Como si fuera el ‘día de la marmota’

 
Teresa Sánchez
El Salamanca vive inmerso en su particular día de la marmota en el que una vez tras otra sucede lo mismo. Son ya más de dos meses en los que el resultado de sus partidos es siempre el mismo: la derrota. Eso sí, con una única diferencia que se va agigantando con el paso de las semanas y los partidos y es que el juego es cada vez menos consistente y ofrece más lagunas. No hay confianza y así las deficiencias de este plantel se acentúan.

El encuentro de las urgencias auguraba más tensión y menos juego del ya por sí excaso en la categoría. La misma necesidad que acucia al Salamanca persigue al Tenerife y bajo ese lastre se plantaron los dos sobre el terreno de juego, imponiendo la idea de protegerse atrás sobre la de arriesgar en la zona ofensiva. Por eso los primeros minutos del encuentro se sucedieron sin un dominador claro y con los dos equipos resguardados en su campo cada vez que era el rival el que se hacía con el control. Intentando aprovechar la defensa adelantada del conjunto tinerfeño, Cano alineó como punta a Kike López para intentar sacar fruto a su velocidad ante la zaga visitante. Una idea diferente que pronto comenzó a revelarse como un problema porque se convirtió en la única alternativa de los charros cada vez que encaraban la portería de Luis García. Sin que Yuste o Endika se atrevieran a jugar el balón en raso, con Bedia desubicado y tanto Perico como Quique demasiado lejos, los pelotazos continuos buscando la salida en carrera del delantero unionista permitían al Tenerife recuperar con facilidad el balón y así los locales se veían obligados a replegarse una y otra vez y alejar efectivos de la zona de ataque. El choque transcurría sin jugadas de peligro hasta que Hidalgo probó fortuna con un disparo lejano al que respondió de manera excelente Bernabé despejando a córner. La primera respuesta del portero madrileño era buena, algo positivo para su confianza después de tanta inactividad.

La Unión apenas creaba peligro y sin embargo fue la que se adelantó en el marcador. Lo hizo a balón parado tras una falta ejecutada por Quique Martín que buscó el espacio por detrás de la defensa donde apareció adelantándose a todos Moratón para cabecear de manera efectiva. Con el planteamiento inicial parecía que ese tanto podría venir a desarmar a los tinerfeños y dar confianza a los locales pero no dio tiempo a evaluar el efecto del gol local porque casi de manera inmediata llegó el empate. También a balón parado. Falló la zaga local en el despeje y Sicilia sólo tuvo que empujar al fondo de la portería. De nuevo el Salamanca erraba en este tipo de acciones y otra vez veía cómo su rival le marcaba al poco de conseguir su gol.

Ante la desesperación de la grada los unionistas siguieron sin encontrar alternativas las pocas veces que se hacían con el balón y los envíos frontales se mantenían como única solución ofensiva –en realidad eran simplemente un intento por mantener la bola lejos de su propia área–, que permitía al Tenerife, que buscaba tocando con mayor tranquilidad, acercarse a Bernabé, que de nuevo tuvo que actuar sacando una mano ante Natalio tras un córner.

El descanso no trajo nuevas ideas ni tranquilizó al equipo, aunque fue el Salamanca el primero que pudo adelantarse merced a una acción calcada al primer gol. Esta vez Moratón remató alto. La entrada de Sarmiento le dio algo más de dinamismo al ataque, pero fue un mero espejismo que desapareció con el segundo tanto del Tenerife. Una vez más la Unión se vio golpeada en una acción a balón parado, un córner que no se supo defender. A partir de ese momento la corriente en contra ya se hizo demasiado fuerte. Ni con un jugador más durante veinte minutos ni con jugadores de refresco ni probando con disparos desde diferentes zonas –generalmente muy lejanas–, hubo opción de empatar. A Marcos le anularon un gol por falta y le escamotearon un penalti pero esta vez ya no hubo fuerza ni para protestar.