De la ilusión al disgusto

LA AMBICIÓN DEJÓ PASO A LOS NERVIOS. El Guijuelo cerró la Liga regular con su peor campaña de las últimas tres, sólo mejor que la del descenso. DECEPCIÓN. Por plantilla, el equipo debió estar arriba
JOSÉ ÁNGEL SANZ

Basta revisar las fotografías inmediatas a la conclusión del encuentro ante el Montañeros para comprobar que, a pesar del 4-0, la alegría era tibia en los jugadores del Guijuelo. Salvo una última y holgada victoria, poco más hay que celebrar en una plantilla que aspiraba a pelear en el medio de la tabla por retos como la Copa del Rey de la próxima temporada y que se ha visto abocada a jugar en la promoción por seguir en Segunda B. La temporada ha sido en su conjunto decepcionante. Y convulsa, también. Las campañas del Guijuelo nunca son tranquilas, pero en ésta las cosas se torcieron desde el inicio, con asuntos tan delicados como las bajas en el último instante de Toñito o Robert y el posterior juicio del delantero contra el club, la destitución de Ángel Crego en el mes de enero como técnico con Fabri y Pouso como recambios conocidos de antemano, la convulsa marcha del portero Goyo o, en lo extradeportivo, la amenaza de demanda de Julián Hornuss y el affaire con Javi Ballesteros.

A pesar de todo la plantilla chacinera, con los cambios a partir de la llegada de Carlos Pouso al banquillo, ha contado con calidad y amplitud para acometer algo más que la permanencia. El actual vestuario del conjunto chacinero cuenta con hombres con experiencia en categorías superiores como Romero (Recreativo), César Caneda (Sevilla, Athletic o Cádiz), Javi Casas (Athletic de Bilbao) o Carlos Rubén (Eibar). Ha contado con un vestuario profundo y tanto en la portería como en la defensa y el centro del campo ha actuado con soltura. Sus problemas han llegado en la delantera. Sin Robert, David Karanka se fue con más pena que gloria en invierno y Óscar Martín ha necesitado demasiadas ocasiones y minutos para ver puerta. Las mejores noticias llegaron de hombres como Montero, Romero, el más destacado de toda la temporada, los dos centrales Caneda y Juli Ferrer, junto a el lateral Jose, el mediocentro Iturralde y tanto Carlos Rubén como Pedrito, el primero llegado en el mercado de invierno y el segundo disponible, tras su lesión, en los doce últimos encuentros.

Las cosas comenzaron a torcerse cuando el equipo perdió la ocasión de puntuar de tres en tres en casa, uno de los pilares del conjunto a lo largo de su andadura en la categoría. La falta de resultados a domicilio sepultó el proyecto levantado con Ángel Crego en el banquillo cuando se sumaron diez encuentros consecutivos sin ganar. Con la llegada de Pouso, el equipo ganó dos de los tres siguientes encuentros y llegó a ser decimosegundo en la jornada 30, a falta de ocho partidos para el final. Todo parecía indicar que el equipo, con un final de temporada sin grandes alardes, como mínimo salvaría la categoría. El resultado es otro; el equipo cosecha la peor clasificación de la tres últimas campañas y sólo mejora la 2004-05, en la que se bajó a Tercera directamente. Ahora toca remar contracorriente y superar al Espanyol B en otras dos finales.