Colegios y bares, cara y cruz: por qué ha logrado la educación ser intocable mientras la hostelería cierra
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Colegios y bares, cara y cruz: por qué ha logrado la educación ser intocable mientras la hostelería cierra

Bares y colegios pueden ser las dos caras de una misma moneda: la hostelería sufre el cierre con un 2% oficial de casos, mientras la educación se convierte en referente de cumplimiento con un número testimonial de positivos. Las tornas se han invertido: los bares abrieron antes pero ahora los coles son intocables.

El pasado mes de mayo España lograba el protagonismo de los titulares internacionales con su decisión de abrir los bares y dejar cerrados los colegios. El primer estado de alarma y el confinamiento total habían dado como resultado un trato diferente a ambos sectores: abrir la hostelería fue prioritario, pero no fue así con la educación que terminó el curso en casa y se despedía de las aulas hasta este curso 2020/2021. Hoy, las tornas han cambiado por completo, nadie se plantea cerrar los colegios y la educación es esencial, mientras bares y restaurante afrontan dos semanas de cierre. ¿Cómo se explica?

 

Dos meses después de iniciado el curso escolar en Salamanca, los bares y restaurantes están cerrados pese a generar buena parte del empleo y la actividad de la provincia, donde son un puntal económico y también social. Sin embargo, nadie se plantea que los colegios vuelvan a cerrar: de hecho, será lo último que cierre si llega el caso, mientras la hostelería ha sido el primer gran sector cerrado. Y eso que sus datos, aparentemente, no son tan diferentes.

 

El protocolo de este curso obligaba a poner en cuarentena aulas con positivos. El cierre de aulas o grupos es algo aparatoso, pero la realidad es que ha sido minoritario. Nunca ha superado el 1% de las clases operativas en ningún momento del curso. A día de hoy son 13 las cerradas en la provincia. Y los positivos en el ámbito educativo son también muy escasos: 27 en todo el curso en el ámbito educativo. Los colegios no registran contagios, al menos, no son el origen.

 

Del miedo a la responsabilidad

Los datos son extraordinarios, más si tenemos en cuenta el miedo que había al comienzo de curso. "Teníamos mucho miedo al principio sobre cómo controlar a los alumnos, especialmente a los más pequeños, pero toda la comunidad educativa ha dado una gran lección de responsabilidad", explica Noelia Sánchez, del AMPA del Juan Jaén, de la capital. Confirma que la mayoría de niños pequeños llevan mascarilla, aunque no es obligatoria hasta los 6 años (en la entrada de los colegios es fácil corroborarlo) y que "niños y adolescentes están muy concienciados".

 

¿Cómo se ha conseguido que un sistema con 30.000 alumnos no fuera un hervidero de contagios? Una vez más, la implicación de la comunidad educativa, docentes y alumnos, ha sido clave. "Los profesores han hecho labor de desinfección de manos y mesas más allá incluso de lo que les corresponde. Han hecho todo lo que han tenido que hacer aunque no sea su tarea", afirma Sánchez, que tiene la doble condición de madre y profesora.

 

"Sorprende un poco porque son muchas horas metidos en el mismo sitio, pero esto es la educación: es parte de nuestra vida y la nueva realidad se ha integrado en la escuela como en ningún sitio", asegura Sánchez que cree que en los centros está saliendo todo tan bien que "se está enseñando al alumnado a hacerlo bien fuera".

 

No todo es perfecto, claro. Ha habido retrasos en la comunicación de positivos por PCR, que han tardado bastantes días para desesperación de familias, alumnos y centros, pero si se mejora y se dan los resultados con agilidad se evitarán problemas como los que ha habido en colegios de Salamanca. La ventilación, con un protocolo claro y real, será de ayuda, aunque habrá que ver cómo se lleva con los meses de invierno.

 

Los coles, de cerrados a esenciales

El buen resultado que ha conseguido la comunidad educativa ha confirmado el cambio de condición de la educación, que ha pasado de quedar cerrada cuando abrían todas las actividades a ser la única imprescindible: de hecho, la Junta tiene claro que es lo último que cerrará. Es así por la doble función formadora y social que tienen.

 

"Los colegios son intocables porque sin coles no funciona nada", asegura Sánchez que remarca que los centros no solo instruyen a los alumnos, que la educación tiene que ser presencial ("la educación online ni es educación ni es nada") y que cumple una función clave en la conciliación tal y como son los horarios y el mercado laboral. "La conciliación es imposible si tus hijos no van al cole, nos caemos como sociedad", dice.

 

Por qué no en la hostelería

Pero, ¿por qué un sector vital para la economía, con un componente social importante y generador de empleo ha pasado de ser el primero en abrir al primero en cerrar? Eso se pregunta la hostelería en su conjunto, que esgrime un índice bajo de contagios: un 2% de los contagios se producen en establecimientos hosteleros según las estadísticas oficiales, aunque también ocurre que dos terceras partes de los casos no son rastreables. Como los colegios, han cumplido con las medidas de higiene (hay sanciones para los que no lo hagan) y se han sometido a todas las restricciones hasta el cierre.

 

Sin embargo, mientras la educación es referente en cumplimiento la hostelería genera más dudas sobre el control. Lo explicaba el vicepresidente Igea: no se cierran bares y restaurantes porque hayan incumplido medidas sino porque "es ahí donde más gente de distintos grupos se junta". Entra en juego la dificultad para rastrear y trazar los casos, para seguir a los positivos.

 

"Si un niño ha positivo el rastreador lo tiene más fácil para trazar su caso", explica un responsable del AMPA del Juan Jaén. Un positivo de una fiesta masiva puede ser una pesadilla que termine en dispersión incontrolable del virus. Probablemente el problema sea más que de locales, de ocio nocturno incontrolado: fiestas, botellones, aglomeraciones... que suponen cerca de 3.000 multas en Salamanca y por lo que el sector ha pedido una "actuación contundente con las concentraciones producidas en los domicilios privados o reuniones de familiares y amigos".

 

Al final, hostelería y colegios son la cara y la cruz de esta segunda ola. Si en la primera Salamanca abrió antes los bares que las aulas, las tornas han cambiado por completo. La comunidad educativa se ha volcado para que los coles sean seguros, y seguro que los profesionales de barras y comedores también, pero sus circunstancias son muy diferentes. Puede que en el caso de bares y restaurantes hayan pagado justos por pecadores, que sea imposible controlar a dónde va cada uno de los clientes y ahí la educación se ha hecho fuerte: el ejercicio de responsabilidad ha sido de diez.