adaptar las estructuras al nuevo organigrama marcado por Rivera. Se eligió un nuevo coordinador de la agrupación de la capital, la más importante, pero nada salió como esperaba. La candidatura 'oficialista' no fue capaz de presentar una lista correcta a tiempo y al final ganó por incomparecencia una candidatura alternativa liderada por un 'outsider', César Ayllón. Luis Fuentes y su núcleo perdían el control de esta agrupación.

 

No obstante, el cambio no fue lo que se esperaba. Casi desde el primer momento hubo tensiones entre el nuevo coordinador y algunos cargos electos, que se tradujeron en dimisiones que dinamitaron a la nueva ejecutiva. En septiembre, el nuevo coordinador estaba fuera porque más de los miembros de su equipo se habían marchado: la ejecutiva se disolvía por estatutos. Ayllón estallaba con una frase en TRIBUNA: "Ciudadanos en Salamanca son los cuatro que están cobrando y sus amigos y familiares: no hay afiliados". Daba igual: en julio Fuentes y Yáñez ya habían logrado el control de la ejecutiva provincial nombrada a dedo y en octubre en sólo tres días y sin elecciones el aparato lograba sacar adelante, ahora sí, una candidatura afín.