Contaminación en la capital: el confinamiento da un (pequeño) respiro al aire de Salamanca

La presencia de contaminantes en el aire de la capital se reduce un 30%, aunque de manera insuficiente: ozono y partículas bajan de nivel, pero también se han producido 'picos' que nos delatan a pesar de la rebaja generalizada de tráfico. Las medidas de movilidad son la clave.

Gráfico de la emisión de partículas durante el estado de alarma en Salamanca.

El coronavirus ha dado un respiro a la atmósfera de Salamanca, pero no basta. Esta es la principal conclusión que se puede sacar de los cien días de estado de alarma, que nos ha obligado a un confinamiento entre absoluto y flexible y que ha reducido la circulación de vehículos particulares hasta niveles nunca vistos. Y esa ha sido la clave. Durante semanas de coches parados, transporte público en mínimos y movilidad prohibida, los niveles de contaminación de la capital han dibujado su propia curva con un 'suelo' históricamente reducido, aunque también se han producido picos de difícil explicación.

 

Las gráficas que acompañan este artículo son elocuentes. El nivel de los contaminantes que 'ensucian' la atmósfera de Salamanca ha bajado tanto como se ha reducido la circulación: mucho en las primeras semanas, salvo un pico muy elevado en los primeros días tras declararse el estado de alaram, y ha ido subiendo a medida que se iban liberando actividades y movilidad. Eso sí, se ha quedado de media un 30% por debajo y sigue sin llegar a su nivel anterior al confinamiento.

 

Los datos de la red de calidad de aire de Castilla y León permiten saber lo que ha pasado en materia de contaminación en Salamanca. El municipio cuenta con dos estaciones de control que han registrado los principales contaminantes en el aire: ozono, partículas y dióxido de nitrógeno, todos, vinculados en mayor o menor medida a los vehículos a motor, justo los que han parado. Como se puede ver en las curvas, partículas y dióxido de nitrógeno han estado en niveles mínimos, por debajo de los registros de los mismos meses del año pasado. La reducción se ha movido entre el 75% de los mejores momentos y un 30% menos: mucho en los momentos más duros del confinamiento, no tanto en otras ocasiones.

 

No obstante, no siempre ha sido así. En una primera fase, desde la declaración del estado de alarma hasta principios de mayo la línea de 2020 ha estado por debajo de la de 2019 en partículas y dióxido de nitrógeno como se ve en las gráficas con los datos de la estación Salamanca5; el ozono ha estado más igualado, este contaminante con datos de la estación Salamanca6.

 

Sin embargo, ha habido llamativos 'picos'. Durante los primeros días inmediatamente posteriores a la declaración del estado de alarma se registraron importantes niveles de partículas y dióxido de nitrógeno, directamente vinculados al tráfico. Se puede apreciar en la comparativa de partículas: la línea roja es 2020 y la línea naranja, 2019. El gráfico inferior marca el nivel de particulas pm10 de 15 de marzo a 21 de junio este año y el año pasado.

 

 

La primera semana de confinamiento terminó con un repunte de circulación y niveles de contaminación superiores a los de una semana normal: los salmantinos se quedaron en casa, pero sus coches no tanto. Más adelante hubo otros picos de partículas, como los del 4 y 22 de mayo o el 3 de junio, aunque la tendencia general ha sido de cifras por debajo de lo normal. En el gráfico de dióxido de nitrógeno se observan también esos picos, pero algo más atenuados; en la imagen inferior, la línea naraja es el dato de 15 de marzo a 21 de junio de 2020 y la amarilla, el mismo período de 2010.

 

 

Una mejora que no basta

Salamanca tiene un problema con su aire, y la mejora durante estas semanas ha sido importante. La reducción media de un 30% de los niveles contaminantes es una buena noticia, pero no es suficiente. El municipio sufre niveles altos de ozono y también de partículas. En 2019 mejoraron un poco, según el último informe de Ecologistas en Acción, pero todavía es insuficiente: el aire que respiramos en la ciudad es malo para la salud uno de cada cuatro días del año.

 

El principal problema es el ozono. La provincia y su municipio más poblado tienen un problema claro con el ozono, un contaminante altamente peligroso para la salud: puede causar problemas respiratorios, provocar asma, reducir la función pulmonar y originar enfermedades pulmonares. Como se ve en el gráfico inferior, el nivel de ozono ha sido alto este año, al nivel del año pasado, a pesar del confinamiento: la línea azul oscuro marca la evolución de 15 de marzo a 21 de junio de 2020 y la azul clara, el mismo período de 2019.

 

 

Durante el año pasado, Salamanca marcó los peores datos de ozono troposférico de Castilla y León. La 'culpa' de los episodios de calor de los primeros meses de 2019. Así ha sido tanto en las dos estaciones de medición de la capital como en la rural de El Maíllo, que bate todos los récords. 

 

Las estaciones de la capital superaron 18 días al año los niveles de protección de la salud marcados por la normativa estatal, y nada menos que 83 veces los límites definidos por la OMS, más exigentes. Es decir, que el aire que respiramos es perjudicial uno de cada cuatro días del año. Es una ligera mejoría con respecto a los 112 días del 2018, pero siguen siendo los peores datos de la comunidad.  Y el problema persiste, porque durante este 2020, incluso en los meses del confinamiento, ha tenido importantes 'picos' de ozono.

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