Cuando la política falla

El expresidente Felipe González durante la presentación del informe 'Jóvenes, Internet y democracia', un evento organizado por la Fundación Manuel Giménez Abad y la Fundación Felipe González, en el Palacio de La Aljafería de Zaragoza/ Aragón (España), a 2

Artículo de opinión de Diego Jalón.

Hace ya algunos meses escribía Juan Antonio Carrasco que España está inmersa en una tetracrisis, sanitaria, social, económica y política. Por la península galopan los cuatro jinetes del apocalipsis sembrando la muerte, la desigualdad, la pobreza y la incompetencia política que acabará desmembrando España si alguien no pone remedio. Pero tal y como están las cosas, va a ser muy complicado. Sobre todo, arreglar el desastre político e institucional.

 

En 1995 y al otro lado del Atlántico, el filósofo, profesor e investigador mexicano Luis Salvador Carrión escribía un ensayo, “Cuando la política falla” del que voy citar textualmente unas líneas. Salvando el tiempo y la distancia, parece que está describiendo, con la precisión de un reloj suizo, a nuestros políticos actuales: “los partidos y las élites políticas parecen no ser capaces sino de reiterar sus viejas rutinas, o bien aunarse a los clamores proféticos. En nombre de pleitos regionales y personalizados, se abandonan foros de discusión y negociación, exigiéndose recíprocamente “voluntad política”. La propuesta de una reforma política definitiva es dejada de lado, o por lo menos aplazada, en beneficio de un regateo cortoplacista que parece hacer caso omiso de la agravación de los más diversos problemas”.

 

Si no fuera el peor momento de los últimos 40 años para hacer bromas con esto, diría que vivimos en una historieta del gran Ibáñez y que estamos en manos de agentes de la T.I.A o de Pepe Gotera y Otilio. De los cuatro gravísimos problemas que azotan España, el sanitario, el social y el económico pueden tener solución, de hecho, no hay más que ver cómo otros países de nuestro entorno están capeando mucho mejor el temporal y saldrán antes de esta. Pero a lo que veo muy difícil poner remedio es a la incapacidad y a la ineptitud de nuestros políticos. Seguimos como cuando nos pintó Goya hace doscientos años, a garrotazos. Y como en el cuadro, si uno se fija bien, el suelo se hunde bajo nuestros pies.

 

La escasa inteligencia y preparación, la nula capacidad de trabajo, la incapacidad para gestionar y el constante recurso a la ideología para proponer soluciones simples y absurdas a problemas tan complejos son tristemente comunes y evidentes a izquierda y derecha. Pero claro, ahora mismo lo que más debería preocuparnos es la cualificación de los que van al volante, aunque los grandes grupos de comunicación parecen empeñados en lo contrario y seguramente tienen millones de razones.

 

Pero de vez en cuando hay voces que se atreven a decir algunas cosas que resultan de sentido común: “pactar un proyecto de país, y los presupuestos son el primer paso para eso, con la gente que no cree que el país deba continuar como proyecto, me parece una contradicción en sus términos”. Son palabras recientes de Felipe González, al que ahora algunos acusan de haberse cambiado de bando, pero que llevó al PSOE a su periodo más largo en el Gobierno y a conseguir más de diez millones de votos. El partido que ahora reniega de él gobierna con los peores resultados electorales desde 1977.

 

“Ahora.. ¿están dispuestos a pactar otros? pues tampoco lo veo. No veo al PP dispuesto a discutir un presupuesto para 2021, ¿pero saben lo que más me inquieta de todo? Que llevamos meses debatiendo quién está dispuesto a pactar o no los presupuestos y todavía no conocemos ni una sola cifra, ni una sola cifra". Añade González. Y es que realmente eso es lo más grave, que al final parece que lo importante es conseguir los apoyos para aprobar los presupuestos y no cómo sean estos presupuestos.

 

Volvamos a González:Es incomprensible para los socios europeos que se siga gobernando con un presupuesto preparado para 2018, con la que está cayendo. Necesitamos tener planes de inversión suficientemente convergentes para recuperar 140.000 millones de euros. Es mucho dinero”. Creo que poco más hay que decir. Si en una situación como esta, con el abismo tan cerca, sólo son capaces de seguir cambiando votos en el Congreso por indultos para los de la republiqueta catalana, de buscar el visto bueno de Bildu para las cuentas nacionales o de promocionar desde la vicepresidencia la transformación de España en una república plurinacional con derecho de autodeterminación a cambio de apoyos puntuales, están sembrando la semilla de la destrucción de España.

 

Acabo con González: “Mi agobio en la vida política hoy es que me cuesta un enorme esfuerzo sentirme representado, mire hacia donde mire”. No es el único.