De la tauromaquia de Juan del Álamo al poso de Castella

Juan del Álamo y Castella (Foto: Carlos Perelétegui)

La Feria Taurina de Salamanca 2015 no ha dado muchas alegrías a los aficionados exceptuando las faenas de Del Álamo y Castella. Las grandes figuras como Morante y El Juli han pasado por La Glorieta sin despeinarse, las ganaderías y el tiempo no han acompañado, y la grave cogida de Perera ha sido su sello de identidad.

Que lo sepan todos, los antitaurinos, los taurinos y los indiferentes, que lo sepa el mundo entero, que conozcan la grandeza de espíritu de los toreros en general. Que todos sepan que mientras haya un toro bravo y un hombre dispuesto a ponerse delante, jugándose la vida para expresar su arte, el mundo del toro perdurará, por mucho que sea atacado por gentes que, en general, lo desconocen.

 

No es tarea baladí la de este mirobrigense, por ser dueño del arte que Dios le ha dado. Salmantino de nacimiento, torero por sentimiento. Sin duda alguna, Juan del Álamo, en la Feria Taurina de Salamanca 2015, una vez más, ha sido el dueño y señor de las faenas más emotivas; un estandarte artístico el que ha mostrado por esta plaza de Dios en la que, tras su paso, ahí ha quedado la estela de su creatividad, de su pureza, provocando emociones indescriptibles. Salamanca sigue siendo su plaza, el acomodo para su alma y, sin duda, el relajo lleno de disfrute para su cuerpo al comprobar que, en dicho albero, pese a tantas trabas como le ponen a del Álamo, en la misma sigue siendo ídolo admirado.

 

Ahí queda, como reducto imborrable, su faena en la feria de septiembre en que, La Glorieta, crujió de verdad al amparo de su poderosa muleta, sencillamente, porque para mayor dicha, si al arte lo rociamos de verdad, la fusión no pude ser más bella. Tres naturales de este hombre bastaron y sobraron para que todo el mundo se pusiera de acuerdo; tanto que hasta recibió el premio a la mejor faena de la feria por la lidia al tercer toro de la ganadería de Montalvo, al que cortó dos orejas el 14 de septiembre.

 

Juan del Álamo en La Glorieta (Foto: Carlos Perelétegui)

 

Por dicha feria pasaron también grandes figuras. Dejaron un sabor amargo, haciendo llorar al cielo y empeorando el tiempo de una feria que gracias a sus actuaciones estaba más que hundida. Llegó Morante, torero de toreros, sin ganas de demostrar su arte ante un lote deslucido de El Puerto de San lorenzo. No mucho más hizo Manzanares, hijo de la leyenda y recién fallecido José María Manzanares. Y así de negro luto, pasaba su hijo por La Glorieta, derrochando la elegancia que le caracteriza, pero sin dejar buenas faenas.

 

Morante pasa sin despeinarse por la Feria Taurina 2015 (Foto: Carlos Perelétegui)

 

Sentimiento de rabia dejaría también un Julián López 'El Juli' que enseñó una faceta poco conocida en el. Salió al ruedo en una tarde de ventisca poco apacible como su carácter ese día. No hizo nada, no quiso pintar una obra de arte en el ruedo y dejó entristecido a un público que esperaba su faena 'como agua en mayo'. Y de grises pintaba la tarde... cuando hincado de rodillas en la arena se encontraba el diestro extremeño, Miguel Ángel Perera, ante un animal de la Ganadería de Garcigrande. El pitón agarró su vientre y lo tiró en volandas al callejón. Quizás esa fue su salvación o quizás la mirada de uno de los mejores equipos médicos de Salamanca, al mando el doctor Ortega, que en la enfermería de la plaza le operaron urgencia, dando alas a su vida.

 

Perera sufre una grave cogida en la Feria Taurina (Foto: Carlos Perelétegui)

 

Pero esta feria no hubiera sido la misma sin el francés, Sebastián Castella. Y ahí con sus manoletinas clavadas en la arena, demostró una vez más lo que había reiterado una y otra vez durante toda la temporada. Valor, madurez, torería, seguridad, empaque, poso y un cañón con los aceros ante los Montalvos.

 

Sin pena ni gloria pasaron las ganaderías que tampoco acompañaron y sobre el trapío dejaron mucho que desear. Solo destacó Montalvo. Por no hablar de los rejones. Aquí Sergio Galán dejó bien claro quien mandaba a lomos de su cuadra de caballos. El, y solo el, destacó entre galope y trancos con banderillas cortas y el rejón de muerte.

 

Y como se suele decir las desgracias nunca vienen solas y la de Perera se sumaba a la espeluznante cogida el pasado 16 de agosto de 2015 a Jiménez Fortes en Vitigudino. Otra faena de rodillas, un error, que catapultaba el pitón del toro dentro de la garganta del joven torero de 26 años, que más tarde fue operado en el Hospital Clínico de Salamanca. Hoy ya recuperado ha vuelto a los tentaderos y más seguro que nunca, afirma que volverá en cuanto esté al cien por cien.

 

Jiménez Fortes recibe el alta en el Hopital Clínico de Salamanca (Foto: T. Navarro)

 

Vemos pues que el toreo es un arte inigualable, de alegría y dolor, de lucha entre toro y torero... Los prohibidores deberían saber que los sentimientos no se pueden prohibir y, aunque no permitan que se celebren corridas, la tauromaquia permanecerá, con modificaciones, como todo en la vida, por siglos.