Donantes de mĂŠdula, la salvaciĂłn para muchos pacientes

Solo el 30% de los enfermos que necesitan un trasplante de mĂŠdula Ăłsea tiene un donante familiar

Solo el 30 por ciento de los enfermos que necesitan un trasplante de mĂŠdula Ăłsea tiene un donante familiar, el resto de ellos tienen que encontrar un donante no emparentado, segĂşn informa la doctora Dolores Caballero, HematĂłloga jefe de la secciĂłn clĂ­nica y responsable de la unidad de trasplantes del Hospital de Salamanca.

Para ese 70 por ciento de los enfermos, el hospital dispone de mĂĄs de 18 millones de donantes, los que hay en el registro internacional.

Dentro de ese registro se encuentran varios donantes de Castilla y LeĂłn. Hasta julio de 2012, en la comunidad se han inscrito en el registro de donantes de mĂŠdula Ăłsea 619 personas, 190 personas mĂĄs que el aĂąo pasado en las mismas fechas.

Sin embargo, “es una vergüenza que sean menos de 20.000 españoles de esos 18 millones”, afirma la doctora Caballero. Este número tan bajo se debe a la falta de campaña para la donación de médula. “La Organización Nacional de Trasplantes tenía la responsabilidad de hacer campaña. Sin embargo, delegó eso a las autonomías. Estas, para no gastar dinero, tampoco han hecho ningún esfuerzo. A nivel local sí que se han hecho iniciativas, no solo de trasplante de médulas, sino de sólidos”, explica Dolores. La ASCOL siempre está realizando campaña para que haya donación, con charlas y mesas redondas.

El 60 por ciento de los enfermos que tienen que acudir al registro de donantes de mĂŠdula encuentra un donante en los 6 primeros meses. Al 40% restante se le hacen dos cosas: por una parte, la bĂşsqueda de cordĂłn umbilical y, por otra, realizar el nuevo programa de trasplante emparentado pero no idĂŠntico, denominado haploidentico: solo es la mitad igual que el enfermo. Esto se utiliza cuando el enfermo necesita un trasplante con relativa urgencia.

Y es que, dependiendo del tipo fuente de progenitores, hay varios tipos de trasplantes: La primera es de mĂŠdula Ăłsea, en el cual se incorpora al paciente cĂŠlulas tomadas directamente de la mĂŠdula Ăłsea del donante, generalmente aspiradas de las crestas ilĂ­acas. El segundo tipo es el de sangre perifĂŠrica, por el cual se recolectan cĂŠlulas hematopĂŠyicas del donante a travĂŠs de un proceso denominado afĂŠresis. Por Ăşltimo, la sangre de cordĂłn umbilical, cuyas cĂŠlulas madre se toman del cordĂłn umbilical de un bebĂŠ reciĂŠn nacido inmediatamente despuĂŠs del parto.

“Ni los efectos secundarios, ni el papeleo, ni los controles cuestan comparado con la satisfacción moral”

Rocío Iglesias es salmantina y donante de células progeneitoras. “Soy donante de sangre y tenía a una amiga trabajando en ASCOL, me lo comentó lo de donar y yo le dije que sin problema, dado que es algo que se puede regenerar otra vez”.
“Para ello, le di mis datos a ASCOL. Ellos trabajan con el clínico y me llamaron para hacerme unos análisis. Tienen una base de datos de donantes de médulas y en el momento que eres compatible con un paciente te sacan sangre, pero le hacen un análisis más exhaustivo”.

Una vez que el paciente va a donar, tiene que administrarse un medicamento por vĂ­a subcutĂĄnea durante cuatro dĂ­as. Ese medicamento es una copia de la proteĂ­na humana que regula la producciĂłn y liberaciĂłn de las cĂŠlulas sanguĂ­neas que protegen de la infecciĂłn.

Tras esos cuatro dĂ­as, el donante tiene que acudir al banco de sangre, bien desayunado. AllĂ­ se lleva a cabo el proceso de recogida, mediante un separador celular similar a los utilizados para recolectar plaquetas.

Un proceso que dura de 2 a 3 horas

En general, el procedimiento dura unas 2-3 horas. El donante “se conectará” a la máquina mediante aféresis mediante dos punciones en dos venas de los brazos (similares a las realizadas para donar sangre). Se procesarán aproximadamente 10-12 litros de sangre a través del Separador celular, el cual por “centrifugación” recogerá las células mononucleadas, en cuya fracción se encuentran las progeneitoras hemotopoyéticas y las otras fracciones sanguíneas le serán devueltas al donante a través de la vena pinchada. Una vez finalizado el proceso, el donante puede ir caminando a su domicilio.

Tras la donaciĂłn, el donante debe realizarse un control analĂ­tico a la semana, al mes y a los tres meses y una vez al aĂąo durante cienco aĂąos, ya sea en el hospital de la donaciĂłn o mandando los datos a este.

En cuanto a los métodos legales, “solo se trata de firmas de papeles en la que aseguras que estas de acuerdo, que te han explicado la extracción y los tratamientos pre y post, además de que lo haces voluntaria y libremente. También hay un seguro de vida durante un año, pero no había pensado en ello ni en que me pudiera pasar nada porque estas controlada y en buenas manos”, asegura Rocío.

“Ni los efectos secundarios, que fueron pocos en mi caso, ni el papeleo, ni los controles médicos cuestan comparado con la satisfacción moral que da donar y saber que estas salvando la vida de una persona” asegura Rocío. “Esa satisfacción moral es tanta que ni se puede describir”.

Sin embargo, Rocío no se considera una heroína. “Es una satisfacción personal que no vas proclamando por todos los sitios, no me siento una heroína ni nada parecido porque cuesta muy poco. Ojalá donara todo el mundo”.

Al ser tanto la donación como la recepción anónima, Rocío no ha podido saber quién es la persona que recibió sus células. Sin embargo, “si sabía que era un niño por el peso, por lo cual, cuando iba a donar yo sólo podía decir que iba a tener un niño”. Además, “lo único que me comentaron es que me dirían si fue satisfactorio o no, estoy esperando a que me lo digan, supongo que se le habrá olvidado pero espero que todo haya salido bien, me da pánico pensar que no fue así”.

“No es un camino de rosas, pero es un camino de vida”

Gracias a gente como RocĂ­o, muchas vidas se salvan. Una de ellas es Maria JesĂşs, una paciente a la que le realizaron un trasplante de mĂŠdula alogĂŠnico tras diagnosticarle un linfoma no-Hodgkin.

Después de matar todas las células cancerígenas en quimioterapia, Maria Jesús recibió en vena la médula del donante. Todo ello fue en el Hospital Clínico de Salamanca, al que Maria Jesús estará “siempre agradecida”.

“Caí mala en Valladolid y el médico de cabecera me mandó a Salamanca. Si no es por los médicos del Clínico yo estaría muerta, es un equipo pionero en estos temas”.

Poco a poco, María Jesús fue mejorando, pero con varias complicaciones. “Estuve un año ingresada en el hospital, y el segundo año fui “hospitaldependiente”, porque estaba muy débil y acudía al hospital para que no hubiera ninguna complicación. A partir del tercer año ya empecé a levantar cabeza”.

Es entonces cuando los médicos realizan un seguimiento con los pacientes. “Al principio acudía todas las semanas, porque los médicos necesitan ver cuales son tus niveles de defensas. Cuando vas mejorando, ya te toca ir cada quince días y después un mes. Todo eso si no hay complicaciones, aunque generalmente las hay, es lo normal”.

Ahora mismo, María Jesús disfruta de unas estupendas vacaciones. “Ya puedo llevar una vida normal aunque sigo acudiendo al hospital todavía, tengo que tomarme una pastilla para que no me produzca rechazo, pero este último año he estado perfecta. Sin embargo, no es un camino de rosas, es un camino de vida, no hay otra. Hay que estar positivamente”.

Sobre su donante, María Jesús, solo sabe que es una persona joven y alemana. “Estoy muy agradecida por todo, eso le diría”.

Por ello, anima a todo el mundo a que done, puesto que “es un acto que no cuesta nada, es como donar sangre. Tienen que pensar que es algo que les podría pasar a ellos, a sus hijos o a sus hermanos”.