¿Cuál es el origen de las luces que adornan la Navidad en Salamanca?
Cyl dots mini

¿Cuál es el origen de las luces que adornan la Navidad en Salamanca?

Foto: Arai Santana
Ver album

No sólo en Salamanca, alrededor de todo el mundo la luz se convierte en la decoración navideña por excelencia en la calle. Tanto es así que en algunas ciudades se realizan auténticos espectáculos ante los que es imposible quedarse indiferente pero, ¿cuál es el origen de esta costumbre?

Las luces de Navidad tal y como las conocemos ahora tienen un origen que se aleja de la idea actual. Muchos sitúan su origen en el siglo XVIII y a Alemania aunque hay quien todavía se remona más atrás puesto que se señala a una antiquísima tradición que proviene de los celtas, quienes adornaban un árbol a comienzos del solsticio de invierno a modo de ofrenda a Frey (dios del Sol y de la fertilidad).

 

Ya en el XVIII en Alemania se ponían velas que sujetaban con la cera derretida o bien con alfileres para que dotaran a los árboles, y a otros objetos, con ese aura misteriosa y mágica, justo la que la Navidad aporta.

 

Con el paso del tiempo, y para prevenir peligros, empezaron a utilizarse farolillos donde se protegía la vela, que así permanecía encendida más tiempo, y se evitaban los incendios. Y cuando la iluminación eléctrica ya fue algo más normal, tomó el relevo de estos.

 

En el Reino Unido cuando la Reina Victoria contrajo matrimonio con el príncipe alemán Alberto de Sajonia, llegó la tradición del árbol de Navidad decorado con adornos y luces. Esta costumbre se expandió por los hogares británicos e incluso trascendió a otras casas reales que imitaron la costumbre. 

 

Y de allí a Estados Unidos donde el primer presidente estadunidense que montó un árbol en la Casa Blanca fue Franklin Pierce en 1856. Allí usaban otro tipo de soportes cómo pequeños candelabros o farolillos hasta la llegada de la electricidad en la década de 1880.  Edward H Johnson, amigo de Thomas Edison, fue el creador del primer árbol de Navidad con iluminación eléctrica, que estaba formado por 80 bombillas de diferentes colores y cableadas a mano. El árbol se encendió el 22 de diciembre de 1882 en su propia casa en la Quinta Avenida de Nueva York.

 

Años más tarde, a principios de los 1900, ya se podían ver las luces de Navidad a modo de guirnalda decorando los escaparates de algunas tiendas y era inevitable que acabaran saliendo allí donde muchos pasan buena parte de su día, a las calles.

 

Eso sí hubo que esperar ya que dado el precio prohibitivo de las bombillas hubo que esperar a quese fuera reduciendo y la demanda ha sido tal que la técnica usada para la fabricación de las guirnaldas ha ido evolucionando progresivamente.

 

Desde el uso de bombillas de incandescencia de toda la vida (sin ningún tipo de protección contra la humedad o la intemperie) hasta el uso del LED blindado, el desarrollo de esta tradición ha llegado a nuestro días y nos acompaña no sólo en Navidad sino ya desde un mes antes de que lleguen las fechas señaladas.