Dejarse de cuentos
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Dejarse de cuentos

La opinión de Diego Jalón en Tribuna de Valladolid.

Cuando volvió de Las Marismillas, el dinosaurio todavía estaba allí. Porque el gran problema de Sánchez, el verdadero monstruo que atenaza la legislatura no ha desaparecido tras esas vacaciones que el presidente ha pasado en Canarias y Doñana ante la perplejidad de los cada vez más numerosos españoles que han veraneado en las colas del INEM. Como dice la campaña publicitaria que el Gobierno lanzó para fomentar ese turismo nacional que con tanto fervor ha practicado estas semanas nuestro presidente, “lo increíble está más cerca de lo que crees”.

 

Por mucho que ahora el presidente se obstine en ese plan redondo que consiste en quitarse de encima cualquier responsabilidad, darse mus y dejar todo el marrón de la gestión de la segunda ola y de la vuelta al cole a las comunidades autónomas, su situación no es mejor que la de Damocles. Como el cortesano de Dionisio, el tirano de Siracusa, Sánchez celebra sus éxitos europeos con una espada sobre su cabeza, sujeta tan solo por una fina crin de caballo.

 

Disfruta ahora sacudiéndose sus deberes y obligaciones como jefe del Gobierno y ha puesto en marcha esa idea redonda de culpar a los gobiernos regionales de todo lo malo que pueda ocurrir en la gestión de una pandemia de la que él ya no quiere saber nada. Sobre todo, se trata de apuntar a las comunidades cuyos estúpidos ciudadanos han votado al PP en vez de votarle a él. Y de poner a la Comunidad Madrid en el centro de la diana porque la gobierna una desequilibrada mental. Tendrá Ayuso que protegerse con una coraza tan dura como el lomo, y la cara, de alguno de los correveidiles del presidente si quiere salir viva del bombardeo que le espera. Y no es la única, los cañones apuntan también a Mañueco, a Feijoo, a Moreno y a Miras.

 

Pero todo esto son fuegos de artificio, una vana pirotecnia que no va a resolver el verdadero problema de Sánchez, por muy redondo que le parezca este nuevo storytelling. Porque la verdadera cuestión, como decía el asesor de Bill Clinton James Carville, “es la economía, estúpido”. Y el dinosaurio de este cuento de Monterroso es la aprobación de los presupuestos y de un plan creíble de reformas e inversiones que convenza a Europa. Y ahí el cuento no le queda tan redondo a Sánchez.

 

Para aprobar los presupuestos, a Sánchez de momento no le salen las cuentas. Porque ERC no va a ser de la partida, al menos hasta que pasen las elecciones catalanas y será demasiado tarde. La única opción es que le apoye Ciudadanos y que Pablo Iglesias pase por el aro. Y además habrá que contar con PNV, Más País y al menos otro diputado, tal vez de Teruel Existe. Pero la trama diabólica es la de conciliar el apoyo de Unidas Podemos y Ciudadanos. Ahí es donde se juega Sánchez la presidencia y nosotros la ruina. La otra opción sería un acuerdo con el PP, pero de momento no parece verosímil ni como guion de un episodio de Black Mirror.

 

Mientras tanto, los de siempre, los ciudadanos, ven cómo los ERTES llegan tarde y mal, las ayudas sociales no alcanzan y el paro crece. El Banco de España prevé que pueda llegar al 24%. El turismo se ha dado, a falta de cifras oficiales, un batacazo monumental pese al titánico esfuerzo de Sánchez por sacarlo adelante viajando con su familia en el Falcon. Los créditos y las ayudas no llegan a las Pymes, que siguen teniendo que pagar impuestos, las empresas están en la cuerda floja, el déficit se dispara y la deuda pública bate récords.

 

Igual es momento de aparcar el marketing político y de buscar una solución. Seguro que no pasa por seguir el compadreo con el dueño de ese chalé rodeado de terribles insultos en forma de pintadas, en el que llueven las pelotas de tenis mientras las nanis bañan a los niños en la piscina y los padres siguen agitando en el Consejo de Ministros la bandera del revanchismo republicano con el odio entre los dientes. Es ahora o nunca, el momento de la verdad, de dejarse de cuentos y buscar soluciones.