Colegios, doble fila, velocidad y atropellos: las eternas asignaturas pendientes de Salamanca en seguridad vial

Imágenes de algunos vehículos en doble fila en el Colegio de San José. A. MINGUEZA

El Ayuntamiento de Salamanca no logra atajar los principales problemas de la circulación en la capital, pero tampoco lo intenta: retrasa reiteradamente todos los planes que anuncia.

El caso de los caminos escolares seguros es paradigmático a la hora de entender qué ocurre con la gestión municipal de la seguridad vial. Salamanca podía haber sido pionera en esta medida cuando el centro de estudios que tiene la DGT en la ciudad impulsó la creación de los primeros itinerarios seguros para acceder a los colegios. En noviembre de 2013, se llegaba a un acuerdo para que la Policía Local participara en la elaboración y diseño de caminos escolares seguros en la ciudad con el Centro Superior de Educación Vial de Salamanca. Sin embargo, nada se hizo y hasta ahora el Ayuntamiento ha optado por la permisividad total en lugar de la regulación. Y así ha seguido.

 

A pesar de las constantes promesas y de los acuerdos de pleno, nada se hace. El último data de octubre de 2016, pero ya se ha perdido todo el curso pasado y, probablemente, con este ocurrirá lo mismo. Y lo mismo se puede decir del pacto por la seguridad vial, anunciado hace casi un año y del que nada se ha vuelto a saber. De hecho, incluso el equipo de Gobierno se atreve a echar la culpa a los grupos de la oposición por no haberle hecho llegar propuestas a un plan que el PP anunció como iniciativa propia.

 

Mientras tanto, hay cosas que no mejoran. Son los problemas de siempre de la circulación y la seguridad vial en Salamanca. La doble fila escolar, la falta de itinerarios escolares seguros, la velocidad a la que se circula y los atropellos son las asignaturas pendientes de siempre, a los que se suman la nula inclusión de la bicicleta o el incumplimiento constante del plan de movilidad sostenible.

 

Sobre los atropellos, los datos oficiosos del Ayuntamiento dicen que durante 2017 hubo menos de cien en la capital, cuando la media anual es de 120. Ha habido incluso alguna voz optimista al respecto, cuando lo único positivo sería que no se produjeran. Desgraciadamente, el inicio de 2018, con varios incidentes y el primer muerto por atropello, así lo confirma. Se echa en falta un análisis real de la situación y probar medidas en todas las líneas: desde multas a los peatones que crucen mal (como han hecho otras ciudades) a la mejora de los pasos de cebra, con modelos elevados, más iluminación, barreras que eviten saltar a la calzada por donde no se debe...

 

Parte de la solución debe ser reducir la velocidad de circulación. Ha llamado mucho la atención cómo un Policía Local calibra un radar en el paseo de San Vicente, algo que se ha explicado como una respuesta a las críticas por la alta velocidad de circulación. Este es un punto crítico de la alta velocidad de circulación, pero está generalizada: se puede comprobar en las vías con más carriles y en avenidas donde se ha convertido en un problema de convivencia. Generalizar el límite de 30 km/hora, más guías sonoras y 'guardias tumbados' para reducir la velocidad o los propios pasos de peatones elevados ayudarían. La velocidad de circulación está detrás de muchos accidentes y atropellos.

 

Otro de los problemas que no se ataja es la doble fila escolar. Determinados colegios son una 'verbena' de luces de intermitencia a la hora de dejar y recoger a alumnos. El paseo de Canalejas, una avenida clave en la circulación, es la que más lo sufre. Pero es una práctica generalizada allí donde hay un centro educativo. Casi ninguno cuenta con aparcamientos cercanos que disuadan de llegar con el coche 'a la puerta'. Los itinerarios escolares seguros también contribuirían a erradicar esta práctica.

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